OPETH - WATERSHED

Crítica

Llevaba mucho tiempo esperando este disco. Lo reconozco, soy un ferviente seguidor de este grupo. Elegí hacer esta review antes incluso de que se anunciara el lanzamiento del disco. Ahora ha llegado el momento de hacerlo y se me plantea el problema de cómo realizar el trabajo. Y lo digo porque este disco tiene tantos detalles, tantas variantes, tantas cosas que mencionar y comentar que más que una review debería escribir una tesis para hacerle justicia, porque cuando un grupo pone tanto cuidado en un disco, se esfuerza en construir canciones tan intrincadas, inteligentes y minuciosas, lo menos que puedo hacer es esforzarme al máximo para, en cierta medida, devolverles la pelota.

Watershed es una obra maestra. Y lo digo así, sin tapujos. Es el disco más distinto, progresivo y personal de Opeth hasta la fecha; para muchos seguidores del grupo será difícil de digerir y asimilar por completo hasta que el número de escuchas sea mastodóntico. Paradójicamente el mayor problema del disco es también una de sus mayores virtudes: se trata de un trabajo complicado y muy estudiado, lo cual se agradece muchísimo y es una delicia para los que somos devoradores de metal progresivo, pero hará que mucha gente con poca paciencia destierre el disco antes de tiempo. Para valorar este trabajo es necesario hacerlo por completo y ser capaz de ver las canciones como un todo transparente en el que distinguimos todos los detalles y entendemos su estructura, y esto lleva mucho tiempo en algunos temas de este trabajo.

Empezaré hablando de su primer corte, “Coil”, la canción más corta del disco, con unos arreglos soberbios. Se trata de un tema que conserva toda la esencia de Opeth pero abre nuevos horizontes en estructuras. Sin lugar a dudas lo que más llama la atención es la inclusión de una voz femenina por primera vez en la carrera del grupo. Si alguna pega puede ponérsele a este corte, es que a muchos nos hubiera gustado escuchar la voz de Akerfeldt y la de esta señorita interactuando. Pero eso son caprichos, y el corte es perfecto, íntimo e ideal para abrir el disco.

Lo siguiente no tiene nada que ver con lo anterior. La calma y la intimidad desaparecen en “Heir Apparent”, que se presenta como uno de los cortes más brutales y cañeros que Opeth ha compuesto en los últimos años, trayendo a nuestra memoria discos como “Morningrise” o “My Arms, Your Hearse”. Los arreglos son asombrosos y consiguen crear tensión y expectación hasta que el corte se desata en una furia de riffs y una base rítmica sólida, frenética, exacta hasta el ridículo. Estructuralmente no es el tema más transgresor del disco, pero si lo es la forma en la que los riffs y las melodías juegan y se mezclan. El tema sabe clásico pero al mismo tiempo nos dice a gritos que es nuevo, fresco y diferente. Sin lugar a dudas los dos nuevos miembros del grupo han sabido conservar la esencia de Opeth sin dejar por ello de aportar su toque personal. Las guitarras tienen un sonido muy característico del grupo, pero el estilo es bastante diferente al de Peter Lindgren. Y lo mismo podemos decir de la batería de Axenrot, igual de precisa de que la de Martín Lopez, pero mucho más potente.

En este disco Akerfeldt hace alarde de un estado vocal impresionante, con algunos de los mejores guturales de su carrera en mi opinión y, sin lugar a dudas, las mejores voces limpias que ha grabado jamás, puesto que en este redondo esa faceta brilla con luz propia. En los casi nueve minutos que dura “Heir Apparent” el grupo libera toda su rabia y nos da ligeras pinceladas de la progresividad, si tal término existe, que vamos a ver a lo largo del resto del disco.

El siguiente corte es uno de mis favoritos, fue uno de los adelantos que pudimos disfrutar de este trabajo y refleja con bastante fidelidad lo que es el disco. “The Lotus Eater” es una maravilla de casi nueve minutos que combina la fuerza, la elegancia, la rabia, la inteligencia y el feeling de todos los trabajos anteriores de Opeth, pero con un enfoque totalmente distinto, con un uso radicalmente diferente de las estructuras y las melodías y, sin embargo, manteniendo la esencia del grupo. Muy pocos son los que pueden jactarse de ser capaces de sacar un disco que rompa con su trabajo anterior y al mismo tiempo conserve los elementos básicos del grupo. Mikael Akerfeldt demuestra en este disco ser poseedor de uno de los mejores sentidos musicales de la escena actual. La peculiar épica que rodea a “The Lotus Eater” es un ejemplo evidente.

