KING KOBRA – II

Crítica

KING KOBRA se ha unido a la moda de resucitar formaciones un tanto olvidadas de los años 80. Salieron al mismo tiempo que otros grupos exitosos como WHITE LION, CINDERELLA, RATT y gente por el estilo. Esto es, unas agrupaciones que se querían distintas entre sí pero que respondían todas más o menos a un estereotipo prefijado por las casas discográficas: un híbrido de sleazy, hair metal, glam de pasarela, heavy domesticado y música melódica con solos matadores pero al tiempo elegantes (y un tanto inofensivos). Puede que con esta frase se puedan definir montones de bandas de los ochenta: VALIAS, SURVIVOR, BATO ROUGE, DIVIN’ FOR PEARLS, NUCLEAR VALDEZ, IDLE CURE… La lista no acabaría nunca.

A pesar de estar metidos en la moda de lo melódico imperante en los ochenta y de contar en sus filas con un poderoso batería como era (y es) Carmine Appice, KING KOBRA nunca alcanzaron ese éxito que disfrutaban otras bandas de su entorno. Su primer disco era un respetuoso compendio de hard melódico que no convenció a muchos; en su segundo trabajo escoraron demasiado por un soft AOR que iba pasando de moda sin que ellos se dieran cuenta; para su tercer plástico, la batalla estaba perdida por el cambio de modas. A principios del nuevo siglo hicieron un tímido intento de volver, sin mayores consecuencias.

Luego, por fin, hace un par de años, la formación original casi al completo grabó un disco competente que por fin los volvía a situar en el mapa. El problema era que se les había ido el cantante original: Mark Free, hoy convertido en la señora Marcie Free, al parecer empleada de banca (una larga historia, la verdad). ¿Quién iba a sustituir a tan fino vocalista sin desdoro del alto nivel de KING KOBRA?

El papel de salvador de la banda recayó en un veterano, el señor Paul Shortino, quien ya había hecho las labores de vigilante de la playa (sin demasiado éxito, todo hay que decirlo) en los crepusculares QUIET RIOT de finales de los 80. El resultado en su disco de retorno de hace un par de años sorprendió a más de uno, que, no nos engañemos ahora, no esperábamos que KING KOBRA tuvieran algo que decir a estas alturas.

Y miren por dónde, lo que más o menos convenció entonces ahora parece remachado por un disco, un segunda parte por decirlo así, que instaura a KING KOBRA como un grupo de hard rock, digamos, maduro. Nada o casi nada queda de los efectos AOR de su época ochentera, en su lugar se han grabado unos temas con raíz más de los setenta, como queda demostrado en “Knock’em dead”, sin ir más lejos, una canción que en el aspecto de guitarras y base rítmica parece extraída de aquellos UFO de Michael Schenker; las sorpresas continúan con “Have a good time”, un tema frívolo que nos traslada a aquel proto AOR de FOREIGNER o SURVIVOR en sus inicios; en “Little ballad of Johnny Rood”, el riff de guitarra nos recuerda, nada menos, a ZZ TOP, y la batería de Carmine Appice crea una atmósfera que casi nos lleva a los gloriosos inicios de los años 70; en “Take me back” volvemos a encontrar la raíz USA, en forma de un balada que bien podrían haber firmado MR. BIG hace más de veinte años; “When the hammer comes down” nos trae el recuerdo de otra megabanda de finales de los ochenta: BLUE MURDER, el grupo donde también militó Carmine Appice después de disolver KING KOBRA.

En definitiva, lo que tenemos es un disco mejor de lo que se esperaba de ellos. Yo, el primero, he de admitir que nada o muy poco aguardaba de estos KING KOBRA en su versión el siglo XXI. Carmine Appice no suele hacer el ridículo: juntó a sus viejos camaradas, los puso en forma, llamó a Paul Shortino, y entre todos han creado este redondo para los amantes del hard melódico e incluso del hard clásico de toda la vida.

Quedan ustedes avisados.

 

TRACKLIST:

 1. Hell on Wheels
2. Knock ‘Em Dead
3. Have a Good Time
4. The Ballad of Johnny Rod
5. Take Me Back
6. When the Hammer Comes Down
7. Running Wild
8. The Crunch
9. Got it Comin’
10. Deep River
11. Don’t Keep Me Waiting
12. We Go Round

 

KING KOBRA son:

Paul Shortino – Voz
David Michael-Phillips – Guitarra
Mick Sweda – Guitarra
Johnny Rod – Bajo
Carmine Appice – Batería

 

Puntuación: 8/10
Discográfica: Frontiers Records
Autor: Emilio Morote Esquivel

 

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