STEVEN WILSON – MADRID, HOTEL AUDITORIUM – 09/11/2013
Noche Mágica
Cerrando una semana casi de ensueño para los fans del progresivo, llegaba el momento de ver en directo a uno de los músicos más carismáticos, más imaginativos y con más peso dentro de la escena: ni más ni menos que el gran Steven Wilson. Desde que se conoció que pasaría por el Hotel Auditórium de Madrid, el 8 de Noviembre había sido una fecha señalada en rojo en mi calendario. La obra maestra que fue “Grace For Drowning” y el fantástico trabajo realizado en “The Raven That Refused To Sing” anticipaban un concierto lleno de auténticos temazos y bastaba con echarlo un vistazo a la formación que le acompaña en esta gira para que a los más aficionados al progresivo se nos haga la boca agua: Guthrie Govan (The Aristocrats, Asia) a la guitarra, Nick Beggs (Kajagoogoo, Steve Hackett…) al bajo, Adam Holzman (Solo, Miles Davis…) al teclado, Theo Travis (Robert Fripp, Gong, The Tangent…) al Saxo y flautas y Chad Wackerman (Frank Zappa, Bad Religion) tras los parches. Y por supuesto el propio Steven Wilson a la voz y lo que se tercie.
Por todo esto sabía que iba a ver un concierto de muchos quilates, pero no podía imaginarme el fantástico espectáculo que estaba a punto de presenciar. Puntuales con los horarios anunciados, el Hotel Auditórium presenció el comienzo de una proyección muy alternativa y experimental, de una duración de veinte minutos, en la que podíamos ver un plano fijo de un esquina en una calle londinense (o eso parecía), alternada por lo que parecían ser “interferencias” e imágenes de sucesos trágicos acontecidos en el pasado, en el mismo emplazamiento de la esquina protagonista. De pronto un hombre, aparentemente un músico callejero, se posiciona en el plano central y tras varios minutos comienza a tocar su guitarra en esa misma esquina. Fue el comienzo del concierto, ya que Wilson apareció en el escenario tocando la acústica y comenzando la interpretación de “Trains” con el acompañamiento del vídeo. Poco a poco la banda subió con el al escenario entre un torrente de aplausos. El auditorio presentaba una entrada envidiable y la gente dejó notar su satisfacción cuando la banda comenzó a perfilar las primeras notas de “Luminol”, el tema que arranca el último disco de Wilson.
Desde el primer momento pudimos comprobar que este no iba a ser un concierto cualquiera. Chad Wackerman impulsaba a la banda con la máxima precisión posible mientras que Nick Beggs y Theo Travis cumplían sus partes magistralmente en el marco de un sonido verdaderamente inmejorable, que nos permitía escuchar a todos los músicos y sus instrumentos con fuerza y nitidez. El concierto continuó con “Postcard”, de su fantástico “Grace For Drowning” y pudimos comenzar a intuir el increíble espectáculo que íbamos a disfrutar, no solo musicalmente, sino acompañado por un trabajo sobresaliente en la iluminación y, como veríamos pronto, en la proyección de material audiovisual. Cambiando de la guitarra al teclado y descalzo como de costumbre, Steven Wilson comandó a su banda en este precioso tema dónde Adam Holzman brilló con luz propia y Guthrie Govan comenzó a darnos una muestra de lo que iba a ofrecernos esa noche.
El último disco de Wilson ha sido recibido de forma excepcional y se notó cuando la banda continuó su concierto con “The Holy Drinker”. La presencia del mellotron en directo fue un regalo para los aficionados al estilo que aún guardan nostalgia de los míticos grupos y discos que hicieron uso de este instrumento. Al terminar este tema Wilson quiso dirigirse al público para explicarnos como él, sin saber escribir o leer música, transmite sus ideas a sus músicos. Para ello utilizó a Guthrie Govan como ejemplo y tras una divertida demostración dio entrada al tema “Drive Home”, que se acompañó del vídeo diseñado para el tema y que supuso un nuevo pico de energía en el concierto. El single de “The Raven That Refused To Sing” va mucho más allá de una canción divertida o pegadiza y, aunque probablemente sea el tema menos complejo de este último disco, su interpretación en directo nos dejó algunos momentos memorables en los que el grupo dio lo mejor de si mismo, con mención especial para Nick Beggs y el batería Chad Wackerman (nadie puede negar que Chad estuvo poco efusivo, pero hizo su trabajo con una precisión y una maestría envidiables).
Tras este tema Wilson volvió a dirigirse al público, indicando que si alguien estaba grabando el concierto, lo que le parecía absolutamente bien, hiciera el favor de no subir a Internet el siguiente tema, ya que se trataba de una nueva composición que Wilson quiere mantener como sorpresa para todo el mundo. El auditorio lo aplaudió y la banda comenzó a interpretar un tema que aún no tiene título y que cambia de nombre en cada show. En más de uno se nos ha presentado como “Mother’s Call”, pero a Madrid nos tocó un título elegido por Holzman que a Wilson no le gustó nada, presentándonos la canción como “este tema definitivamente NO se llama “Robot Discipline Helmet”. Con una duración considerable (unos diez minutos), el tema comenzó pausado y oscuro y avanzó en un crescendo típico de Wilson, para acabar intercalando rabiosas partes en las que el caos se vuelve orden con pasajes más calmados. De fondo, una proyección escenificando la opresión de las religiones en muchos momentos y ámbitos de la vida, con especial hincapié en la opresión infantil en escuelas, etc. El tema, con cuerdas sintetizadas en el teclado de Holzman, puede ser un interesante escaparate de lo que puede esperarnos en el próximo disco de Wilson. Fue muy bien recibido y supuso la antesala de uno de los mejores momentos del show. A su final calló frente a la banda un telón casi transparente en el que comenzó a proyectarse el vídeo introductorio de “The Watchmaker”. Tras presentarnos la historia, la banda comenzó a interpretar el que probablemente sea el mejor tema de este último trabajo. La banda interpretó el tema detrás del telón, con proyecciones constantes, creando un juego simbiótico entre las imágenes, los movimientos del grupo y la música.
