KINGCROW – PHLEGETHON

Crítica

Para los fans del rock y el metal progresivo los últimos tiempos son una auténtica gozada. El estilo goza de una estupenda salud y por doquier nos encontramos con bandas que se acercan, juegan e incluso varían los pilares de este plástico estilo a su antojo, ofreciendo obras dignas de enmarcar en cuadros donde el derroche técnico habla por si solo.

Por supuesto tampoco es oro todo lo que reluce, y entre tanta avalancha de bandas girando sobre un concepto musical siempre hay que desdeñar mucha paja para encontrar aquello de lo que suelen adolecer las más desacertadas obras del estilo, la presencia de sentimiento, feeling y capacidad para transmitir sensaciones dentro de toda esa maraña de técnica y virtuosismo de la que suelen hacer gala sus músicos.

Por suerte en esta ocasión viajamos a Italia para dar con una banda que ya no son nada nuevos en esto, sino que llevan bregando en el mundo del rock progresivo desde 1996, siempre dirigiendo su música hacia conceptos literarios de diferente calado (Edgar Allan Poe dio nombre al grupo) hasta que nos encontramos en este 2010 con su nueva obra titulada “Phlegethon” que más bien vale un buen rato de nuestra atención más detallada y calmada.

Hablamos de KINGCROW, quienes, a pesar de ser una sorpresa novedosa para un servidor, podemos decir que se trata de una banda más que consolidad dentro del mercado progresivo de la escena italiana, con el aliciente de que nos encontramos ante un verdadero punto de inflexión en su carrera, más allá de su inevitable mayor presencia internacional, la de la presentación de su nuevo vocalista Diego Marchesi.

Con todas estas premisas “Phlegethon” habla por si solo en cuanto nos dejamos acariciar por el inicio de nuestro viaje a través del atormentado protagonista de esta preciosa historia musicada. El atmosférico teclado de “The Slide” nos introduce hacia el primer acercamiento a Dream Theater que nos encontraremos a lo largo de todo el disco con la instrumental y potente “Timeshift Box”, la cual sirve a su vez como introducción musical de carácter impecable  (atentos a los inspiradísimos teclados de Cristian Della Polla, a pesar de su desafortunado nombre en castellano…) hacia el primero de los temas, “Islands”, un corte instrumentalmente riquísimo, con los primeros indicios del enorme trabajo que realizan conjuntamente Diego Cafolla e Ivan Nastasi, alternando solos frenéticos al más puro estilo John Petrucci con una gran sensibilidad a la hora de dejar de lado la rapidez o la distorsión.

Además se trata de un corte muy enraizado en el folclore italiano, con un ritmo muy reconocible a la primera de cambio gracias a la aportación personal de la mandolina que presenta de fondo. Una “slow hand” aparece como introducción de “The Great Silence” para otro tema de nuevo muy atmosférico y onírico, con transformación en pesadilla a través de su ritmo marcado y unos coros inquietantes. Y haciendo gala del viaje de contrastes que nos vamos encontrando conforme descubrimos más y más a KINGCROW tenemos “Lullaby for an innocent”, medio tiempo melódico tan blanco y limpio como indica su título que desemboca en uno de los mejores solos de todo el álbum y, de nuevo, un final del que enamorarse una y otra vez.

Hasta este momento hemos tenido cosas de Dream Theater e incluso de Pink Floyd en nuestro camino. Pero a partir de ahora también encontraremos elementos de Porcupine Tree o incluso de Tool, a través del rockero y moderno “Evasion” o la experimental y sampleada “Lovocaine” donde se vuelven más agresivos de lo habitual para realizar un nuevo ejercicio de contraste entre éste detalle y el acercamiento arábigo que puebla el fondo y la base del corte.

En “Numb (Incipit, Climax and Coda)” nos encontramos con uno de los viajes más psicodélicos de toda la nueva obra de los italianos. Un corte de casi 9 minutos donde la variabilidad instrumental, los cambios de ritmo, las atmósferas extrañas creadas por el teclado, determinados samplers y algunos toques de guitarra se ven equilibrados por los reconocibles solos de guitarra que van apareciendo a lo largo de su desarrollo, mientras la voz de Diego cambia a voluntad, interpretando y sintiendo cada una de las fases mentales que nos transmite la letra. En intensa y penetrante, aunque algo más sosa de lo normal, convierten el estupendo trabajo de guitarras acústicas a “Washing out Memories”, mientras que en “New Life” disfrutamos de nuevo de la banda en formato semi-instrumental desarrollando toda su técnica y explotando en un sorprendente coro, lleno de vida y alegría, hacia el final del tema.

Vamos acabando nuestro viaje y nos topamos de lleno con un “Fading Out Pt. III” de cadencia absolutamente arábiga pero interpretada con sensibilidad flamenca, haciendo un buen uso de la guitarra española y, mientras, insertándolo en un duro intermedio de un desarrollo instrumental potente y muy guitarrero. El final llega y, como no podía ser de otra forma, le toca el turno definitivo al tema que da título al disco, un corte que en su desarrollo de más de 9 minutos apela a la épica en su desarrollo instrumental, cambiante, como siempre, pero dotado de un coro grandioso y emocionante que desemboca, como si del fluir de un río se tratase, en el mismo mar en que había comenzado esta historia hacía algo más de 60 minutos.

Satisfechos de haber vivido una gran experiencia solo nos quedan dos caminos posibles: 1- Volver a disfrutar de esta gran obra de rock progresivo que, como debería ser en todas ellas, no solo sienta cátedra instrumentalmente, sino que evoca y transmite a la vez que arriesga. 2- Acercarnos al resto del catálogo que posee esta banda italiana que, de seguro y tras haber experimentado en nuestras carnes “Phlegethon”, sabemos que no nos va a defraudar.

Puntuación: 8,9

Discográfica: Scarlet Records

Autor: Daniel Velasco Alonso

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