Crónica del Azkena Rock Festival 2024
VITORIA & ROCK AND ROLL… No se puede pedir más
Siempre lo digo, pero a fuer de ser pesado, lo repito: Vitoria es una ciudad bonita, acogedora, con excelentes lugares donde dar rienda suelta al placer culinario, verde como ella sola; una ciudad que, cuando llega la gente del rock and roll, adquiere una calidez especial. Son ya años asistiendo, y cuando veo a lo lejos la plaza de la Virgen Blanca y pienso “ya estoy de nuevo aquí”, no puedo evitar que un sentimiento de alegría me ponga una imperceptible sonrisa en la cara, que me guardo como un momento especial de cada Azkena; el primero.
Y este año, casi a última hora, cogí una mochila, preparé apenas lo esencial, me olvidé del frío, de la lluvia, de las temperaturas cambiantes de la ciudad, cogí un avión… y lo que iba a ser un “no puedo ir”, se convirtió en un “ya estoy aquí” que tengo que agradecer a la familia.
Nada más bajar del autobús que nos lleva al “hotel nuestro de todos los años”, ¡zas!, la lluvia habitual vitoriana… y yo con mi camiseta de una marca de cerveza negra irlandesa, ejem, y mis bermudas vaqueras. Excusa maravillosa para entrar al recinto y comprar la sudadera del festival como protección, que ya son unos cuantos Azkenas y hace falta uniforme…
Los escenarios este año, con sus nombres invariables y por orden de importancia (God, Respect, Love) mostraban las caras caricaturizadas de músicos importantes para el Azkena el primero, logos de bandas que han pasado por el festival el segundo; y frases del “Foro Azkena” que andaba de cumpleaños el tercero, algunas tan buenas y recurrentes como “Este año, Neil Young”…´😊
Por otro lado, el Trashville, el Ring of Fire, los coches de choque o el interesante bar Tivoli son complementos ya históricos del Azkena Rock Festival, aunque las colas para el primero y, sobre todo, el ya famoso e insoportable calor del recinto cerrado, creo que deberían hacer a la organización replantearse su formato. Tal vez lo veamos en futuras ediciones.
La asistencia la cifra la organización en más de 50.000 personas. Lo de siempre: yo entré tres días, pero soy uno, no tres. Si yo hago una fiesta de fin de semana en casa, y el viernes vienen 10 personas, y el sábado y el domingo las mismas 10 personas, me ponga como me ponga, a mi fiesta no han venido 30 personas. Eso sí: hubo un gentío brutal, y mola que así sea.
JUEVES 20
Lamentablemente, por horario “aéreo”, no pudimos llegar a los bolos de TXOPET ni de BRIGADE LOCO, que suspendieron el pasado año por la lluvia y este año les ha acompañado también. Las bandas locales abrieron el melón del rock, pero nos cuentan que el sonido no estuvo a la altura. Eso sí: derrocharon ganas de comerse el escenario y dieron una buena dosis de caña burra para comenzar.
En el escenario, WHISPERING SONS es una banda que se crece respecto de sus discos. Con un último trabajo depresivo, pero interesante, los belgas descargaron post-punk, rock gótico, darkwave e industrial, con el jarreo inmisericorde y la oscuridad del día ayudando a componer un concierto algo macabro y solo para incondicionales.

TY SEGALL no cabe duda de que es un buen músico: sus discos llenos de psicodelia y valiosos temas le avalan, aunque el último no es de mi gusto. Dicho esto, lo cierto es que la propuesta para este festival, no sé si por el setlist o por esos momentos vacíos de guitarra y voz, no fue la más acertada en mi muy modesta opinión. Hay quien alucinaría con él, pero, para mí, pasó sin pena ni gloria.

TARQUE comenzó a repartir leña con Carlos Raya y esa banda que le ha hecho sonar como nunca. Y, por cierto, gran sorpresa el sonido del bolo, limpio y claro, sin dejar de ser potente, como marcaban los músicos. Un concierto tal vez deslucido en cuanto a personal por las inclemencias, pero el en que Carlos Tarque y los suyos repasaron temas de su último disco que llevan de gira ya un buen tiempo por muchos lugares de España. Creo que fue un buen comienzo para entrar en calor, que la humedad se nos metía en los huesos y necesitábamos algo de calidez, si quiera sea saltando al ritmo del que volvió para vernos arder.