Quien haya tenido la suerte de ver a Wilson anteriormente notaría que ya no es aquel frontman tímido que nos topábamos hace años en los conciertos de PORCUPINE TREE y se ha convertido en un músico con una presencia abrumadora, capaz de exaltar a su público con un pequeño gesto. Los doce minutos que dura “The Watchmaker” se convirtieron en un derroche de magia y talento en el que Theo Travis, Nick Beggs y Guthrie Govan dejaron claro que son de lo mejor que puede uno encontrarse en sus instrumentos. Siendo como soy un enamorado de este tema, su puesta en escena, con una banda enchufadísima, un público entregado y un acompañamiento visual perfecto fue todo un placer. Pocas veces he podido disfrutar tanto de un tema en directo y es que el sonido del auditorio, si ya era excelente, mejoró a medida que avanzaba el concierto, permitiéndonos sentir cada detalle. Guthrie Govan se metió al público en el bolsillo con su talento y su calidez en la guitarra y el concierto siguió su camino, enlazando “The Watchmaker” con la oscura y potente “Index” de su anterior disco, también tras el telón y con proyección constante como acompañamiento (aunque más que acompañamientos, estas proyecciones parecían formar parte misma del tema, dotándole de una dimensión nueva y diferente que solo puede vivirse en directo).
Con una sincronización perfecta con los vídeos y excepcionalmente conjuntados, la banda interpretó los temas permitiéndose alguna adaptación en los solos y las partes instrumentales más largas, dejando espacio para que cada miembro de la banda pudiera dejar su impronta en los temas. Tras la fantástica “Index” le siguió el turno a “Sectarian”, otro tema oscuro cuya puesta en escena, con visuales incluídos y aún tras el telón, acabo poniendo los pelos de punta a más de uno tanto por la interpretación musical como por el espeluznante resultado de su sincronización con los efectos visuales. Su final llegó con la caída del telón y dejó paso a un tema de “Insurgentes”, la siempre bien recibida “Harmony Korine”. La interpretación de este tema fue uno de los momentos en los que más rienda suelta tuvo la banda y eso se tradujo en una interpretación enérgica y muy aplaudida de un tema que ya es un clásico para Wilson. Tras su final el genio inglés volvió a dirigirse al público para recordarnos (o dar a conocer para el que no lo supiera) que este 2013 es el cincuenta aniversario de la creación del mellotron. Steven nos explicó brevemente qué es y para qué sirve un mellotron y, para hacer su explicación más efectiva, utilizó la ayuda de Adam Holzman para darnos muestras conocidas del uso de este instrumento, permitiéndonos oír fugaces pasajes (con toda seguridad escogidos a modo de tributo) de “Strawberry Fields Forever” de THE BEATLES y “In The Court Of The Crimson King” de KING CRIMSON.
Finalmente arrancó con uno de los temas más celebrados de su anterior disco y una de las piezas más largas de su discografía, la interesantísima “Raider II”, dónde el grupo se mostró enérgico y de nuevo muy conjuntado, con un Guthrie Govan en estado de gracia, haciendo suyo cada solo y aportando mucha personalidad a la interpretación. Chad Wackerman siguió clavando cada golpe y Theo Travis fue de nuevo responsable de calor y color a la música expuesta en el auditorio. Con el público fuera de sus butacas y pegados al escenario por petición expresa de Wilson desde hacía varios temas, la banda nos dejó a todos completamente extasiados con la puesta en escena de “The Raven That Refused To Sing”, musicalmente impecable y con una proyección sobresaliente que, de nuevo, le dió una dimensión diferente al concierto.
Fue con este tema con el que la banda se retiró antes de los bises, para volver con energías renovadas y ofrecernos otro tema de nuevo cuño, esta vez con el título de “Happy Returns” y con la forma de un corte calmado y mucho más corto que el anterior, podría decirse que es casi una balada íntima y muy melódica. El final del concierto lo marcaría un tema con solera, pues ha llovido mucho desde que Wilson compusiera “Radioactive Toy” para el primer disco de PORCUPINE TREE (cuando la banda no era sino el inicio de la carrera en solitario de Wilson, antes de convertirse en un grupo “per se”. Fue un final a la altura del concierto: trepidante, asombroso, virtuoso, enérgico y mágico. Como dije al comienzo de esta crónica, esperaba un buen espectáculo, pero no sabía que en el Hotel Auditorium de Madrid se iba a hacer magia. Sencillamente impresionante.































