PINK FLOYD – WISH YOU WERE HERE

Crítica

“Wish You Where Here” suele pasar un poco desapercibido cuando se habla de los grandes clásicos de Pink Floyd, sin embargo para muchos fans es un trabajo de tanta valía como “Animals” o los mismísimos “Dark Side Of The Moon” o “The Wall”. Y lo cierto es que no se puede negar que en este disco la banda británica consiguió plasmar uno de sus mejores momentos creativos, con algunas de sus composiciones más interesantes e inspiradas.

El buen momento compositivo del grupo (y de Roger Waters en particular) se ve fielmente reflejado en temas como la ácida “Welcome To The Machine”, la casi corrosiva “Have A Cigar” o, por descontado, la emotiva “Wish You Where Here”, surgida por la impresión que causó un Syd Barret gravemente deteriorado en Roger Waters.

Pero antes de ahondar en estos temas hay que dedicarle el tiempo que merece a la gran obra de este disco, la imponente “Shine On You Crazy Diamond”. Este corte, dividido en dos partes, abre y cierra el disco y, según palabras del propio Roger Waters, está dedicado a todos aquellos que han perdido la esperanza, que se han perdido en los laberintos de su mente, que se encuentran abstraídos del mundo por algún motivo y a todo su entorno. En parte, por supuesto, también está inspirada en el deterioro de Syd Barret.

Musicalmente se trata de una de las piezas mejor conseguidas de la historia discográfica del grupo, siendo uno de esos temas que ganan más y más cada vez que se escuchan, sin importar cuántas veces lo hayas hecho ya. El uso de instrumentos cómo el teclado Hammond o el Saxo, además de un gran arreglo en los coros y un cuidado detallismo en la línea melódica consiguen que “Shine On…” brille con luz propia (si me permitís el juego de palabras…) y se vuelva absolutamente adictiva. A título personal debo destacar otra vez la aportación del Saxo en este tema: se trata de un instrumento que me gusta especialmente y que, desde mi punto de vista, le otorga una personalidad muy definida y única a las canciones en las que aparece.

El hecho de que este tema esté divido en dos como apertura y cierre del album consigue el efecto de un disco casi cíclico, que parece querer reiniciarse solo cada vez que termina.

Los sintetizadores y el ambiente podríamos decir “oscuro” y pseudo-futurista creado en “Welcome To The Machine” han hecho que este sea uno de los cortes más reconocibles del disco, desde su primera nota hasta la última. Se trata de una feroz crítica a la industria musical (objetivo que comparte su seguidora “Have A Cigar”) y de una composición inspiradísima que innovó realmente en el uso de los sintetizadores en el rock y que podría considerarse casi precursora de los efectos que podemos ver hoy en día en grupos como Ayreon.

En “Have A Cigar” destaca la presencia de Roy Harper a las voces, siendo este uno de los pocos temas en los que no interviene ningún miembro de la banda en el apartado vocal. Se trata de un tema cuya letra critica la hipocresía y la avaricia del negocio musical, tratándolo desde el punto de vista de un incompetente ejecutivo de la industria. Se trata, posiblemente, del tema más potente del disco.

Una guitarra acústica domina el comienzo de la emotiva “Wish You Were Here”, sin duda un corte que merece dar nombre a uno de los álbumes más destacados de la carrera de Pink Floyd. Simplemente merece la pena escucharlo.

Sin lugar a dudas, cuando se menciona el nombre “Pink Floyd” todo el mundo piensa inmediatamente en “The Wall” y “Dark Side Of The Moon”, pero el mundo de una de las bandas más grandes de la historia del rock progresivo es mucho más amplia que esos dos discos y, entre sus muchos y muy buenos trabajos se encuentra esta pequeña joya de algo más de cuarenta minutos que no tiene absolutamente nada que envidiarle al resto de sus grandes obras. Disfrutadla, porque vale su peso en oro.

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