Crítica
La evolución y el crecimiento de Behemoth desde sus primeras demos (hace ya más de tres lustros) ha sido imparable. No es, sin embargo, un misterio la razón por la que una banda originariamente de Black Metal polaca ha conseguido pasar del circuito underground propio de un género no masivo en un país sin gran tradición exportadora de música a referencia mundial en su estilo y nombre habitual en los repartos de galardones y portadas de los principales medios internacionales.
La búsqueda perpetua de la perfección ha sido siempre el objetivo de su líder y único miembro fundador aún en sus filas, Nergal (de auténtico nombre Adam Darski). Cada nuevo trabajo denotaba una progresión, cada cambio en la formación un aumento de calidad, así hasta llegar al que fuera su anterior disco, “The apostasy”, que les situó en primera línea en cuanto a popularidad y reconocimiento se refiere. Y como lo difícil no es llegar, sino mantenerse, el reto que afrontan con este recién publicado disco es considerable.
Lo primero que uno percibe al escuchar la obra al completo es el mimo al detalle y como el cuidado de todos los elementos ha sido llevado hasta el extremo. Behemoth han utilizado diferentes productores para los instrumentos de cuerda y los de percusión, encargándose de los primeros Wojciech y Slawomir Wieslawski, y de los otros Daniel Bergstrand (In Flames, Soilwork), siendo sobresaliente el resultado que este ha extraído a la batería de Inferno, una auténtica apisonadora en su disciplina, capaz de alcanzar los 260 bpm y coleccionista de premios individuales. La mezcla ha corrido a cargo del reputado Colin Richardson (Fear Factory, Machine Head), con quien ya tuvieron contactos para su anterior obra, y al que ahora sí han podido reclutar para su causa.
La temática de las letras no es nueva. El ocultismo, los dictados de Aleister Crowley y la crítica a todo tipo de religión son eterna fuente de inspiración de Nergal, principal compositor del grupo. La gran portada corre a cargo de Tomasz Daniłowicz, habitual del grupo, y supone una representación de la ramera de Babilonia montada sobre la bestia de siete cabezas y a cuyos pies yacen rotas las tablas de Moisés, imagen inspirada en un pasaje del Libro del Apocalipsis. Estos dos elementos unidos al título “Evangelion” (algo así como “expandir la palabra de Dios”), concentran la idea de la diferencia entre el sentimiento y la verdad oficial, es decir, lo que es la teoría del culto y lo que sus oficiantes llevan a la práctica.
Tras una caótica y apocalíptica introducción, “Daimonos” abre el fuego. Inferno comienza un doble bombo ametrallador (que ya no cesará durante casi ninguno momento del disco) y un riff claramente Black. El tema trata sobre Dionisio, dios griego del vino y creador de las bacanales. Musicalmente me parece notable, aunque la letra resulta algo vacía. Por el contrario, “Shemhamforash”, un relato sobre la lucha de la palabra (el evangelio) y su ejecución (la religión), arroja verdaderas perlas sobre una instrumental mucho más cercana al death que la anterior y un excelente trabajo en las voces de Nergal, desafiante y oscuro en sus relatos.
“Ov fire and the void” es una canción hipnótica y definidora del sonido Behemoth: brutalidad usada con cordura, velocidad no exenta de técnica. El trabajo de producción en las voces es excelente al superponer las frases, lo que hace que gane en intensidad el mensaje que tratan de transmitir. “Transmigating beyond realms ov Amenti” podría pasar por un tema de Nile, al tratar un tema relacionado con el antiguo Egipto, pero (y sin querer menospreciar a los de Florida), ellos no tienen a Inferno en la batería, sencillamente perfecto en todas las partes de la canción, en todos los elementos que componen su instrumento y, sobre todo, en la creación de blast beats.
Nergal ofrece su mejor faceta como letrista en “He Who Breeds Pestilence”. Introducida por graznidos de cuervos, el texto narra como Dios trata de impedir sin éxito el nacimiento del hijo que Caín ha engendrado a Eva, en un tema que intercala pasajes lentos con otros de desenfrenada velocidad y en el que se introducen vientos como ya sucediera en varias pistas de su anterior “The apostasy”. Un tema definitivo, de lo mejor del disco a mi gusto.
En este punto de la escucha se puede establecer ya una primera conclusión. Los seguidores habituales del estilo y del grupo estarán más que satisfechos, Behemoth no bajan el listón marcado en sus anteriores trabajos, manteniendo la tensión compositiva y el buen gusto en el trato de cada pieza. Por el contrario, los poco aficionados a los sonidos extremos serán incapaces de distinguir una canción de otra y posiblemente se encuentren saturados de los áridos guturales de Nergal. Y en cierto modo ambos bandos tendrán razón, dado que si bien el disco está plagado de pequeños detalles a descubrir, cuesta recordar un riff o una melodía incluso tras varias escuchas.
En “The seed ov I” encontramos una buena labor de Seth a la guitarra, con un afilado solo en la parte central que da aire a la canción. Las participación en giras americanas (Ozzfest, Mayhem Festival) han ampliado los horizontes del grupo y la influencia de los nuevos sonidos del otro lado del Atlántico se entrevé en “Alas, Lord is upon me”, en la que de manera bastante somera se trata la caída de Roma como Imperio.
Los extremos opuestos se tocan en el último tramo del disco. “Defiling morality ov black God” es el tema más corto, y en el que de nuevo se percibe que cada frase que Nergal escupe ha sido grabada de manera individual para después ser lanzada una tras otra con la intención de ganar pegada. El tema no aporta demasiado al resultado final, aunque como en todas las canciones la calidad de Inferno a la batería le da un punto extra. Por el contrario, “Lucifer” es el tema más largo superando los 8 minutos, y pese al intento de lograr una pieza magna e imponente, se arrastra languideciendo a cada nota. El principal mérito es que la letra está escrita en su polaco natal, y aunque no se sepa el idioma, el título deja claro la temática del mismo.
Grandes instrumentistas y con visión global, Behemoth consiguen mantenerse al nivel que mostraron en “Demigod” y, sobre todo, en “The apostasy”, siendo “Evangelion” un disco del que es complicado hablar porque está creado para escuchar (y además con detenimiento) cada uno de los matices que esconde, pese a que una primera audición pueda desmerecer el producto.
Puntuación: 8
Discográfica: Nuclear Blast




