
Hay una ironía bastante grande alrededor de Lick It Up. Pocos discos de KISS son tan importantes para entender la historia de la banda y, al mismo tiempo, tan difíciles de defender cuando se dejan a un lado las circunstancias que lo rodearon. Porque Lick It Up cambió KISS para siempre, pero no necesariamente porque contuviera una colección de canciones extraordinaria. Su verdadera revolución ocurrió fuera de los surcos.
El 23 de septiembre de 1983, KISS apareció en MTV sin maquillaje. Era la primera vez que el público veía a Paul Stanley, Gene Simmons, Eric Carr y Vinnie Vincent como hombres y no como los personajes que habían construido durante una década. Cinco días después llegaría Lick It Up, un álbum que pretendía demostrar que detrás de la pintura, las plataformas y el espectáculo había una banda capaz de sobrevivir por sí misma.
La jugada era arriesgada. KISS atravesaba uno de los momentos más delicados de su carrera. Unmasked y Music from “The Elder” habían dejado a la banda lejos de sus mejores días y Creatures of the Night, pese a recuperar una considerable contundencia, tampoco había conseguido devolverla a la cima. Así que había que cambiar algo. Y KISS hizo lo que mejor sabía hacer: convertir la crisis en espectáculo.
Esta vez, sin embargo, el espectáculo consistía en renunciar al espectáculo.
Musicalmente, Lick It Up parte de la agresividad de Creatures of the Night. Las guitarras ganan protagonismo y Vinnie Vincent, que ya había participado en el álbum anterior, pasa aquí a ocupar oficialmente el puesto de guitarrista principal. Su aportación es fundamental: coescribe ocho de las diez canciones y dota al disco de un filo más cercano al hard rock y al heavy metal que al KISS de los años setenta.
El problema es que esa renovación no siempre se traduce en buenas canciones.
El arranque es prometedor. Exciter entra con fuerza y presenta a un KISS más duro, mientras Not for the Innocent ofrece uno de los momentos más oscuros del álbum. Y después llega Lick It Up, una canción sencilla, pegadiza y descaradamente comercial que terminaría convirtiéndose en el gran legado musical del disco. No fue, de hecho, un éxito monumental en Estados Unidos —solo alcanzó el puesto 66 del Billboard Hot 100—, aunque funcionó bastante mejor en otros mercados.
A partir de ahí, el álbum entra en terreno más irregular.
Young and Wasted posee actitud, Fits Like a Glove contiene uno de los riffs más agresivos de la colección y Dance All Over Your Face tiene ese punto de rock festivo que KISS sabía manejar tan bien. And on the 8th Day, por su parte, deja una sensación de mayor ambición. Pero demasiadas canciones parecen existir simplemente porque había que completar el álbum.
Es aquí donde Lick It Up pierde la batalla cuando se compara con los grandes discos de la banda. Las canciones no son necesariamente malas; muchas son, sencillamente, poco memorables. El oyente puede reconocer el sonido, apreciar el trabajo de Vincent o disfrutar de la pegada de Eric Carr y, sin embargo, terminar el disco sin que demasiados estribillos hayan quedado instalados en la cabeza.
Incluso All Hell’s Breakin’ Loose, concebida como segundo sencillo y acompañada de otro videoclip deliberadamente extravagante, representa bien las virtudes y defectos del álbum. Tiene energía, tiene personalidad y contiene el curioso intento de Paul Stanley de incorporar un fraseo casi rapero, pero también transmite esa sensación tan ochentera de una banda probando recursos porque estaban ahí.
Y quizá esa sea la palabra que mejor define Lick It Up: transición.
KISS estaba intentando averiguar quién era sin maquillaje. También estaba intentando averiguar quién era sin Ace Frehley. Vinnie Vincent aportaba ideas, riffs y una forma de tocar más técnica, pero su relación con Stanley y Simmons acabaría deteriorándose rápidamente. Los problemas contractuales y las crecientes tensiones durante la gira terminarían provocando su salida definitiva en 1984.
Paradójicamente, mientras el disco no terminaba de convencer como obra, sí consiguió cumplir su misión comercial. Alcanzó el número 24 en Estados Unidos, permaneció varias semanas en las listas y recibió el disco de oro de la RIAA en diciembre de 1983. Siete años después, en diciembre de 1990, obtuvo la certificación de platino.
Eso explica por qué Lick It Up merece respeto incluso si uno no siente especial entusiasmo al escucharlo.
Porque el verdadero éxito del álbum no está necesariamente en Exciter, Gimme More o A Million to One. Está en haber demostrado que KISS podía quitarse el maquillaje y seguir siendo KISS. La imagen que había definido al grupo durante años dejó de ser una necesidad y pasó a convertirse en una elección. Cuando regresara años después, ya no sería porque la banda no pudiera existir sin ella, sino porque podía permitirse recuperarla.
Y ahí está la paradoja definitiva: Lick It Up quizá no sea uno de los grandes álbumes de KISS, pero sí es uno de los más importantes.
Es un disco que hizo historia más por lo que ocurrió alrededor de sus canciones que por las canciones mismas. Un álbum de transición, irregular y por momentos olvidable, pero también el punto exacto en el que una banda que parecía atrapada en su propio pasado consiguió abrir una puerta hacia los años ochenta.
KISS se quitó el maquillaje aquella noche de septiembre de 1983.
Lo que descubrió debajo no fue necesariamente una obra maestra.
Pero sí encontró una forma de seguir adelante.

Listado de temas:
- Exciter
- Not for the Innocent
- Lick It Up
- Young and Wasted
- Gimme More
- All Hell’s Breakin’ Loose
- A Million to One
- Fits Like a Glove
- Dance All Over
Line Up:
Paul Stanley – vocals, rhythm guitar, producer, bass on «Gimme More»[16]
Gene Simmons – vocals, bass, producer
Eric Carr – drums, percussion, backing vocals
Vinnie Vincent – lead guitar, backing vocals
