Transatlantic – The Absolute Universe

Crítica

Quinto larga duración del super-cuarteto neoyorquino de rock progresivo formado en 1999 por los veteranos musicazos Neal Morse (Flying Colors), Mike Portnoy (Dream Theater, Sons of Apollo), Roine Stolt (The Flower Kings) y Pete Trewavas (Marillion). Sus influencias musicales abarcan a los Beatles, Genesis, Yes, ELO, King Crimson, Queen, Floyd… y la temática fantástica sentimental impera en sus canciones, predominando el amor, la esperanza ante la fatalidad, la espiritualidad, etc…

Siete años han pasado desde su “Kaleidoscope”, hasta el lanzamiento de este conceptual “The Absolute Universe”, cuyas letras abordan la situación actual: la falta de contacto humano y la incertidumbre resultante… y que cuenta con dos versiones: The Breath Of Life (Version Abreviada) y Forevermore (Version Extendida). El trabajo se puso a la venta el pasado 5 de Febrero en diversos formatos (1 o 2 CDs, 2 o 3 vinilos, Blue-Ray y digital), vía Inside Out Music con 14 pistas de duración muy dispar y una hora de duración la abreviada y 4 pistas adicionales y media hora más la extendida.

Entramos en materia con la opulenta introducción instrumental “Overture”, que recuerda a Star Trek y es enorme en todos los sentidos, comienza con un duelo siniestro entre la ambientación sintetizada y los bends etéreos de guitarra de Roine que exprimen la melodía natural del corte, el cual gana ritmo, convirtiéndose en un tema cósmico, con varios pasajes de teclado, y que avanza al tran tran añadiendo elementos prog como el aporte coral, que luego escucharemos recurrentemente, por ejemplo, en “Belong”, presenta un sintetizador sideral, picos orquestales y varios pasajes hasta llegar a un interludio muy elegante de guitarra, a lo Michael Schenker, anestesiante y resplandeciente…, que se funde con el inicio de “Heart Like a Whirlwind”, tema cantado, con muchos detalles de teclado, gran base rítmica y una estructura más clásica de rock sinfónico setentero con delicados y afilados punteos que nos llevan al alegre y jubiloso “Higher than the Morning”, de armonías dulces, guitarras intensas, coros por capas y una sección de melotrón extendida, simple pero potente a su final, que sirve de transición a la estridente y de aires arábigos “The Darkness in the Light”, con una sección instrumental propia de las dunas del desierto pero, que cambia de métrica y nos lleva a un positivo, relajante y popero estribillo; además cuenta con la presencia del majestuoso Hammond y explora otros ambientes más sedantes y dulzones con relucientes y jazzísticos licks de guitarra y una base rítmica de onda funky que permanece inalterable hasta que enlaza con la acústica y espiritual “Swing High, Swing Low”, de aire country.., típico rock cristiano de interludios progresivos para un solo enrevesado de la misma guisa y… parones en seco para otras secciones sintetizadas y melosas.

Sin pausas entre pistas pasamos a la teatral y muy FloydBully”, bulliciosa, rápida y gamberra, con la banda en pleno y frenético vuelo instrumental que desemboca en la a tope de Mcartney “Rainbow Sky”, muy bonita y agradable pero, eso sí, popera a tope, que se solapa, a paso de reptil con la cruda y dramática “Looking for the light”, de tonos más oscuros y graves, que cuenta con una perfecta base rítmica de Portnoy, que se adapta perfectamente a la dualidad agresividad-suavidad en estrofa y coros… el lamento en las entonación de Morse y grandes licks bluseros entre secciones desembocan en una parte final que mantiene la tensión hasta los redobles rockeros de baquetas, que me recuerdan a The Who, y van a marcar el cierre del primer CD con una pieza llena de pasión “The World We Use to Know”, de ritmo Ringo Starr, y que constituye otro despiporre musical de 9 minutos de tensa calma, excesiva, tal vez, pues ya conocemos la gran maestría y profesionalidad de estos músicos, que no dan una nota de más de forma gratuita. Tres cuartos de hora y no se me ha hecho largo… la verdad, un disco para reflexionar en una ventosa mañana de domingo.