El cabeza del día era JANE’S ADDICTION, que, personalmente, nunca me han dicho mucho, pero en el Azkena hay que ser una esponja de rock porque, las más de las veces, te llevas sorpresas. Y vaya si me la llevé: vi a una banda completamente engrasada, como se suele decir, con una base rítmica sólida como un muro, con Eric Avery al bajo y Stephen Perkins a la batería; con un Dave Navarro en estado de gracia y con un Perry Farrell, “el padrino de la música alternativa”, que, con muchas carencias, salvó el tipo perfectamente a base de buen hacer y de efectos, claro. Pero, en general, un muy buen concierto, plenamente disfrutable por quien sea fan irredento de la banda… y hasta por quien no lo es, como es mi caso. Fueron cayendo “Ain’t No Right”, “Up The Beach”,“Ted, Just Admit It…”, “Jane Says”, “Mountain Song”, “Then She Did” y como bises, “Been Caught Stealing” y la percusiva “Chip Away”. No voy a decir que me he enganchado a Juanita, pero lo bien hecho se reconoce, y punto.
Finalizando, tuvimos en el escenario RESPECT a los suecos BONAFIDE que, capitaneados por Pontus Snibb, nos ofrecieron un concierto sin nada especial a reseñar. Rock and roll sin ambages, sin tonterías, sin demasiada preocupación por el sonido (que no fue malo del todo), pero con poco nivel y nula elegancia; con temas coreables, pero sin pasar de ser un concierto de escenario Mark Reale en el Leyendas del Rock.
VIERNES 21
Ya con los tres escenarios en danza, la tarea de asistir a casi todo se hace un poco más ardua para un solo redactor, pero en Metalcry contamos con una red de amigos con criterio que nos dan noticias y opinión sobre los bolos a los que no podemos asistir 😊 para que os contemos lo que sucedió en el festival de la forma más amplia posible.
El día lo abrían BALA, el dúo de La Coruña que practica, según ellas, una suerte de garaje, salpicado de punk, grunge, hardcore y stoner. Yo prefiero llamarlo “rock a mala leche”, pero, en cualquier caso, mezcla explosiva para la que contaron, en algunos temas, con la inestimable colaboración de Bonnie Buitrago, la bajista de NASHVILLE PUSSY, que se mostraba en redes ilusionada por tocar con ellas varias fechas en España.
Los guipuzcoanos EZPALAK, que no pudieron tocar en 2023 por el “diluvio universal”, y las irlandesas DEA MATRONA ofrecieron su rock energético para continuar con día en el que todos mirábamos hacia arriba y suplicábamos que la lluvia no nos aguara la fiesta, nunca mejor dicho… como así fue: no cayó ni gota el viernes, e incluso se vio algo de sol, pero, hey: es Siberia – Gasteiz, así es que no demasiado.
BARRY ADAMSON resultó un poco tostón para casi todo el mundo, salvo para sus fans totales, con su punk-jazz-rock alternativo que, en mi opinión, convenció bastante poco. Otro bolo esperado fue el de las angelinas L7, que venían a tocar su mítico disco de 1992 Bricks Are Heavy, que ofrecieron en escrupuloso orden. Sin embargo, un sonido horrible y una actitud no muy animada, si se puede decir, lastaron la actuación de las americanas, que mejoraron hacía el final, pero compusieron una actuación algo decepcionante.

