Veinte años de metal y entrada gratuita: así resiste el Atalaya Rock
El Atalaya Rock cumplió este sábado 10 de octubre veinte años de historia con una celebración a la altura de su trayectoria. El Pabellón Samuel Rodríguez de Pozal de Gallinas se convirtió en punto de encuentro para los amantes del heavy metal, el hard rock y los sonidos más contundentes, en una jornada que reunió a cinco bandas y a un público dispuesto a disfrutar de una larga noche de música en directo.
No era una edición cualquiera. Alcanzar dos décadas de vida supone un importante logro para un festival que mantiene su entrada gratuita y ofrece precios populares en barra, gracias al esfuerzo colectivo, la dedicación y el compromiso de la asociación que lo organiza y que, año tras año, trabaja para mantener viva esta cita con el metal. Detrás hay muchas horas de trabajo, esfuerzo y compromiso, pero también una comunidad que año tras año responde a la llamada. El aniversario sirvió, por tanto, para celebrar la música y reconocer la labor de quienes hacen posible que esta cita continúe creciendo.
Con la apertura de puertas prevista para las 19:30 horas, la actividad comenzó a las ocho de la tarde. Sonia, uno de los rostros más conocidos de la organización, subió al escenario para presentar a la primera formación de la noche, los locales Paraíso Terrenal.
La banda vallisoletana, formada originalmente en 2011, tuvo el honor de inaugurar el cartel con varias composiciones de Prisionero, su segundo trabajo discográfico. «Inmortal», «Quiero Ser» y «Condenado» formaron parte de una actuación que sirvió para calentar motores y poner de manifiesto la importancia de apoyar a los grupos de la zona. Una apertura cercana y directa para comenzar una noche que prometía emociones fuertes.

Después llegó el turno de Exodia, procedentes de Valencia. Su propuesta, marcada por el thrash metal y enriquecida con elementos de death metal y heavy tradicional, elevó progresivamente la intensidad. «Temples of Lies» y «Buried Alive», ambas pertenecientes a Into the Mouth of Hell, publicado en 2023, abrieron una descarga que continuó con «Future Generations» y «World’s Cancer». «150% Attitude», seguida de una sorprendente versión del clásico de Judas Priest «Electric Eye», pusieron el broche a una actuación explosiva, dejando el ambiente preparado para uno de los momentos más esperados de la velada.
Pasadas las 22:15 horas, el recinto, ya abarrotado, recibió a Su Ta Gar. Los veteranos músicos vascos regresaban a Pozal de Gallinas después de su anterior visita a la zona en el Galia Metal Fest de 2019. Su presencia tenía un significado especial para los seguidores del heavy metal cantado en euskera, una escena en la que la formación de Eibar ocupa un lugar destacado.
Aitor Gorosabel, voz y guitarra solista; Xabi Bastida, guitarra rítmica; Galder Arrillaga, batería, e Igor Díez, bajo y coros, tomaron posiciones para ofrecer un concierto cargado de historia. Gorosabel y Bastida, únicos miembros que permanecen desde los comienzos del grupo en 1988, representan la continuidad de una trayectoria construida con personalidad y fidelidad a sus raíces.

Tras arrancar con «Azken Gurutzada», «Horixe Naiz», «Erraietan Betirako» y «Arbasoen Mendekua», llegó el momento de interpretar íntegramente Jaiotze Basatia, su primer álbum, publicado en 1991. Lo que podría haber sido un simple ejercicio de nostalgia se convirtió en una demostración de vigencia. Más de tres décadas después, aquellas canciones siguen sonando con fuerza y conectando con distintas generaciones.

