HATEBREED ponen más calor en Sevilla // Sala Custom – 05/08/2025
El rugido del hardcore más visceral se dejó oír en la Sala Custom de Sevilla. Una cita marcada a fuego para los seguidores del metal más combativo, en la que Hatebreed, leyenda viva del hardcore neoyorquino, desembarcó con todo su arsenal de riffs cortantes, breakdowns demoledores y un mensaje que sigue tan vigente como hace dos décadas. La noche prometía intensidad, y vaya si la cumplió.

Llegamos con el concierto empezado con los encargados de abrir el ritual, que fueron los granadinos Oniric Prison, que salieron al escenario con la determinación de quien sabe que cada segundo cuenta. Con una propuesta actual, que mezcla groove, metal moderno y atmósferas opresivas, la banda andaluza ofreció un set breve pero contundente, muy bien recibido por un público que llenaba la sala desde primera hora. Su frontman, agresivo pero comunicativo, supieron conectar con la audiencia mientras riffs densos y bases rítmicas sólidas marcaban el pulso de un show que dejó huella, y que va haciendo que ganen un nombre que poco a poco se va viendo en más eventos.

Poco después, tras el oportuno cambio de instrumentos, las luces se apagaron y comenzó la intro de «Balls to walls» de Accept para marcar la que se nos venía encima en la sevillana y excelente Sala Custom. Bastó un rugido de Jamey Jasta para que se desatara el caos. Sin apenas mediar palabra, “To the Threshold” abrió la veda con una precisión quirúrgica. Desde ese momento, la sala fue un hervidero. El pit se abrió de inmediato, como un agujero negro en medio del público, y no paró hasta el último acorde.
Siguieron temas como “Destroy Everything”, “Perseverance” y “Looking Down the Barrel of Today”, himnos coreados al unísono, como si cada palabra fuese una consigna. La voz de Jasta , tan abrasiva como carismática, no solo escupía verdades a gritos: arengaba, levantaba al público, lo empujaba a reaccionar, a saltar, a gritar más fuerte. “Quiero que os quedeis sin voz”, soltó antes de “A Call for Blood”, y la respuesta fue inmediata: puños en alto, circle pits y una sala en ebullición.

El sonido, crudo pero bien equilibrado, permitió que cada instrumento tuviera su espacio sin perder un ápice de potencia. Las guitarras de Frank y el sustituto temporal de Wayne, sonaban afiladas como cuchillas, mientras que la batería de Matt Byrne machacaba como una apisonadora. Al bajo teníamos a Carl Schwartz, cantante de First Blood.
Hatebreed no dio tregua: ni baladas, ni pausas largas, ni discursos vacíos. Solo furia, sudor y compromiso. 55 minutos de pura intensidad, y pasusas de hidratación, y para que Jasta animara aún más al público so cabe con sus saltos y arengas y agradecimientos.
En la recta final, llegaron los clásicos imprescindibles y esperados: “Live for This”, “I Will Be Heard” y “Last Breath” terminaron de incendiar una noche que, sin duda, quedará grabada en la memoria de quienes estuvieron allí. Cuando las luces se encendieron y el eco de los últimos breakdowns se desvanecía, lo único que quedaba era la sonrisa exhausta de un público felizmente machacado.

Hatebreed no solo cumplió, sino que arrasó. Aunque fuera corto, no vinieron de paseo, y pese a no conceder ningún bis, hicieron que Sevilla respondiera como se espera de una ciudad con sangre caliente. Caras de satisfacción en general, por la intensidad, mas que por la cantidad.

Texto y fotos: Jose E.Egurrola

