LA PERRA BLANCO asaltó el escenario “LOVE” con una banda muy solvente y con su buen hacer a base de rockabilly y rock and roll tradicional, armada con su Ibanez o su Gretsch, como mandan los cánones y con un llenazo impresionante para la hora que era (19:20) y para ser en el tercer escenario. Me alegro mucho, porque Alba se lo merece: es una artista genuina, convencida de lo que hace… y, además, lo hace bien. Lo suyo no son las delicias instrumentales ni los solos cuidados, sino sincero, franco, puro y descarnado rock and roll, esta vez en formato cuarteto, con el apoyo de un teclista-saxofonista: eso es que lo obtienes en sus conciertos, y hoy ya es mucho decir. Buen bolo, sin duda.
Había mucha expectación para ver a los americanos REDD KROSS. Ellos mismos nos dijeron que el de Vitoria era su primer concierto en cinco años y, aunque se les vio algo faltos de “grasa” en algunos momentos, lo cierto es que compusieron un concierto la mar de majo y disfrutable, si bien con un mal sonido, bastante estridente en general, lo que perjudicó los juegos de voces en bastantes ocasiones. Tal vez quisieran sonar mucho más “contundentes” que en sus discos, y a fe que lo hicieron, pero al precio, como queda dicho, de cierta exageración. Por lo demás, los hermanos McDonald nos dieron un buen concierto, presentando su disco que sale muy pronto, el día 28 de junio, con temas nuevos, como “I’ll Take Your Word For It” o “Candy Coloured Catastrophe”, junto con canciones clásicas, como “Jimmy’s Fantasy”, “Huge Wonder”, “Neurotica” o “Peach Kelli Pop”. Por cierto, que a Steven y a Dale les tuvimos en el Azkena el año pasado, a bordo de los MELVINS.

Pasaré de puntillas sobre la “polémica”, si se le puede llamar así, que la inclusión de los cartageneros ARDE BOGOTÁ en el festival causó cuando se anunció. Y sobre su concierto. Respeto la opinión contraria, faltaba más, pero (llamadme cerrado de mollera) soy de los que opinan que no es una banda que debiera estar en este festival.
También pasamos por el tercer escenario para ver a los canadienses THE BLACK HALOS un rato. Sin la efusividad de antaño, y con un sonido algo bajo, no hicieron un mal concierto en absoluto. Fue una descarga más que decente, con clase y cierta garra, pero tampoco podemos incluirlos en lo mejor de esta edición. No pude ver el final, pero me dicen que contaron con la aparición estelar de Michael Monroe para la parte final de su bolo.

El petardazo del día lo ponían QUEENS OF THE STONE AGE, cabezas de cartel de un viernes que tocaba a su fin, aunque aún quedaba lo mejor. Los de Josh Homme venían con el marchamo de máximos exponentes del stoner-rock y el stoner-metal… cosa que siempre me ha hecho algo de gracia, porque no veo el desierto árido por ningún lado en su música (por ejemplo, si les comparamos con KYUSS, CATHEDRAL, SAINT VITUS, SPIRITUAL BEGGARS o los mismísimos ALL THEM WITCHES) y mucho menos atisbos de lo que entendemos como metal. En cuanto al concierto, la banda gozó del mejor sonido de la noche, como no podía ser menos. Homme y los suyos saben lo que hacen, y ofrecieron un bolo inmaculado, cuajado de clásicos y, como no podía ser menos, de temas de su último disco, que hizo las delicias del numeroso público que se concentraba en el escenario principal. “No one knows” y “A song for the dead” cerraron un concierto estupendo, que miles de fans disfrutaron a tope. EL sonido ayudó mucho, pero también una banda que lo hizo de maravilla, y hay que reconocerlo, aun sin ser plato de mi entero gusto.