A continuación vamos a disfrutar de un tema como nunca Opeth había hecho otro, un corte en el que las melodías y los cambios estructurales alcanzan una nueva dimensión que solo la genialidad de este grupo es capaz de plasmar en un solo tema. “Burden” se llama la criatura. Siete minutos y cuarenta segundos de sentimientos a flor de piel, de un metal progresivo muy popular y al mismo tiempo complicadísimo y oscuro, lleno de luces y sombras, de radiante felicidad y profunda melancolía. Un tema que solo puede comprenderse con su escucha. Una joya sin valor calculable. Un diamante musical.

Estoy evitando entrar en detalles concretos sobre el uso de cada elemento en cada canción porque no me parece justo para quien no haya escuchado este disco; aquellos que descubran a Opeth con Watershed seguramente se harían una idea errónea con esos comentarios y para los que han seguido su carrera sería estropearles la sorpresa.

La siguiente delicia de este plástico lleva como nombre “Porcelain Heart”. Fue otro de los temas que tuvimos como adelanto y me consta que muchos lo cuentan entre lo mejor del disco. Es un tema enorme, muy bueno, realmente bueno. Y aún así me parece el más flojo del disco. Y no es porque sea malo o más conservador (de echo sigue la misma línea transgresora del disco y es un tema excelente) sino porque el nivel en el que rayan el resto de cortes me parece notablemente superior. Creo que esto dará una idea del nivel de este trabajo. No obstante, quisiera destacar el soberbio trabajo a las guitarras en este tema, en especial por parte de Akesson, que se presenta con letras de oro en este corte.

La siguiente canción tiene mucha tela que cortar. “Hessian Peel” es un monstruo de más de once minutos. En este estilo, esta duración no parece para tanto, pero el tema se presenta condensado, lleno de detalles. Absolutamente nada en esta canción está dejado al azar, todo está medido milimétricamente, cada nota cuenta. Es como un cuadro demasiado grande para abarcarlo de un solo vistazo, por ello requiere muchas, muchas escuchas. Ha sido este corte el que ha retrasado esta review más tiempo del que tenía pensado. ¿Nunca habéis tenido la sensación de que una canción era muy buena, pero tenía tantos detalles que simplemente no podíais abarcarla, porque al intentarlo os pasaba por delante sin daros cuenta? Eso me ha sucedido con este tema. He tenido que escucharlo muchas veces y centrarme cada vez en una parte distinta, en un detalle diferente, antes de poder apreciar el todo. Pero ha merecido la pena el esfuerzo porque ¡Que todo!. Probablemente sea el tema más complejo que Opeth hayan compuesto jamás y una de sus mayores genialidades. Merece la pena esforzarse en comprender esta joya. Además, hasta que no se aprecia “Hessian Peel” en su totalidad no se puede valorar “Watershed” en su justa medida, es una pieza clave.

La edición normal de este redondo la cierra “Hex Omega”, siete minutos más de magia. Fuerza, rabia y elegancia a partes iguales, conducidas por la prodigiosa varita del sentido musical más acojonante de la última década, dan forma a un tema muy grande, que sigue la onda del disco y nos ofrece alguno de los mejores arreglos y una de las composiciones más extravagantes que haya podido disfrutar últimamente. Sencillamente soberbia, un tema que con seguridad satisfará las expectativas de cualquiera.

Pero este trabajo no merece acabarse aquí, a pesar de durar casi una hora el disco se nos antoja algo corto, como si le faltara algo. Y efectivamente le falta, es “Derelict Herds”, un tema bonus que podemos escuchar en la edición especial de Watershed, además de un par de versiones. Se trata de un corte de unos siete minutos que refleja bastante bien la esencia de este disco, recordando a las ya conocidas “The Lotus Eater” y “Porcelain Heart”. Sin embargo, se me antoja un tema mucho más ecléptico que aquellos. La estructura de este tema y la forma en la que el grupo a utilizado cada elemento y distribuido el sonido es algo bastante arriesgado. Y lo digo porque temas como estos son los que pueden hacer a la gente dudar si Mikael Akerfledt es un genio o simplemente está loco. A pesar de no ser un tema largo, tomando los estándares del grupo, “Derelict Herds” requiere mucha atención por la cantidad de detalles y cambios que despliega. Sencillamente, una nueva maravilla.

A esto debemos sumarlos las versiones de “Bridge Of Sighs”, original de Robin Trower y fantásticamente interpretada o el tema “Den Standiga Resan”, interpretado en Sueco y original de Marie Fredriksson.

Sencillamente se trata de uno de los mejores lanzamientos del año, de un disco fresco, oscuro, potente y lleno de feeling. Sin lugar a dudas hará las delicias de los seguidores del grupo y de los aficionados a estos sonidos. Altamente recomendable. Tan altamente que debería ser asignatura obligatoria en todos los colegios e institutos del mundo.

Puntuación: 10

Autor: David Rodrigo (Coon)

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