Crítica
Ocho años después de la muerte de Lemmy Kilmister, el nombre de Motörhead sigue tan vigente como su sonido: feroz, directo y sin concesiones. A diferencia de otros legados del rock que han sido exprimidos hasta la saciedad, el catálogo de Motörhead ha sido gestionado con cabeza y respeto. No ha habido reediciones innecesarias ni remixes desvirtuados; lo que ha salido a la luz —como la serie The Lost Tapes o la reciente recopilación We Take No Prisoners— ha tenido sentido tanto para los fans como para la historia del grupo. En este contexto de cuidado curatorial, aparece ahora un lanzamiento inesperado y valiosísimo: The Manticore Tapes.

Este nuevo documento sonoro no es un simple artefacto para coleccionistas. Es mucho más: es una mirada directa al momento fundacional de Motörhead tal y como hoy lo conocemos, antes del éxito, antes del mito, cuando el rugido apenas estaba cobrando forma. Grabado en el verano de 1976 en los estudios de Emerson, Lake & Palmer en Fulham, Londres, este material recoge las primeras sesiones con la formación clásica de Lemmy, Fast Eddie Clarke y Phil “Philthy Animal” Taylor.
Estas grabaciones tienen lugar en un momento crucial de la historia de la banda. Lemmy, recién expulsado de Hawkwind, se encontraba aún bajo contrato con United Artists, lo que llevaría a la publicación póstuma del álbum On Parole (un disco que no reflejaba todavía el carácter de Motörhead). En paralelo, Lemmy había empezado a perfilar un sonido más sucio y veloz, un híbrido entre el punk naciente y el rock and roll clásico, donde el bajo era protagonista y la distorsión una religión.
Es en estas sesiones de 1976 donde ese sonido comienza a cristalizarse, gracias al ingreso de dos piezas fundamentales: el guitarrista Fast Eddie Clarke y el baterista Phil Taylor. Ellos no solo completan el primer “power trio” canónico de la banda, sino que aportan la agresividad y la cohesión necesarias para empujar a Motörhead hacia la cima. The Manticore Tapes, en este sentido, es la semilla de todo lo que vendría después.
Desde el primer acorde, las cintas respiran urgencia y crudeza. La producción es escasa, el sonido es directo, casi demoledor por su falta de pulido. Pero precisamente ahí está su valor. No es un álbum terminado ni pretende serlo; es una instantánea de tres músicos encontrando su camino, experimentando sin pretensiones, pero con una convicción total.
La versión de “Leavin’ Here”, clásico de Eddie Holland compuesto junto a el trío Holland–Dozier–Holland, es un ejemplo perfecto: la batería de Phil Taylor suena como una locomotora descarrilada, el bajo de Lemmy truena sin misericordia y la guitarra de Clarke se retuerce con fiereza, como si el blues hubiera sido arrojado a un generador industrial.
En la primera lectura de “Motörhead” —tema que Lemmy había escrito para Hawkwind— ya se percibe el nacimiento de una estética: un ritmo repetitivo, hipnótico y cargado de veneno, que terminaría siendo uno de los himnos definitivos de la banda. Aunque aún con ciertos aires lisérgicos heredados de su etapa anterior, la canción ya apunta hacia el rock de alto octanaje que Motörhead abrazaría con furia en los años siguientes.
El mayor mérito de The Manticore Tapes es que no necesita justificar su existencia por la calidad técnica de las grabaciones ni por su valor comercial. Su importancia reside en su autenticidad histórica y emocional. Escuchar a estos tres músicos en ese instante es ser testigo de la combustión inicial de una banda que cambiaría para siempre las reglas del rock. No hay adornos. No hay artificios. Solo una energía brutal, sin pulir, que en poco tiempo tomaría forma definitiva con discos como Overkill (1979), Bomber (1979) y, por supuesto, Ace of Spades (1980).
La decisión de no haber lanzado este material antes también habla bien del respeto con el que se ha tratado el legado de Motörhead. Podría haberse publicado hace años, como relleno o nostalgia mal entendida, pero no fue así. Sale ahora, en el momento adecuado, con el contexto necesario y con la presentación justa. Es un testimonio más de que la historia del rock no siempre está escrita con hits, sino con decisiones, con ideas que surgen en pequeños estudios, con bandas que todavía no son leyenda, pero ya están condenadas a serlo.

The Manticore Tapes no es un disco para quienes buscan los éxitos clásicos de Motörhead. No encontrarás aquí ni Ace of Spades ni Iron Fist. Pero sí hallarás el primer rugido real de una bestia indomable, el sonido de una banda definiendo su identidad con sangre, sudor y volumen. Es el documento que faltaba para comprender cómo y cuándo nació verdaderamente Motörhead, no solo como banda, sino como entidad cultural.
Este no es el mejor disco de Motörhead, ni pretende serlo. Pero sí es uno de los más importantes. Porque nos recuerda que toda leyenda tiene un origen humilde, caótico y ruidoso. Y en el caso de Motörhead, ese origen suena exactamente como esto.
Listado de temas:
01. Intro (Instrumental)
02. Leavin’ Here
03. Vibrator
04. Help Keep Us On The Road
05. The Watcher
06. Motörhead
07. Witch Doctor (Instrumental)
08. Iron Horse / Born To Lose (Instrumental)
09. Leavin’ Here (Alternate Take)
10. Vibrator (Alternate Take)
11. The Watcher (Alternate Take)
Line Up:
- Lemmy Kilmister – Voz y bajo
- “Fast” Eddie Clarke – Guitarra
- Phil “Philthy Animal” Taylor – Batería





