WHITE LION – RETURN OF THE PRIDE

Crítica

El regreso del león blanco se esperaba con bastantes ganas por parte de los fans. El que hayan titulado al este nuevo disco “Return Of The Pride” hacía concebir a la gente algunas esperanzas de que el sonido del grupo volviese a los derroteros de 1987 con su mítico y genial “Pride”.

Lo primero que hay que señalar es que, en líneas generales, no han conseguido ese regreso sonoro. El disco tiene destellos de aquella magia que destilaron antaño, pero la tónica es diferente. También conviene señalar que se trata de un trabajo algo irregular. Cuenta con once temas (uno de ellos es un bonus track solo para Europa) de los cuales se pueden extraer tres temas excelentes, dos muy buenos y seis de relleno, que solo aportan algún riff o algún solo.

El disco arranca con “Sangre de Cristo”, un corte cercano a los nueve minutos, que comienza ejerciendo de intro para convertirse un tema cañero, con un riff interesante, una buena melodía y una estructura inesperada. El resultado es excelente, siendo uno de los mejores cortes del disco, combinando caña y garra con partes relajadas llenas de sentimiento. Empezar con una canción así es esperanzador de cara al disco, pero pronto comenzaremos a ver la realidad. El segundo tema se titula “Dream” y es una canción bastante estandarizada, Hard rock melódico con un buen solo, una melodía pegadiza y cierto aire de melancolía. Es un buen tema, pero no aporta nada fuera de lo normal, salvo algunos destellos a las seis cuerdas.

De la misma guisa es “Live Your Life”, con un estribillo interesante y algunos destellos guitarreros. “Set Me Free” es un tema que comienza muy relajado, con muchos aire de balada y guitarras acústicas, dejando entrever la posibilidad de que sea un tema diferente. No obstante, pronto cambia y deja entrar melodías y riffs más cañeros que lo único que consiguen es estandarizar un poco el tema. El resultado, no obstante, es razonablemente bueno. “Set Me Free” es posiblemente el mejor de esos temas “de relleno” de los que hablé.

Para muchos el que califique estos temas como material de relleno puede ser algo equivocado; voy a explicarme. Digo que son temas de relleno porque, observando los temas verdaderamente buenos del disco, es obvio que esta formación puede dar mucho más de si. “I Will” sigue en la misma línea que los tres anteriores. Ya casi nos hemos olvidado de la interesante “Sangre de Cristo” y asimilado que nos encontramos ante un disco que se vislumbra demasiado lineal, plagado de melodías tan pegadizas y dulces a veces llegan a ser empalagosas y con el triste consuelo de un solo o un riff aislado cuando “Battle At Little Big Horn” llega al rescate. El sexto corte del disco nos ofrece una pequeña intro antes de arrancarse en un riff de mucho calibre. La estructura del tema resulta sorprendente en contraste con los anteriores temas y el trabajo compositivo del tema se evidencia mucho más serio. Con cierto toque casi oscuro en su melodía y un estribillo asombroso, la voz, la batería y las guitarras conseguirán distintos efectos que hacen crecer a un tema que, tras un par de escuchas, se posiciona sin ningún género de dudas entre los mejores del disco, dotando al mismo de variedad y dinamismo. Matrícula para el solo, que me ha parecido simplemente genial.

Casi más sorprendente que “Battle At Little Big Horn” resulta el que, justo después, nos encontremos con otro tema realmente reseñable, la balada “Never Let You Go”. Esta canción es un río de sentimientos. Mike Tramp consigue un feeling realmente sorprendente con su voz, contando con la ayuda inestimable de Henning Wanner en las teclas. Compositivamente no es precisamente el tema más complicado del mundo, pero esta bien hecho, con una buena coherencia entre sus partes y bastante gusto. Un tema que sobresale más por su interpretación que por otra cosa.

Con “Gonna Do It My Way” y “Finally See The Light” volvemos a la tónica anterior. La primera se presenta ligeramente más interesante, con un corte algo más descarado o macarrilla (pero descafeinado y que se pierde en el estribillo). Lo más destacable en ambos casos vuelve a ser la guitarra de Jaime Law, que cuaja una interpretación enorme a lo largo de todo el disco.

“Let Me Be Me” no se desmarca de las anteriores y continúa en la misma tónica, aunque personalmente me parece mejor hecha. De todas formas, no aporta nada especialmente destacable salvo, nuevamente, el trabajo de Law a las seis cuerdas.

El disco “normal” termina aquí. El siguiente corte es un bonus track para Europa que se titula “Take Me Home”. Se trata de una balada sobre guitarra acústica que destila feeling y clase. A mi modo de ver es uno de los mejores temas del disco. Compositivamente es más complicada que “Never Let You Go” y la interpretación es como mínimo igual de valiosa. Mike Tramp y Jaime Law cosiguen un efecto realmente estupendo, con un acompañamiento de violín muy apropiado y un solo con la eléctrica lleno de sentimiento. Sin duda, es una suerte poder disponer de la edición europea del album para disfrutar de este tema.

Resumiendo, se trata de un buen disco, bien hecho y con un par de destellos de genialidad pero, en líneas generales, no es un disco del otro mundo. Los fans del grupo y del estilo pueden llegar a tenerle verdadero aprecio, porque ofrece todas las características del standard del estilo con una clase más que aceptable, pero salvo en un par de temas no aporta nada fuera de lo normal. Un buen disco, pero no sobresale y que pasaría desapercibido de no ser por «Sangre de Cristo», «Battle At Little Big Horn» y «Take Me Home», que le suben la nota.

Puntuación: 6,8

Autor: David Rodrigo (Coon)

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