SIDECARS – SIDECARS

Crítica

Creo que desde que escuché el primer disco de Buenas Noches Rose, no me sorprendía e impactaba tanto un disco debut. Y es que el bautismo discográfico de estos chavales suena realmente contundente y esperanzador. Canciones directas, explícitas, breves e inteligentemente minimalistas. Canciones tremendamente pegadizas que en ningún momento renuncian a la calidad y que no se van por la tangente, que saben lo que que quieren y cómo lo quieren. Estamos ante un disco de rock sin complejos, donde cuatro acordes arropados puntualmente por efectivas mandolinas y hammonds conquistan y atrapan al oyente de una forma muy solvente. Es cierto, se puede hacer buena música sin actitud. Pero si además de tener canciones notables y convincentes, tu actitud es insultantemente buena y tu productor (Miguel Leiva) es uno de los rockeros más talentosos de este país, el resultado final es excelente. En este disco nos encontramos con composiciones sencillas (qué grave error cometen las personas que utilizan esa palabra para intentar ofender) perfectamente elaboradas y ejecutadas con un desparpajo que nos deja claro que estamos ante algo grande. Y más si tenemos en cuenta que estamos hablando, insisto, de un primer disco.

Sidecars es mucho más que un clon de otro grupo, por más que haya gente que, basándose tan sólo en el timbre de voz de su cantante, se empeñe en etiquetar de una forma tan frívola este disco y en pasarse por el forro todo el trabajo y la personalidad que hay detrás de estos once temas y de esta historia. Temas en los que conviven perfectamente lo canalla y lo sensible, la euforia sexual y la lágrima, lo explícito y la metáfora apta para todos los públicos, la entrepierna y el corazón (o la tripa). Siempre me hizo gracia esa gente que dice que una letra, por el mero hecho de ser explícita, cotidiana o terrenal, deja de ser buena. Cualquier letra que consiga conmover o que haga que nos sintamos identificados se merece un aplauso. A veces lo excesivamente retorcido no consigue emocionar, mientras que lo más sencillo resulta tremendamente cercano y nos cala de lleno, porque nos resulta creíble. En ese sentido, las letras de este disco tienen la ventaja de que siguen una coherencia: cada canción pide una letra determinada y Sidecars han acertado de lleno a la hora de conjugar ambos factores, hasta el punto de que no me imagino las canciones de este disco con otro tipo de letras.

Desde el punto de vista instrumental y a grandes rasgos, nos encontramos con tres tipos de canciones: los singles que entran a la primera («El jugador», «Tipo elegante» o «Muy bien»), los temas que te enamoran poco a poco y que mejoran con cada escucha («Caras largas» o «Mundo frágil», la cual durante los primeros segundos me recuerda al maravilloso Lou Reed en «Take a walk on the wild side» ) y las canciones gamberras y afiladas («Caradura», «Chica fácil» o «Ya no tengo problemas», cuya primera versión me convencía más con aquella estrofa final más alargada, pero que aún así es, a mi juicio, uno de los puntos más altos del disco). Este trabajo es el mejor ejemplo para reinvindicar que por hacer un rock más «ligero» no se tiene menos credibilidad. Es una pena que estemos en un país donde el respeto y la tolerancia musical brillan por su ausencia. Si este grupo no se come el mundo, significará que estamos ante la prueba definitiva de que la cultura musical de este país está muy jodida. Porque estos chicos tienen todo lo necesario para ser unos pesos pesados del rock en castellano. Porque son buenos. Muy buenos.

Puntuación: 8,75

Autor: Joaquín Maidagan

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