Lemmy – La autobiografía

Crítica

El mundo sin Lemmy Kilminster no es lo mismo. Y parece mentira, pero ya han pasado tres años desde la muerte de uno de los personajes más queridos y admirados del planeta rock. En 2002 Lemmy publicó su autobiografía conjuntamente con la periodista Janiss Garza. -Quizá algún día debamos hablar sobre cómo se hacen estas biografías, pues, obviamente, dudo que el bueno de Lemmy dedicara ni cinco minutos para escribir nada-. Sé que no es precisamente un libro nuevo, pero la reciente reedición añade algo más de picante a un libro imprescindible, tanto para conocer a uno de los grandes iconos del rock duro, como a una de las bandas más admiradas de la escena: Motörhead.

La biografía es pura diversión. Muchos datos, anécdotas e historias contadas por un Lemmy que muestra su personalidad sin ningún tipo de engaño ni censura. Tiende a divagar y a cruzar historias, por lo que el trabajo de Garza creo que ha sido muy importante a la hora de darle al libro una linealidad y coherencia, que empieza desde su más tierna infancia con un padre huido, capaz de dejar a su madre sola al cuidado de la familia.

La obra se abre en esta reedición con unas líneas que pronunció Lars Ulrich (Metallica) en el funeral de Lemmy. Realmente Lars fue un auténtico metalhead, un die hard fan de Motörhead, y puede que el verrugoso bajista fuera la influencia definitiva para que se decidiera a crear una banda como posteriormente fueron Metallica. Incluida la mítica foto del propio Ulrich vomitando en el backstage de Motörhead.

Hay en el libro muchas frases que han pasado a la historia y que muestran perfectamente cómo fue Lemmy como músico y persona. Puede que todos los tópicos y leyendas que circulan sobre él queden aquí perfectamente plasmados. Lemmy vivió como siempre quiso. Adicto a la carretera, fiel a unos principios rudos y adicto a sustancias psicotrópicas y al sexo. El Jack Daniels con cola y las piezas de coleccionista de la Segunda Guerra Mundial fueron sus otros grandes amores. Puede que muchas de sus opiniones puedan ser controvertidas y políticamente incorrectas, pero a Lemmy le importaba tres pimientos lo que pensaran de él.

Cuenta en el libro etapa por etapa, siendo sumamente interesante los inicios, especialmente cuando estuvo con Hawkwind. El tránsito hacia Motörhead y su dura peleas hasta llegar a la cima con “No Sleep ‘til Hammersmith”. Cuenta mil anécdotas sobre todos y cada uno de los componentes que pasaron por la banda, y a decir verdad, hay muchos momentos surrealistas propios de Spinal Tap. Curioso es también e respeto que siente Lemmy por e horóscopo o el odio que le suscita lo vegano.

Disco a disco nos cuenta cómo se gestó, su relación con los productores y músicos, pero sobre todo con las discográficas a las que ha llegado a odiar con toda su alma. Salpica la narración de opiniones sobre la vida y deja patente qué discos son los que más ama. Curiosamente “March or Die” y “1916” están entre los elegidos. Y a pesar de decir lo orgulloso que está de sus últimos trabajos, les dedica unas breves líneas y se nota que la emoción no es la misma con la que escribe sobre su material más pretérito.

Al final de libro hay un añadido en el que Steffan Chirazi nos cuenta todo lo que pasó desde 2002 hasta el fin de sus días. Personalmente me toca de cerca cuando a medio concierto Lemmy tuvo que abandonar el escenario de Wacken, pues allí estaba yo. Sorprende la entereza con la que el bajista encajó sus últimos días haciendo bueno el dicho de “genio y figura hasta la sepultura”. Puede que haya libros biográficos más trepidantes y con muchos más excesos, pero si eres fan de Motörhead, o no conoces a Lemmy, este es un libro sincero y auténtico que se lee con pasmosa facilidad. Imposible no terminarlo sin recurrir a la discografía de «Motor» una vez tras otra.

Autor de la reseña: Jordi Tàrrega

 

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