OPETH - HERITAGE

Crítica

Tres años después de “Watershed”, los suecos Opeth vuelven para ofrecernos su décimo disco de estudio, una obra ha la que han llamado “Heritage” y que los fans llevábamos aguardando prácticamente desde que escuchamos su anterior lanzamiento. En “Watershed” la banda nos mostraba una reinvención de su sonido, alejándose notablemente de las vertientes más agresivas y extremas de su música y centrándose en un rock/metal progresivo con unos aires muy setenteros y unas atmósferas muy oscuras, aunque la presencia de elementos cercanos al Death Metal seguía presente en cortes como “Heir Apparent” o “Lotus Ester”.

En este nuevo esfuerzo la banda ha seguido esa línea evolutiva y nos encontramos con un disco en el que han desaparecido los guturales y los elementos más agresivos de su música, para ofrecernos un album lleno de oscuridad y fuerza en el que predomina la esencia progresiva, el sonido del Hammnond y la búsqueda del misterio y la sorpresa. El comienzo del disco llega bajo el nombre de “Heritage” y se trata de una íntima e intrigante Intro con el piano como protagonista (interpretada por el nuevo teclista del grupo Joakim Svalberg, aquí ejerciendo como invitado), resultando en una pieza verdaderamente admirable (y con una patente influencia de Satie) y que sirve de puente para “The Devil’s Orchard”, un corte que nos inunda desde el principio con la fuerza de las guitarras de Akerfeldt y Akesson, con la precisión y energía de la batería de Axenrot y con la maestría de Per Wiberg (que durante la grabación aún formaba parte del grupo) en todo lo relativo a las teclas. Pero si hay que destacar algún elemento sobre el resto ese es el bajo: Martín Mendez se muestra más en forma que nunca en un tema en el que nos sorprende cómo Opeth son capaces de construir un corte potente, oscuro y casi agresivo sin recurrir a ningún elemento propio de las vertientes más duras del metal; tan solo con una buena construcción atmosférica y una interpretación al alcance sólo de los más afortunados.

“I Feel The Dark” continúa introduciéndonos en el mundo que nos ha preparado el combinado sueco en este nuevo disco. Con una interesante guitarra acústica siempre al fondo, pero con una presencia casi protagonista y un Mikael Akerfeldt muy fino en su trabajo vocal (resulta sorprendente la mejoría que ha experimentado en esta faceta en los últimos años), la canción se desenvuelve por una composición que a simple vista resulta casi minimalista, pero que con el paso de las escuchas nos revela una sorprendente cantidad de detalles: cada segundo que dura esta pista guarda una profunda y estudiada esencia. El tema parece dividido en dos partes cuando, hacia la mitad, la melancolía inicial se torna en un pasaje mucho más potente y con mayor distorsión, que parece envolvernos en una tormenta de oscuridad y misterio. Pocos grupos hay capaces de poner en un disco canciones tan estudiadas como Opeth y conseguir, además, que suenen sorprendentemente orgánicas, frescas y espontáneas.

“Slither”, con un feeling mucho más “heavy” y un sonido menos oscuro y más directo, fue compuesta como un tributo a Ronnie J. Dio. El tema, aunque cómo ya he dicho es más abierto y directo, sigue mostrándonos el sonido y la personalidad de un grupo al que, casi sin querer, le sale una composición arrolladora, en la que han construido un sobrecogedor castillo de detalles y melodías sobre una estructura bastante clásica y nada enrevesada. Se trata de una canción que prácticamente te deja ver a través de ella si así lo deseas, pero en la que puedes detenerte a cada paso para apreciar sus dibujos y sus cuidadas formas. Será uno de los temas que mejor funcionen en directo con casi total seguridad.

El siguiente paso es para “Nepenthe”, un tema con un fuerte peso ambiental y que resulta uno de los más difíciles de asimilar y comprender dentro del disco. En algo más de cinco minutos y medio Opeth nos presenta una pieza llena de luces y sombras, con recovecos por los que hay que pasar más de una vez para percibir todos sus elementos y detalles. Se trata de una canción que desprende por cada poro la esencia de la banda sueca y que resulta, al mismo tiempo, innovadora y casi transgresora dentro de su sonido, mostrándose como un tema calmado, mucho más típico de una banda de rock progresivo italiana de principios de los setenta que de un grupo como Opeth. La producción ayuda mucho a que el resultado del disco aúne de forma tan magistral el ambiente progresivo de los pioneros del género con la actualidad sonora y estilística de Mikael Akerfeldt y los suyos. La mano de Steven Wilson en la mezcla y la masterización en los Abbey Road Studios por parte de Peter Mew se notan positivamente. “Nepenthe”, además de todas sur virtudes compositivas, puede jactarse de contar con una de las mejores interpretaciones del disco: se vuelve harto complicado destacar una pieza sobre otra, ya que todos los miembros rayan a un nivel altísimo.