Ah, amigo… ¡Pero nos quedaban nada menos que DEMOLITION “fucking” 23! Un solo disco en su haber, pero qué disco, que nos repasaron de cabo a rabo unos salvajes Michael Monroe, Sami Yaffa y Nasty Suicide, con una energía y una vitalidad impropia de los más de sesenta años que lleva encima cada uno de ellos. Esa versión alternativa de HANOI ROCKS hizo las delicias de los miles que nos congregamos para ver una exhibición de rock and roll sin chorradas: actitud, sonido sucio, como debe ser, y un inextinguible Monroe, que no paró un segundo de saltar, bajar al público, trepar por la estructura del escenario y derrochar piruetas con el pie del micro y con los propios micrófonos que llevaba, uno para cantar y otro para la armónica, quedando ambos en un estado lamentable, ja, ja. No conozco a una sola persona que haya puesto el más mínimo pero a este sensacional bolo, para muchos, el mejor del festival. Así es que nos fuimos a la cama a las tres de la mañana, pero con una sonrisa en la cara en la caminata hasta el centro de la ciudad alavesa, donde teníamos nuestro hotel. ¡A descansar!
SÁBADO 22
Todo termina, y el último día del festival se planeaba tranquilo, después de la electricidad con la que terminamos el día anterior. La oferta era variada y ecléctica, pero tirando más bien por el lado calmo de la música, que por le descarga brutal de decibelios… Veamos lo acontecido.
Los locales ENTROPÍA, con sus devaneos psicodélicos y progresivos, fueron los encargados de abrir el día. Una banda con buen nivel, sin duda, que, sin embargo, gozó de poca asistencia para la calidad de su actuación. En el escenario grande tocaban Pi.L.T., una de las pocas bandas de metal de la edición, que ofreció un bolo poderoso y provocador bajo la lluvia que hubieron de aguantar los incondicionales del grupo de Munguía.
DETROIT COBRAS y THE PLEASURE FUCKERS concurrieron al festival con el marchamo de ser dos bandas con cantantes fallecidos: los “míticos” Rachel Nagy y Kike Turmix. Markus Durant, de ZEN GUERRILLA, se encargó de hacer los honores a los de Michigan, mientras que el sustituto de Kike hubo de ser Scott Drake, que se atrevió incluso con temas de gente tan dispar como ROD STEWART o MANOLO KABEZABOLO.

Uno de los bolos del festival para quien suscribe, lo dio el irlandés GLEN HANSARD. Casi sin conocerle, nos acercamos a verle y nos atrapó desde el primer momento. Se le veía contento, muy profesional, comentando el bolo de DEMOLITION 23 y lo de puta madre que estaba el festival, esforzándose por darnos lo mejor de sí mismo… y a fe que lo consiguió. Perfectamente arropado por buenos músicos, con sonido decente (pero señor /a de la mesa: ¿es que no se da usted cuenta de que hay tres personas haciendo coros y no se les oye?), temas melódicos muy logrados y una fuerza suplementaria que nos encandiló a todos, como digo, su pasión se contagiaba rápido. Aparte de los coros, el único lado negativo fue el tiempo: 50 minutos, más o menos, para un concierto desde la sinceridad y el buen hacer… con gusto le hubiéramos visto un rato más.

Cuando uno va a un concierto de WARREN HAYNES, comentábamos un amigo y yo que puede ser una turra de dimensiones estratosféricas o podemos salir flipando gambas. El americano nos ofreció un concierto a base de Gibsons Les Paul, blues, soul, y momentos (pocos) más rockeros. Sonaron temas de sus GOV’T MULE, de sus discos en solitario, y alguno que otro de los hizo para los ALLMAN BROTHERS, que rescatara el Sr. Haynes tiempo ha. Más bien en el primer supuesto del que hablaba antes: no fue una diversión atroz 😊 pero sí un derroche de elegancia y clase, esta vez con la duración adecuada para no salir de allí durmiendo a pierna suelta.
Y llegaba la incógnita del festival, sobre todo cuando no la has seguido, pero oyes que se trata de una diva del Gospel de 84 años, nada menos. MAVIS STAPLES apareció en el escenario con ayuda para caminar… pero eso fue todo. Una vez allí, se hizo “la ama” del festival, y nos obsequió con un bolo emotivo, de esos inolvidables, un concierto del que se hablará muchos años. Algo arrítmica de vez en cuando, pero con una voz tremenda, animando al personal a base de “yeahs”, con dos buenas coristas y con un tremendo guitarrista de auténtico sonido Telecaster que fue de los mejores del fin de semana. Otro de los candidatos a bolo del Azkena.
Por seguir con el estilo del anterior, escuchamos un rato corto a ST. PAUL AND THE BROKEN BONES. Imagino que los seguidores del soul de calidad alucinarían con este concierto. Un sonido maravilloso, una calidad fuera de toda duda, y un buen rato que se pasa cuando, aunque no comulgues demasiado con el estilo, compruebas que hay sobre el escenario músicos que están haciendo disfrutar a los aficionados.
Los grandes del día, los cabezas de cartel del sábado, empezaban con la estadounidense SHERYL CROW, muy bella a sus 62 años, con una gran banda, uno de los mejores sonidos de la noche… pero eso es todo. La impresión generalizada de la gente con la que ha hablado o a la que he leído, coincide básicamente con la mía: música para tomar una cerveza y tenerla de fondo. Ojo: Crow es una buena artista, va arropada con gente de mucha clase, pero de nuevo aparece el fantasma de si es un bolo adecuado o no para un festival como el Azkena. Y ojo de nuevo, que dicho esto, lo cierto es que la americana congregó a mucha gente para ver su concierto que, como digo, sonó de lujo.

