Hubo un tiempo, después del gran impulso que el Power Metal vivió entre finales de los noventa y comienzos del nuevo siglo, en el que declararse seguidor del género parecía exigir cierta resistencia frente a la condescendencia ajena. La saturación, la repetición de fórmulas y el cambio de tendencias convirtieron sus melodías heroicas, sus coros luminosos y su gusto por la grandilocuencia en un blanco sencillo, tildándolo de infantil o de poco valor musical.
El estilo, sin embargo, nunca dejó de evolucionar. Nuevas bandas aprendieron a manejar sus códigos con mayor libertad, incorporando producciones contemporáneas, guitarras más pesadas, una ejecución cada vez más precisa y una teatralidad llevada hasta sus últimas consecuencias. El concierto celebrado el 18 de octubre en Madrid reunía tres formas diferentes de participar en esa renovación: la pegada moderna de ARION, la precisión melódica de MAJESTICA y la celebración desbordante de GLORYHAMMER. Tres maneras de defender una misma música y toda una noche para levantar la copa.

La puntualidad dejó poco margen para acomodarse. Tras una introducción de carácter épico, ARION irrumpieron con riffs pesados, melodías inmediatas y una producción de corte contemporáneo. Iivo Kaipainen sostuvo buena parte de ese músculo desde la guitarra, mientras los teclados de Arttu Vauhkonen aportaban amplitud sobre la base construida por Georgi Velinov y Topias Kupiainen. Al frente, Lassi Vääränen asumió el protagonismo con una interpretación vocal firme y una presencia eminentemente física, buscando constantemente el borde del escenario y el contacto con las primeras filas.
“Into the Fire” entró como un cañonazo y marcó el rumbo de una actuación que apenas concedería descanso. Su combinación de potencia, melodía y épica sonó compacta y suficientemente pegadiza para provocar una respuesta inmediata en una sala que todavía estaba entrando en calor. “Bloodline” mantuvo la tensión, confirmando que el carácter moderno de ARION no diluye las raíces del Power Metal, sino que las lleva a un aspecto más potente.

La comunión terminó de hacerse visible alrededor de “Burning in the Skies”. El público acompañó la intensidad del tema y celebró que Lassi Vääränen se desprendiera de la camiseta, un gesto acorde con la temperatura alcanzada sobre el escenario. Puños en alto, brazos abiertos y músicos volcados sobre las primeras filas reforzaban la sensación de que la banda estaba consiguiendo mucho más que cumplir con la complicada función de abrir la velada.
“Wings of Twilight” introdujo una pausa relativa, concediendo mayor espacio a la melodía antes de que “At the Break of Dawn” recuperara la participación colectiva en sus coros. Fue un cierre perfecto para una actuación breve y directa: ARION habían mostrado la cara más moderna, pesada y accesible del cartel, dejando al público suficientemente encendido para todo lo que todavía estaba por llegar.
MAJESTICA recogieron aquella energía y la llevaron a un terreno más clásico. Después de la introducción, “Power Train” puso en marcha una actuación en la que todo parecía medido, desde la firmeza de Joel Kollberg tras la batería hasta la manera en que Chris David y Petter Hjerpe ensanchaban el sonido a ambos lados del escenario. En el centro, la guitarra amarilla de Tommy Johansson se convirtió en la principal referencia visual.
“Go Higher” encontró una respuesta especialmente sonora en sus coros, mientras Tommy Johansson alternaba voz y guitarra con una naturalidad que hacía fluir la complejidad de la ejecución. “Thunder Power” mantuvo ese equilibrio antes de que “Rising Tide” llevara el concierto hasta uno de sus momentos más celebrados. Durante unos minutos, aquello fue Power Metal en su expresión más reconocible: luminoso, veloz y orgulloso de sus propias formas.

