REVOLUTION RENAISSANCE

Crítica

Regreso al pasado. Renacimiento o resurgimiento de las cenizas. Cualquiera de estas descripciones, por fin, no son solamente carteles publicitarios o panfletos comerciales. Podéis creerme y respirar tranquilos. Es cierto y, detrás de los mil dimes y diretes, de las grandes extravagancias y desvaríos de una mente algo atormentada y de sucesivas decepciones en forma de disco y música por fin tenemos lo que realmente debería importarnos al fin y al cabo. Al músico que cautivó a toda una generación durante la segunda mitad de la década de los 90 con un gusto exquisito por las melodías tan delicadas como fáciles y rápidas pero siempre repletas de gran sentido y sentimiento que, por muchos detractores que pudiera tener, no cabe la menor duda de que fueron los aportes más sólidos para que un estilo como el power metal dominara gran parte de los oídos metaleros durante la época mencionada.

Por supuesto, aunque sea una obviedad nombrarle, me refiero a Timo Tolkki y a ese nombre que siempre irá asociado a su guitarra que es Stratovarius. Y es que, lo que se esconde detrás de este nuevo proyecto bautizado como REVOLUTION RENAISSANCE y titulado “New Era”, es una entrega renovada de aquello por lo que en su día este peculiar guitarrista fue encumbrado en los pilares de lo que actualmente conocemos convencionalmente como power metal. No se trata, por tanto, de rebuscadas composiciones de obras algo excedidas en sus pretensiones estéticas como fueron aquellas dos partes de los “Elements”, que, sin entrar a valorar sus cualidades musicales (algo espesas e indigestas si nos referimos sobre todo a su segunda parte), está claro que sobrepasaron (para bien y para mal) las aspiraciones de lo que un fan de Stratovarius buscaba en aquellos nuevos discos.

Así pues, y sin entrar en toda la polémica que rodea a un disco que salta a la vista que fue compuesto para la formación original de Stratovarius, lo que musicalmente tenemos en este “New Era” es una colección de muy buenos temas de deliciosa y optimista simpleza, permítanme el palabro, tolkkiniana (se agradece el alejamiento de letras enrevesadas y mentalmente tortuosas). Pero cuidado, alejaos de aquellos que auguran un regreso total y definitivo a lo que Stratovarius eran en aquellos míticos “Visions” o “Episode”, pues, aunque es cierto que, tanto las ecualizaciones de las guitarras como la genial producción de la sección rítmica del disco llevan gran parte de el sello de aquellos trabajos, la realidad sonora es que los temas que componen este álbum son más bien un compendio de melodías reconocibles que entran a la perfección y que suponen a su vez una nueva perspectiva de discos más cercanos como podrían ser el “Infinite” o el “Destiny”.

Y, dicho esto, ahora vienen las sorpresas (que no lo serán tanto para quienes hayáis llegado hasta aquí en la lectura) y éstas son las colaboraciones con las que Tolkki ha contado para dar forma, tras numerosos problemas legales con el resto de miembros de Stratovarius, a esta nueva era en su creatividad musical. Unas sorpresas que más bien son una apuesta segura para el objetivo pretendido. La cálida e infinita voz de Michael Kiske en la mitad de los temas junto a la velocidad vocal del genio Tobias Sammet en dos de ellos y la poderosa aportación del finés Pasi Rantanten, procedente de los strato-gemelos en su origen THUNDERSTONE.

La calidad, por tanto, está prácticamente asegurada y las parcelas que abarcan cada uno de los vocalistas también.

Así pues, con Michael Kiske tenemos cubierta a la perfección y más allá el compendio de melodías fáciles y repetidas pero llenas de sentimiento que es capaz de elaborar Timo Tolkki junto a estribillos que, si bien son predecibles y asequibles a todos los públicos, con la voz del rubio vocalista trascienden a un plano que podríamos llegar a calificar de cálido o, simplemente, mágico.