La decepción, el fluff de la noche, corrió a cargo de los también americanos BAND OF HORSES. Ya sabíamos que era un grupo de americana-folk-country con un marcado toque alternativo, que tienen discos de calidad, que te pueden molar o no… pero lo del sábado no tuvo nombre. Ben Bridwell se esforzaba por cantar, pero no llegaba, lanzaba gallos frecuentemente, y una omnipresente y chillona guitarra “twang”, que no era ni Telecaster, arruinaba aún más, si cabe, el mal sonido del que gozó la banda, sobre todo en las primeras canciones. De hecho, conozco a mucha gente que, si no salió corriendo, es porque había un gentío en el recinto… pero a buen paso, fueron abandonando el barco. Yo siento corroborar lo obvio, pero aquí estamos para contar lo que sucedió de modo objetivo… ¡y ufff!

Una de las “cosillas” extraordinarias del Azkena, aparte del ambiente, del colegueo, de las cervezas, de la Virgen Blanca y sus conciertos… es ese “vamos-a-ver-este-bolo-y-a-ver-qué-pasa”. A veces sales, si no maravillado, sí gratamente sorprendido, y eso es lo que nos pasó a más de uno (y a más de mil, a juzgar por los comentarios) con los PSYCHEDELIC PORN CRUMPETS. Los jóvenes australianos se dejaron la piel en el escenario ante un público que no podía parar de mover las cabezas al ritmo de los cinco muchachos de Perth. Con la sicodelia como bandera, pero también con claros componentes progresivos, stoner, hasta funk, diría yo, esta máquina de provocar “headbanging” alucinó al personal y, sin duda, fueron la gratísima sorpresa del fin de semana, los merecedores de la mención especial de 2024, tal vez con el gran Hansard. Además, es que son unos músicos extraordinarios, compenetrados, sólidos… Como se suele decir: bolazo.
Se acercaba el final y LENDAKARIS MUERTOS trataron de hacer las delicias de los más punkies de la plaza. Nosotros preferimos el stoner rock psycho de los americanos ALL THEM WITCHES, saludando desde Nashville. Otro de los conciertos del festival, sin duda, con momentos alucinantes, ácidos, destroza-cuellos.
VIRGEN BLANCA
Este año, los conciertos en la céntrica y ya mítica plaza de la ciudad corrieron a cargo de LISA & THE LIPS el viernes (que no son otros que Lisa Kekaula y Bob Vennum, de los THE BELLRAYS más algunos estupendos músicos españoles), que nos dieron un baño de soul-rock; y de THE PICKIN’ BOPPERS el sábado, con el saxofonista de LA PERRA BLANCO, que nos ofrecieron swing instrumental de buena factura, y contaron con la colaboración de LES GREENE. La que se monta todos los años en la plaza, a base de cerveceo, amigos, saludos, abrazos… no se remonta solo al centro de la misma, sino que se extiende por las calles que de ella salen, llenas de rockeros ávidos de llevarse al gaznate una buena cerveza y de deleitarse con la increíble oferta de pintxos de los bares vitorianos.

Por lo demás, las instalaciones del festival cumplieron, aunque bajo el césped artificial se organizara una de fango de la buena, gracias a la lluvia… pero eso no es culpa de nadir. Aseos correctos, barras a veces algo faltas de personal, pero también correctas, precios de magnate del petróleo (intolerable que una cerveza te cueste 5 euros y un mini 10, más el vaso, 13 – o un cuba-litro de güisqui 22 euros), y limpieza más que aceptable.
Todo ello nos hace corroborar que volveremos, porque, como dicen los foreros, y así rezaba en el escenario LOVE, “al Azkena se va, y punto”.

