Tras “No Pain, No Gain”, el nombre de MAJESTICA comenzó a ser coreado desde las primeras filas. A esas alturas, la banda ya había establecido una relación mucho más cercana de lo que su ejecución casi milimétrica podría sugerir. Chris David alternó sus coros con constantes gestos hacia el público, llegó a levantar el bajo sobre su cabeza y reclamó todavía más ruido llevándose una mano a la oreja, cerveza mediante. Petter Hjerpe también abandonó cualquier papel secundario para compartir el frente del escenario y dar cuerpo a unas guitarras que sonaron siempre limpias y bien definidas.
El momento de las presentaciones y la aparición de una bandera española terminaron de sellar aquella complicidad. El virtuosismo estaba puesto al servicio de las canciones y de su capacidad para involucrar a la sala, algo que volvió a quedar patente con “A New Beginning”, encargada de abrir el último tramo del show.
“Above the Sky” y “Metal United” ofrecieron la culminación natural. La primera fue recibida como uno de los grandes himnos de la banda, mientras la segunda convirtió su defensa del Heavy Metal en una celebración compartida. Guitarras al frente, puños levantados y una sala cantando unida cerraron la interpretación más pulcra y técnicamente sólida de la noche.

La música de Tom Jones no suele anunciar la llegada de guerreros intergalácticos, hechiceros y unicornios, pero pocas bandas entienden la solemnidad como GLORYHAMMER. Los acordes de “Delilah” sirvieron como antesala desconcertante antes de que “Ultra Portam Astralem” abriera las puertas de su universo. Estandartes, símbolos, imágenes cósmicas, humo y una iluminación cambiante envolvieron a unos personajes que interpretaban su ficción con absoluta entrega.
“Ultimate Sacrifice” inició la ofensiva a gran velocidad y “The Land of Unicorns” encontró una recepción todavía mayor. Sozos Michael, encarnando a Angus McFife, apareció con el inevitable martillo (una imagen a la postre algo repetitiva) y buscó desde el principio el contacto con las primeras filas. A su alrededor, Paul Templing asumía el papel de Ser Proletius, James Cartwright daba vida al Hootsman, Ben Turk sostenía la descarga desde la batería y la figura enmascarada de Zargothrax completaba una foto en la que concierto y representación resultaban inseparables.

“Die With a Sword in My Hand” confirmó el buen momento vocal de Sozos Michael, capaz de mantener la exigencia de las melodías sin perder cercanía ni movimiento. “Angus McFife” recuperó después uno de los primeros himnos de la banda, coreado desde sus compases iniciales, mientras “Silver Talon” enlazó aquel pasado con el presente creativo del grupo.
El intermedio de “2001 Sunrise” preparó uno de los momentos más celebrados. “The Hollywood Hootsman” dio brillo al personaje del que habla y “Gloryhammer” devolvió el martillo y los grandes coros al centro de una fiesta en la que el público estaba dispuesto a jugar a aceptar el viaje hacia los mundos imaginarios de GLORYHAMMER.
La agitación creció con “Starfighters of Leuchars”, “Fly Away” y “Warriors of Auchtermuchty”. El centro de la sala se convirtió en un pogo permanente en el que llegó a distinguirse algún unicornio de cuerpo entero, convertido casi en una prolongación natural de lo que sucedía sobre las tablas. “The Siege of Dunkeld (In Hoots We Trust)” añadió una mayor contundencia antes de que la introducción de saxofón y el pulso discotequero de “Demonic Devotion” introdujeran un contraste tan improbable como efectivo, con Sozos Michael destacando de nuevo al frente.

A partir de ahí, GLORYHAMMER encadenaron “Rise of the Chaos Wizards”, “Keeper of the Celestial Flame of Abernethy” y “Universe on Fire” antes de alcanzar el desenlace con “Hootsforce” y “The Unicorn Invasion of Dundee”. La banda terminó reunida en el frente del escenario mientras “The National Anthem of Unst” acompañaba la despedida: Angus McFife con el martillo, el Hootsman coronado, Zargothrax oculto tras su máscara y una sala completamente entregada a una actuación que había unido música, comedia, relato fantástico y espectáculo en una auténtica fiesta de Power Metal.
La contundencia contemporánea de ARION, la precisión luminosa de MAJESTICA y el universo desbordante de GLORYHAMMER mostraron tres maneras de entender un género que continúa avanzando sin desprenderse de su identidad. Madrid respondió cantando, levantando los puños, entrando en el pogo y participando en el juego de héroes, villanos, martillos y unicornios hasta convertir la noche en algo más que la suma de tres conciertos: una celebración compartida y un brindis orgulloso por el presente del estilo… ¡A la salud del Power Metal!
Autor: Dany Velasco
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