Para su voz son lo dos temazos del disco, “I did it my way”, cuya cadencia rítmica y la evolución lineal del estribillo son simplemente perfectas, y “Last Night on Earth”, un tema absolutamente genial que combina sin fisura alguna las clásicas melodías evocadoras y expansivas de Timo con una sucesión de riffs de velocidad media alta y un estribillo que, a pesar de estar hecho a la perfección para Kotipelto, Kiske conseguirá que a la primera te llegue a lo más dentro de tus emociones a base de esa energía positiva que te dice que, si es tu última noche en la tierra,… ¡vívela!. Stratovarius al 150%.

Presente está su voz también en el tema que cierra el disco y da título a la banda, “Revolution Renaissance”, siendo éste un corte que, si bien es un clásico medio tiempo de carácter semi-épico típico de los grandes temas que finalizaban los discos de Stratovarius, muy en la línea de aquel “Twilight Symphony”, he de decir que pasa más bien desapercibido tras unas escuchas por su linealidad y poco atractivo una vez obviada la calidad de la voz del germano.

Y, como no, las dos baladas del disco son para él. “Ángel”, cuya delicadeza es digna de enmarcar y “Keep The Flame Alive”, un corte de ambientación folclórica y quizás poco original que, por otro lado, se deja escuchar de forma muy agradable y amena si uno se presta a ser mecido por las olas y el ambiente espiritual que acompaña a las guitarras del mismo.

De otro lado tenemos las colaboraciones bien definidas de Tobias Sammet, que se encarga de regalarnos la sección más power metalera de todo el álbum y de Pasi Rantanen, a quien, habiéndole tocado la parte menos vistosa del álbum, se desenvuelve con un magnífico trabajo consiguiendo que sea su voz la que haga lucir un trío de temas algo escasos en lo que a nivel compositivo se refiere.

El primero, por tanto, se encarga de la inicial “Héroes” que, aunque sobre describir el estribillo con tan manido título, cabe decir que se trata del tema de corte más moderno en lo que a riffs y ambientación se refiere de todo el álbum (y con muchas referencias a los últimos Helloween), y “Glorius and Divine”, una canción rápida y directa que prácticamente podría estar sacada de cualquiera de los primeros discos de Edguy como “Vain Glory Opera” o “Theater of Salvation”.

Pasi Rantanen se encarga de tres temas de muy parecida estructura salvo en lo que al tercer corte del disco, “We are magic”, se refiere, ya que éste es un corte mucho más rápido y de primera escucha que los otros dos. Así pues, para “Eden Is Burning” y “Born Upon the Cross” no cabe más que destacar la potente voz de Pasi en un estilo muy Dio para dos medio tiempos que rescatan estructuras pesadas y algo repetitivas como las de aquel corte que titulaba el disco de Stratovarius, “Infinite”.

Alejando un poco la vista y viendo este trabajo de manera global hay dos sensaciones finales que me invaden cada vez que lo escucho. La primera es la agradable satisfacción de saber que el gran guitarrista que es Timo Tolkki aún puede depararnos grandes bandas sonoras a nuestras vidas en el futuro sin que la extravagante mente que se esconde tras ello salga a relucir en demasía echándolo todo al traste. La segunda tiene cierto aire de morriña y melancolía, pues, aunque las colaboraciones son de auténtico lujo y aportaciones como las de Kiske son prácticamente incontestables, no puedo evitar pensar que este disco y gran parte de estas canciones probablemente alcanzarían dimensiones mucho mayores si quien pusiera la voz fuera aquel para quien fueron compuestas inicialmente. ¿Hace falta decir a quién me refiero? Creo que no.

Sea como sea, futuro prometedor y, habiendo demostrado Tolkki lo que nos quiere ofrecer y lo que aún pude dar de si, solo cabe fijar nuestra vista en una persona a la que, con el objetivo de hacer olvidar del todo a todas las grandes voces mencionadas más arriba a base de personalidad y entrega, se le avecina uno de los años más intensos y, esperemos, que emocionantes de su carrera musical. Suerte Gus.
Puntuación: 8,1

Autor: Daniel Velasco Alonso

<< volver a discos