CESAREE – LAS 8 HORAS

Crítica

Algunas cosas han cambiado desde 2008 hasta esta parte en el complejo e intrincado mundo de los gerundenses CESAREE, quienes tras algo más de tres años de existencia y una maqueta que en 2008 nos sorprendió por su inclasificable sonido, nos presentan su primer larga duración bajo el nombre de “Las 8 horas”. Una de esas cosas es la decisión de esta marcianabanda de acercarse al oyente algo más de lo que lo hicieron en su primera apuesta discográfica, “Progreso”, algo que se traduce directamente en la elección del castellano como idioma principal y único de su nuevo trabajo.

El segundo y último cambio radica en ciertos matices que pertenecen al desarrollo fundamental de la review y que iremos abordando poco a poco a continuación. Otros aspectos, como era de esperar vista la dirección que cogía la banda en sus primeros cuatro temas hace más de dos años, siguen en pie y llevados a un nuevo nivel de eclecticismo y heterodoxia musical. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que CÉSAREE son y serán siempre una banda controvertida y muy compleja de escuchar, poco asequible y ciertamente barroca en sus propuestas musicales, incómoda al oído medio que busque inmediatez y composiciones mediáticas o individualistas.

“Las 8 horas” es un compendio de todo lo opuesto a estos últimos adjetivos, un disco de escucha corta pero muy densa, desasosegada, reflexiva, extremadamente variante en sus registros y llena de elementos de un gran nivel técnico, de un brutal desarrollo instrumental y una gran calidad de grabación, con el sello de identidad de los Estudios Cube de Alberto Seara. Añadamos un concepto, el desarrollo de una idea a lo largo de cada uno de los temas del álbum, que entre todos ellos forman una suerte de ensayo sobre la distribución alienante de nuestro día a día, y tendremos un disco que traspasa las fronteras de sus propios temas y se encuadra mejor sobre las tesituras de una obra de arte contemporáneo y conceptual.

Dicho todo esto, olvidémonos por tanto de plantear una escucha aislada o que se forme a partir de la suma de sus 12 partes o canciones. Será difícil encontrar momentos que musicalmente se nos vayan a quedar en la retina para la posteridad y dudo mucho que CESAREE pretendan algo así a la hora de dar rienda suelta a su creatividad compositiva. La base sobre la que “Las 8 horas” se desarrolla es la del rock y el metal alternativo pero siempre bajo una interpretación libre de cadenas de cualquier tipo, pudiendo pasar desde los aspectos más oníricos y románticos a los ritmos más incómodos y estridentes de un tema a otro, arritmias que causarán pronto el alejamiento de los oídos menos dispuestos a ser tan agitados y vapuleados o las conciencias poco dispuestas a establecer complejas reflexiones sobre lo que debería ser simplemente una canción.

Siendo un poco más exhaustivos podríamos citar referencias ya mencionadas previamente conforme se describe a la banda como THE MARS VOLTA o TOOL pero todo se revierte cuando ya en el comienzo, con la acústica e íntima “El último pestañeo”, uno seria capaz de referenciarla como una composición típica del peculiar Nacho Vegas. Dicho queda pues que CESAREE desarrollan a lo largo de “Las 8 horas” una personalidad única, inclasificable e intransferible, la de un grupo que despacha lineas musicales caracterizadas por guitarras rítmicas constantes que dotan de intensidad a los temas de forma absolutamente lineal y poco cambiante, mientras que la voz es la encargada de llevarnos, a través de su tono agudo e implorante, a lo largo de los diferentes estados de ánimo que pretenden transmitirnos y que forman parte de ese concepto de “las 8 horas”, 8 horas trabajando, 8 durmiendo, 8 horas para uno mismo, y cuyo desarrollo lírico sea probablemente la mayor virtud del trabajo, a pesar de que sea complicado y costoso empaparse del mensaje final y global del mismo.

Brillantes joyas musicales encontramos en la intensa “Fin de Emisión”, la característica y definitoria “Cabeza come cabeza”, o la final “Luces en el cielo”, donde somos capaces de entrever una pequeña intención de mostrarse más convencionales y asequibles, con ritmo de una balada que pronto se vuelve a tamizar por el filtro de los girondenses, quienes han aprendido bien ciertas lecciones de los británicos MUSE.

Destacan también interludios musicales como “El onironauta”, “Ese no soy yo” o el reprise final de “El último pestañeo” que en este caso cierra el disco con el nombre de “Un marco propicio”. Por otro lado, se nos quedan sin mucho calado cortes como “Insoportable empacho”, “No serás feliz pero si alegre”, “Progreso” o “El hijo rojo”, todos ellos con su evidente carga conceptual en el resultado final del disco, pero con estructuras que no son capaces de llegar más allá de este cometido.

En definitiva, “Las 8 horas” y por consiguiente su creador CESAREE, están totalmente destinados a aquellas personas que estén predispuestas a una búsqueda filosófica y trasgresora, en términos artísticos, de la música y su mensaje. Para ellos es probable que los gerundenses cobren sentido y representen la base de toda una disertación mental muy profunda. La música de CESAREE acompaña estas tesituras, lo cual forma parte de la misma base que hará que una gran parte de los oyentes, los de estructuras y legados más clásicos y convencionales, no entiendan nada de lo que se escucha en este incómodo disco, y con razón.

Puntuación: 7,2

Discográfica: Independiente

Autor: Daniel Velasco Alonso

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