El segundo CD se abre con los coros celestiales del alegre y plácido pop rock “The Sun Comes up Today, también de estilo Beatle, cargada de energía positiva y ritmo acelerado y brillante, con reminiscencias de una miel setentera que enlaza, a modo de aperitivo, con el preludio en acústico de “Love Made a Way” hasta que… zas .. llega la tensa, pesada y experimental “Owl Howl”, el aullido del búho, ahí es nada, de onda Purple, con mucha pausa y silencios, cantada por la siniestra voz en off de Stolt, que transmite una sensación placentera de improvisación de los músicos con esos ambientes de órgano que dan sonidos etéreos, psicodélicos y enrevesados, casi fantasmales.
Le sigue una balada al piano… “Solitude”, donde canta Trewavas y reflexiona sobre la vida. Tiene punteos claros y emotivos de Roine, como para enternecer a un animal feroz y nos ofrece toda una declaración de sinceridad introspectiva de nueva actitud positiva… y a destacar, una hermosa orquestación de la sección de cuerda que se me antoja incluso bailable, como para terminar flotando entre sus nubes de algodón… muy azucarada por Dios.

El insoportable ruido de niños en el recreo del colegio da inicio a “Belong”, otra pequeña pieza quasi instrumental de suave toque jazz que ya me resulta familiar a estas alturas y que demuestra lo bien acoplados que están los cuatro músicos del transatlántico.
A renglón seguido otra mini-balada acústica de carretera “Lonesome Rebel”, cortita, evocadora y libertaria, con detalles de mandolina y buenos licks que realzan el texto pero que me resulta más pálida y desdibujada que el resto.
Luego viene el reprise de “Looking for the Light”, progresiva a más no poder, con protagonismo del sintetizador, muchos interludios tranquilizantes subiendo de tono, coros de fondo, punteos ya escuchados antes, y un final sideral que engancha con “The Greatest Story Never Ends”, que nos mete en un laberinto musical con una parte a varias voces muy extraña y operística que recuerda a Bohemian Raphsody pero no llega a su nivel, a mi entender, y que nos lleva a un final con carácter de himno adormecedor perfecto para enlazar con “Love Made My Way”, una kilométrica balada, con un Morse estelar, que apacigua las almas y cierra el círculo con un final épico que resume y remata la versión extendida de la obra.

Gran broche para esta versión extendida de un lanzamiento de rock serpenteante, recurrente y progresivo de la vieja escuela muy denso, extenso y recargado que suena a Transatlantic tal y como los conocemos: una experiencia sonora, un viaje con canciones entre-tejidas, inspiradas, pegadizas, brillantes, conmovedoras, con muchos detalles interesantes, y con varias melodías realmente memorables.
El rendimiento, la química musical del cuarteto y la producción son de primer nivel y obtienen puntos extra de originalidad por su variada presentación sin precedentes del material.

El álbum fue escrito, autoproducido y mezclado por Transatlantic en Suecia en el otoño de 2019 y el diseño del work-art de la portada cósmica y las ilustraciones fueron creadas por Thomas Ewerhard, con el dirigible de Pavel Zhovba.

Transatlantic son :

Neal Morse – Voz Principal, Teclados
Mike Portnoy – Batería y Coros
Roine Stolt – Guitarra y Coros
Pete Trewavas – Bajo y Coros

Listado de Canciones

(Versión Extendida):
Disco 1
1. Overture
2. Heart Like a Whirlwind
3. Higher Than the Morning
4. The Darkness in the Light
5. Swing High, Swing Low
6. Bully
7. Rainbow Sky
8. Looking 4 da Light
9. The World We Used to Know
Disco 2
10. The Sun Comes up Today
11. Love Made a Way (Prelude)
12. Owl Howl
13. Solitude
14. Belong
15. Lonesome Rebel
16. Looking for the Light (Reprise)
17. The Greatest Story Never Ends
18. Love Made a Way

Sello: InsideOut Music

Puntuación: 7 /10

Autor: Francisco Rodriguez Belmonte

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