“Haxprocess” parece continuar en la misma línea, pero con una dosis más de fuerza, oscuridad y misterio en sus líneas. Per Wiberg y Mikael Akerfeldt se muestran especialmente destacados en este corte, en el que despliegan una calidad interpretativa más allá de lo sorprendente. La sección de cuerda de este tema también raya a un nivel altísimo y pronto vemos dibujado ante nosotros un precioso cuatro musical, plagado de sentimientos, de elementos enfrentados. En este corte es, posiblemente, en el que más relación se puede establecer con el anterior album del grupo: se trata de un corte que refleja muy bien que el trabajo que vemos en este disco es una evolución directa de su anterior LP. Podría decirse que “Haxprocess” es la herencia de temas como “Hessian Peel” o “Porcelain Heart”. Una composición solidísima y una interpretación a la altura hacen que “Haxprocess” sea un corte con vida propia, que se convierte con las escuchas en uno de los pasajes más emocionantes del disco (en especial con ese fantástico y sentido solo en el tercio final de la canción…). Sobresaliente.

“Famine” arranca con un comienzo bastante tribal y una atmósfera misteriosa, casi tétrica, que sirve de introducción para uno de los platos más fuertes del disco. La aparición del piano rompe con el particular arranque y nos guía suavemente hacia un terreno melancólico, cómo aquel que se adentra en el jardín descuidado y abandonado de un viejo caserón. Con la entrada de las guitarras y la batería nos topamos con un nuevo cambio de dirección. Esto nos señala una de las cualidades más significativas del tema: se trata de uno de los cortes más cambiantes del disco, con una estructura compleja y ligeramente enrevesada que nos guía a través de un pasadizo en el que podemos encontrarnos nuevos cambios y detalles en cada esquina y recoveco. La aparición de la flauta, el uso del Hammond y en general la habilidad del grupo para empastar cada elemento en su lugar construyen una imagen perfectamente perfilada, montada capa sobre capa, de modo que cada escucha nos revela un plano distinto del tema, de modo que la sorpresa sea constante y nuestra atención no se desvíe en ningún momento de esta fantástica pieza. Sus ocho minutos y medio transcurren en un suspiro, que finaliza con una outro tan misteriosa como la intro y nos deja en brazos de “The Lines In My Hand”, un corte notoriamente más escueto, pero no por ello menos trabajado. En menos de cuatro minutos nos encontramos uno de los temas más cuidados del disco, plagado de detalles. Se trata de una canción muy progresiva, por decirlo de algún modo, que parece construida sobre una suerte de solo de batería (que en realidad es “simplemente” un complejo conjunto de ritmos y algún adorno). Sobresaliente actuación de Martin Axenrot en los parches y no menos desdeñable esfuerzo de Fredrik Akesson en las seis cuerdas.

El efecto que produce la sucesión de los dos temas anteriores es ya de por si fantástico, pero se ve aún más complementado con la entrada de “Folklore”, posiblemente el corte que más me ha gustado en este disco. Se trata de una construcción muy sólida que combina todos los elementos que el grupo ha desplegado en este disco. Perfectamente interpretada, con una estructura que aúna a la perfección complejidad y sencillez y un cuidado mayúsculo en los detalles, la producción, los arreglos y, en definitiva, cada aspecto de la canción me llevan a decir que “Folklore” es casi una reinvención del rock progresivo más clásico, transformándolo en un sonido y estilo absolutamente vanguardista, sin perder un ápice de su esencia (lo que viene a suponer respetar plenamente la esencia última de un estilo que siempre ha buscado ir un paso más allá)

El final de la edición convencional de este trabajo lo marca “Marrow Of The Earth”, una pieza instrumental que lleva el sello de Opeth en cada nota, plasmando un sonido que ha día de hoy ya resulta fácil de identificar y asociar con la banda sueca. Se trata de una pieza íntima y con cierto aire melancólico que se identifica muy bien con el espíritu de este disco, y del grupo en general, y que cumple con creces el papel de “Outro”.

Para aquellos que se hagan con la edición especial de este lanzamiento el viaje todavía continúa, convirtiendo a “Marrow Of The Earth” en una suerte de magistral interludio y dando paso a “Pyre” y “Face In The Snow”, dos temas bonus que, como de costumbre, completan el disco y solo se quedan fuera de la edición convencional por ofrecer algún premio a los fans que busquen algo más, porque su calidad musical no tiene nada que envidiar al resto de cortes de este trabajo y sus detalles dejaré que los descubráis cada uno de vosotros.

Si ya de por sí tenía cierta predisposición para que me gustara este disco, he de decir que “Heritage” se ha convertido en uno de mis lanzamientos favoritos de este año y, sin duda, otro excelente album en la impecable carrera de Opeth, que continúan demostrando con cada lanzamiento que son, posiblemente, el grupo más en forma y más creativo de los últimos años (con el permiso de Orphaned Land y otras joyas como Riverside). Sencillamente imprescindible.

Puntuación: 10

Discográfica: Roadrunner Records

Autor: David Rodrigo (Coon)

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