Crítica
El pasado 11 de diciembre de 2024, la escena musical recibió “Sizigia – I”, el EP debut de la banda cordobesa SIZIGIA. Este trabajo se presenta como una obra conceptual introspectiva, cruda y profundamente emocional que, a lo largo de sus algo más de 18 minutos de duración, sumerge al oyente en un viaje lírico y sonoro a través de los rincones más oscuros de la psique humana, explorando la alienación, la rabia, la pérdida de la identidad y la aceptación de la mortalidad. Con letras escritas por Mario Osuna y música compuesta por la propia banda, formada por Mario Osuna (voz y guitarra), Sergio Fernández (guitarra), Curro Castro (bajo y sintetizador), Edy Contreras (batería) y Marcos Vicente (teclados y voz), el disco fue producido, grabado y mezclado por Sergio Sánchez de HURONERA PRODUCCIONES, mientras que la identidad visual y las ilustraciones que acompañan este imaginario sombrío corrieron a cargo de Marina García Gámiz.

Tras charlar con ellos en una entrevista ya publicada en esta web de cara a su próxima cita en el A PICO Y PALA FEST de Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), quedaba una tarea pendiente: sumergirse en sus canciones para entender de inmediato por qué su nombre empieza a sonar con tanto peso en el circuito underground. La escucha no ha podido ser más reconfortante. Este trabajo de la agrupación no busca ser una audición ligera, sino una catarsis musical que abraza la melancolía y la frustración con una honestidad brutal, destacando por su capacidad para crear imágenes poéticas ideales para los amantes de los géneros musicales más oscuros. La propuesta se percibe compacta, madura y con una dirección artística clarísima que equilibra el peso de la distorsión con pasajes de pura fragilidad emocional.
El viaje conceptual comienza con “Hacia Lo Desconocido”, que funciona como un umbral minimalista y desolador donde la instrumentación se subordina por completo a una lírica desamparada; el disco arranca aquí con una atmósfera de vacío existencial y soledad absoluta, marcando una pauta sombría donde la tristeza parece no tener ventanas ni salidas viables. Las notas se estiran en el tiempo simulando una quietud incómoda, una calma antes de la tormenta que sitúa al oyente en un espacio de vulnerabilidad total. El acierto de esta pieza radica en su capacidad de construir un vacío poético que atrapa de inmediato al oyente, aunque como pieza independiente puede carecer del dinamismo necesario para sostenerse fuera del contexto del álbum, funcionando más bien como un prólogo necesario.

A medida que avanza, la obra introduce el contraste más violento del disco con “Rabia”, una composición que transita hacia un clímax de furia explícita y distorsión interna donde la lírica adopta un tono mucho más visceral y desesperado. La batería y las guitarras rompen la calma previa con una agresividad que golpea directamente en el pecho. El dolor físico y emocional actúa como un detonante del desprecio propio, y la palabra «rabia» se convierte en un leitmotiv constante que consume al narrador, arrastrándolo hacia una inevitable demencia y una fuerte sensación de acorralamiento ante el fracaso y ante una voz interna de la que es imposible huir. Críticamente, esta canción destaca por su fuerza y por un uso efectivo de la repetición que simula un estado cíclico y claustrofóbico, si bien la insistencia casi obsesiva en ciertos estribillos corre el riesgo de saturar la estructura musical y volverla algo predecible en su tramo final.
El núcleo conceptual y punto cumbre de la obra llega con “Bajo el cálido Sol”, una pieza que logra un equilibrio notable entre la pesadez de su atmósfera y una melancolía trágica que cuestiona la mortalidad y el olvido. Los sintetizadores añaden una capa de textura que engrandece la sección rítmica, creando un muro de sonido desolador pero extrañamente bello. Este es uno de los momentos más desgarradores del álbum, ya que aborda de forma directa el fin de la vida a través de una contraposición poética que habla de pasar de estar «encerrado bajo el cálido sol» a solo ser un «libre muerto bajo la tierra», mostrando una resignación absoluta donde ya no se le teme a la muerte, sino al hecho de morir olvidado y desvanecerse en la nada. Musicalmente es la pista más sólida gracias a su poderoso peso dramático, convirtiéndose en el momento más memorable y redondo de todo el EP.

Para poner el punto final, “Eterna Discordia” cierra el trabajo explorando la despersonalización a través de la metáfora de un espejo golpeado y repartido en fragmentos cuyo reflejo resulta desconocido. Este cierre destaca por su propuesta de deconstrucción identitaria, utilizando pasajes instrumentalmente fragmentados y un ritmo pausado que simula la caída de ese espejo roto, donde cada nota parece un trozo de cristal cayendo al suelo. A pesar de que su ritmo denso puede percibirse como un desenlace lánguido que exige un esfuerzo extra de atención por parte del oyente, el tema rescata su valor artístico al concluir con preguntas existenciales sobre cómo remediar el daño o hacia dónde huir, dejando una línea final de persistencia obstinada que afirma que «volverá a intentarlo aunque se siga equivocando», otorgando así un cierre coherente, honesto y crudo a la totalidad de la obra, demostrando que SIZIGIA ha llegado para dejar una huella profunda en el panorama actual.
Debes tener unas miras demasiado abiertas para escuchar este disco, pues no es algo que entre fácilmente a una primera escucha. Estás cuatro canciones del EP exigen del oyente una predisposición al asombro y, sobre todo, una valentía inusual para mirarse en los espejos incómodos que SIZIGIA decide romper ante nosotros. No estamos ante un producto de consumo rápido diseñado para el algoritmo, sino ante un artefacto sonoro cocinado a fuego lento en los márgenes de la autogestión.
Miembros:
- Mario Osuna: Voz y guitarra
- Sergio Fernández: Guitarra
- Curro Castro: Bajo y sintetizador
- Edy Contreras: Batería
- Marcos Vicente: Teclados y voz
Listado de temas:
- Hacia lo desconocido
- Rabia
- Bajo el cálido sol
- Eterna discordia