«Begira» fue uno de los primeros grandes momentos, con parte del público cantando prácticamente toda la letra. «Mari» también recibió una respuesta especialmente cálida, mientras «Zure Atzetik» y «Oinazearen Indarra» elevaron todavía más la intensidad. La emoción alcanzó su punto álgido con «Etsi Gabe» y «Jo Ta Ke», cuando numerosas voces se unieron para acompañar a la banda, creando una atmósfera de complicidad y entusiasmo que se extendió por todo el pabellón. Fue algo único comprobar cómo muchos asistentes recordaban las letras de memoria, mientras otros las cantaban como podían, demostrando que la mayor fuerza de la música reside en la capacidad de unir a las personas.
Después sonaron «Diruaren Esklabu» y «Haika Mutil», la versión del clásico de Mikel Laboa, antes de continuar con «Enborra» y «Alarma Egoera». Una actuación memorable que conectó pasado y presente sin perder un ápice de energía.
La noche continuó con Axxis, una de las grandes referencias alemanas del hard rock y el heavy metal melódico. Fundada en 1988, la banda alcanzó una notable repercusión con Kingdom of the Night, su debut de 1989, y desde entonces ha construido una sólida carrera internacional.
Después de interpretar «Coming Home», su vocalista, Bernhard Weiß, se dirigió al público para expresar lo encantados que estaban de regresar a España. Weiß, que se mostró en todo momento simpático, cercano y con un marcado sentido del humor, explicó entre bromas que su español no era demasiado bueno y que necesitaba una chuleta para dirigirse a los asistentes. Toda la nota la llevaba escrita en un folio, un detalle espontáneo que arrancó sonrisas y generó complicidad con el público. Una muestra más de que, además de grandes músicos, los alemanes saben ganarse a la gente con su naturalidad y buen humor.

El repertorio avanzó con «Little Look Back», «Lady Moon», «Blackest Vision» y «Touch the Rainbow», esta última coreada con entusiasmo. El solo de batería de Dirk Brand aportó otro momento destacado: las luces se apagaron para que las baquetas iluminadas brillaran en la oscuridad, creando una estampa muy celebrada.
La descarga prosiguió con «Trash in Tibet» y «Blood Angel», de su álbum Doom of Destiny (2007). Aunque el ritmo bajó ligeramente con «Stay Don’t Leave Me», la respuesta del público fue extraordinaria. Más adelante, «Living in a World» estuvo acompañada por una lluvia de enormes globos negros que volaron sobre las cabezas de los asistentes. «Kingdom of the Night» y «Na Na Hey Hey Kiss Him Goodbye» cerraron una actuación llena de melodía, recuerdos y simpatía. Muy grandes estos alemanes, tanto sobre las tablas como en el trato con sus seguidores.
La responsabilidad de cerrar el festival recayó en Killus, banda de Villarreal formada en 1997 y conocida por combinar metal industrial, electrónica y una estética oscura y teatral. No era la primera vez que los castellonenses pisaban el escenario del Atalaya Rock: ya estuvieron presentes en 2019, cuando también fueron los encargados de poner el broche final al festival. Diez años después, regresaban a Pozal de Gallinas para repetir esa responsabilidad y demostrar que su propuesta sigue más viva que nunca. Con influencias de grupos como Ministry, Marilyn Manson y White Zombie, el cuarteto llegó dispuesto a mostrar su nueva etapa, vinculada a Devilish Deeds, un trabajo conceptual que retrata un mundo desigual e inseguro.

«Skeletons of Society», «Ascending Antichrist», «Man-Made Tragedy», «The New Fucking Dance» y «Déjà Vu» marcaron una actuación contundente, cargada de distorsión y atmósferas industriales. Después llegaron «White Lines», «Burning Out», «Paralyzed», «Hypocrisy», «Feel the Monster» y «Ultrazombies», manteniendo la intensidad hasta el final. La sorpresa llegó con «Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)», el conocido tema de ABBA, transformado bajo su particular sonido oscuro.
El XX aniversario del Atalaya Rock terminó reafirmando la personalidad de un festival que ha sabido mantener sus principios y ganarse un lugar propio. Cinco bandas, un pabellón entregado y muchas horas de música para celebrar dos décadas de esfuerzo colectivo.

La entrada gratuita, los precios populares en barra y la ausencia de ayudas institucionales hacen todavía más meritorio el trabajo de una organización que sigue apostando por acercar la música en directo a todo el mundo. En Pozal de Gallinas, el metal es mucho más que un estilo musical: es convivencia, cultura y pasión compartida.
Veinte años después, el Atalaya Rock continúa en pie, fiel a sus raíces y mirando hacia el futuro. Y mientras haya bandas dispuestas a subirse al escenario y público con ganas de cantar, todavía quedará mucha historia por escribir. ¡Por Muchos Años Más!





































