Un cuarto de siglo de Mandrake, el álbum que marcó una etapa en Edguy

En septiembre de 2001, Edguy se encontraba ante uno de los momentos más importantes de su todavía joven trayectoria. La banda alemana había publicado dos años antes Theater of Salvation, uno de sus trabajos más celebrados, y acababa de comprobar cómo el proyecto paralelo de su vocalista y principal compositor, Tobias Sammet, adquiría una dimensión inesperada con Avantasia – The Metal Opera. En medio de aquella explosión creativa apareció Mandrake, quinto álbum de estudio de la formación y uno de los trabajos fundamentales de su primera etapa.
Veinticinco años después, aquella obra conserva buena parte de su atractivo. No solo por las canciones que contiene, sino porque representa un momento de transición: el grupo seguía firmemente instalado en el power metal europeo, pero comenzaba a mostrar una inquietud que posteriormente le llevaría hacia terrenos más cercanos al hard rock y al heavy metal clásico.
Tras la energía de Theater of Salvation, la nueva entrega ofrecía una producción más contundente y un sonido ligeramente más oscuro. La velocidad continuaba siendo importante, pero ya no constituía el único argumento. Los medios tiempos, los teclados, las guitarras más pesadas y una mayor variedad de estructuras daban forma a un repertorio más amplio.
El comienzo resulta especialmente significativo. “Tears of a Mandrake”, que da título al trabajo, se convertiría en uno de los clásicos de la banda. Su combinación de melodía, potencia, teclados y un estribillo diseñado para ser coreado en directo resume muchas de las virtudes que habían convertido a los alemanes en una de las referencias jóvenes del género. También demuestra una de las especialidades del conjunto: construir canciones de tempo medio sin perder intensidad.
“Golden Dawn” recupera la velocidad característica del power metal, mientras “Jerusalem” apuesta por un desarrollo algo más pausado y melódico. Son dos ejemplos de la variedad que recorre la grabación, en la que las influencias de la escuela alemana siguen siendo evidentes, pero aparecen integradas en una personalidad cada vez más definida.
Uno de los momentos más contundentes llega con “Nailed to the Wheel”. La introducción acústica da paso a unas guitarras especialmente agresivas y a una interpretación vocal enérgica. Sin abandonar los grandes coros ni la melodía, el tema muestra a un grupo dispuesto a endurecer su sonido, una tendencia que se haría más evidente en los años posteriores.
La vertiente épica aparece representada por “The Pharaoh”, una composición de más de diez minutos ambientada en el antiguo Egipto. Las referencias al heavy metal clásico son perceptibles, pero la canción mantiene el sello propio de sus autores y demuestra la ambición compositiva de aquella etapa.
El repertorio también deja espacio para la sensibilidad. “Wash Away the Poison” ejerce de balada y rebaja las revoluciones antes de que “Fallen Angels” vuelva a combinar fuerza y melodía. Esta última refleja además una faceta lírica más personal de Sammet, todavía vinculada a temas como la rebeldía, la frustración y la sensación de no encontrar un lugar propio.
“Painting on the Wall”, escogida como sencillo, recupera algunos de los elementos más accesibles del trabajo, con los teclados desempeñando un papel importante. “Save Us Now”, por su parte, aporta el habitual sentido del humor de la formación y recuerda que detrás de aquella épica también había un grupo dispuesto a no tomarse demasiado en serio.
El contexto en el que apareció Mandrake resulta fundamental para entender su importancia. La primera entrega de Avantasia había visto la luz apenas unos meses antes y había demostrado que Sammet tenía ambiciones que iban mucho más allá de una única banda. Sin embargo, el nuevo lanzamiento confirmó que Edguy seguía siendo un proyecto plenamente activo y con personalidad propia.
También fue el último álbum de estudio publicado por AFM Records antes del posterior salto a Nuclear Blast. A partir de entonces comenzaría una nueva etapa, acompañada de una evolución musical progresiva. Los trabajos posteriores incorporarían con mayor claridad elementos de hard rock y heavy metal, alejándose poco a poco del power metal más ortodoxo.
Por eso, Mandrake puede contemplarse hoy como una fotografía de un momento irrepetible. Era todavía el Edguy joven que había crecido escuchando a Helloween, Gamma Ray y Stratovarius, pero también empezaba a vislumbrarse la formación que terminaría explorando nuevos territorios.
En 2017, Loudwire incluyó Mandrake entre los grandes álbumes de power metal de todos los tiempos, una consideración que ayuda a entender la permanencia de su legado.
Veinticinco años después, sus canciones continúan funcionando por sí mismas. “Tears of a Mandrake”, “Nailed to the Wheel”, “Fallen Angels”, “The Pharaoh” o “Painting on the Wall” recuerdan la capacidad compositiva de una banda que estaba alcanzando la madurez sin renunciar a la energía de sus comienzos.
Mandrake no fue simplemente otro capítulo en la carrera de Edguy. Fue el punto en el que una primera etapa alcanzó su plenitud mientras, casi sin darse cuenta, comenzaba a abrirse la puerta hacia todo lo que vendría después.

Listado de temas:
Tears Of A Mandrake
Golden Dawn
Jerusalem
All The Clowns
Nailed To The Wheel
Pharaoh
Wash Away The Poison
Fallen Angels
Painting On The Wall
Save Us Now
Line Up:
Tobias Sammet: voz
Jens Ludwig: guitarra solista
Dirk Sauer: guitarra rítmica
Tobias Exxel: bajo
Felix Bohnke: batería

























