EXTREMODURO – LA LEY INNATA

Crítica

La teoría dice que todas las personas son únicas e irrepetibles. Y es verdad. Pero personas que además de eso también tengan la suerte de ser auténticas, transgresoras e independientes, hay poquísimas. Echando un vistazo al panorama del rock estatal no se me ocurre ningún ejemplo mejor que el de Robe a la hora de reflejar esas tres cualidades. No sólo ha creado un estilo, sino que también ha conseguido que, de forma unánime, diferentes generaciones de seguidores con perfiles antagónicos se hayan puesto de acuerdo a la hora de rendirse ante su indudable talento para conjugar poesía con un sonido absolutamente propio e intransferible.

A día de hoy no hay ninguna banda que haya sido capaz de igualar a Extremoduro. Puede que imitar a Extremoduro y a Robe sea muy fácil. Lo que es verdaderamente difícil es hacerlo sin caer en el ridículo, porque la versión original siempre será aplastantemente superior. Y es que se pueden contar con los dedos de una mano (y sobrarían) los grupos que hoy en día son capaces de recordar (y en momentos muy puntuales) a Extremoduro de una forma digna.

Nunca he sabido definir a Extremoduro. Y ya no hablo de una mera cuestión de etiquetas, sino de encontrar las palabras exactas para definir su esencia. Pero en dos segundos la mayoría de nosotros seríamos capaces de reconocer una canción suya, y eso vale mucho más que cualquier definición. Estamos pues ante una de esas bandas que aparecen cada 30 años y a la que es imposible hacerle sombra a la hora de generar (de una forma maravillosamente misteriosa, ya que salta a la vista que no ha sido premeditado) un efecto tan brutal.

Robe es de esos músicos de los que siempre me he fiado y que me transmiten credibilidad (autenticidad y credibilidad son dos palabras que, en honor a la coherencia, nunca deben ir separadas). El tiempo pasaba y pasaba y Extremoduro no sacaba nuevo disco. Pero yo estaba tranquilo y tenía la certeza de que era una inequívoca señal de que sacaría un buen disco. Para algunos sacar un disco cada tanto tiempo es señal de vivir del cuento. Para mi es una señal de honestidad. Eso de que hay que sacar un disco cada X tiempo me parece una estafa. Siempre defenderé que han de ser las buenas canciones las que dictaminan cuándo un disco empieza a tener sentido, aunque por desgracia hay mucha gente empeñada en darle demasiado importancia al reloj a la hora de decidirlo. Robe se ha descojonado del tiempo y desde mi punto de vista ha acertado.

Además, toda esta dilatada espera ha servido para demostrar que la grandeza del sello Extremoduro es algo indiscutible, puesto que la expectación que ha generado este nuevo trabajo ha sido descomunal, al igual que la respuesta del público en sus exitosos conciertos. Y me temo que seguirá siendo así en un futuro, por más que la inspiración se vuelva a ponerchula y remolona.

Centrándonos ya en lo que es el disco en sí, debo decir que si bien es un trabajo que suena muy a Extremoduro, tal vez no es tan fácil de digerir de buenas a primeras como sus tres antecesores. Supongo que este hecho habrá sido el detonante para que, como siempre pasa en estos casos, se infravalore el resultado final. Nunca me cansaré de decir que muchos de los discos a priori difíciles, son los que acaban haciendo historia. Pero también tienen que pagar un peaje injusto: la indiferencia de los impacientes. Sea como sea, estoy completamente seguro de que La Ley Innata es un excelente disco, pese a ese planteamiento tan poco accesible para esos oyentes con prisas que se desesperan cuando ha transcurrido un minuto de canción y todavía no han encontrado un estribillo pegadizo.

Es un disco muy bien pensado, elaborado y trabajado en el que, a mi juicio, está todo muy bien atado (aunque el título del primer corte diga lo contrario). Se nota que Robe e Iñaki se han estrujado el cerebro a la hora de construir este disco, cuyos cimientos (reflejados, tal vez, en esa preciosa frase repetida que ejerce de columna vertebral) argumentan una vez más que estamos ante dos músicos que ejercen tanto de arquitectos como de albañiles con una solvencia apabullante.

A lo largo de las primeras cinco pistas nos encontramos con las diferentes caras de Robe. Por un lado nos enseña su lado más sosegado, con Dulce introducción al caos y La realidad (mi favorita), pero sin renunciar a ese lado más salvaje del que hace gala en temas como Lo de dentro. También nos encontramos con un Robe que decide instalarse en un interesante término medio, como por ejemplo en El sueño y Lo de fuera

No obstante, esta clasificación que acabo de hacer es muy esquemática y superficial, y no hay que interpretarla de forma inflexible, ya que precisamente lo que más me atrae de dichas composiciones es que en ellas se mezclan todos esos rasgos de una forma lo suficientemente inteligente como para que encaje de maravilla sin que los contrastes resulten incómodos o forzados. Pero no todo termina ahí, ya que además, para finiquitar este interesante viaje, Robe decide innovar y sorprendernos con Coda flamenca, un tema que, si bien no es mi preferido, demuestra de forma fehaciente que este artista siempre hace lo que le da la gana sin importarle el qué dirán.

En cuanto a producción y a matices musicales, tal y como era de esperar, el disco es una auténtica joya. Sería una aberración (y una utopía) concebir a Extremoduro sin Robe, pero también sería un despropósito hacerlo sin resaltar lo imprescindible que es Uoho. Ambos se complementan a la perfección y forman un equipo envidiable e inseparable: las letras de Robe son parte de la música e Iñaki a las seis cuerdas consigue que éstas también se pongan el mono de poeta.

Evidentemente el aspecto letrístico no podía quedar sin mención. Una vez más Robe está a la altura de las circunstancias en el que es su hábitat natural. Es triste que todavía haya gente que no se de cuenta de la calidad poética de sus letras. Es una pena que a día de hoy todavía haya tanta gente empeñada en dejar en un segundo plano el talento y se dedique a darle importancia a aspectos extra-musicales en lugar de centrarse en una tarea mucho más saludable, inteligente y enriquecedora: encontrar la belleza y la sensibilidad que hay en cada rincón de la obra de este genio irrepetible.

Y es que pasará muchísimo tiempo hasta que salga otro artista que sea capaz de conseguir que la palabra puta suene romántica y que las menciones a las flores no suenen cursis. Ese es Robe, el que consigue que suene bonito lo que en boca de otros sería sinónimo de vulgaridad. El que convierte la mierda en oro. Y el que además demuestra que las masas también tienen buen gusto y criterio de vez en cuando.

TRACKLIST:

01- Dulce Introducción Al Caos
02- Primer Movimiento: El Sueño
03- Segundo Movimiento: Lo de Fuera
04- Tercer Movimiento: Lo de Dentro
05- Cuarto Movimiento: La Realidad
06- Coda Flamenca (Otra Realidad)

Puntuación: 9

Autor: Joaquín Maidagan

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