Cirith Ungol - All The Shadows

Crítica

Hay regresos que sirven para alimentar la nostalgia y otros que demuestran que el legado de una banda sigue teniendo mucho que ofrecer. Con All The Shadows, su séptimo álbum de estudio, los legendarios Cirith Ungol parecen decididos a demostrar que su historia todavía tiene capítulos importantes por escribir. Lejos de limitarse a reproducir los esquemas de sus años dorados, el cuarteto californiano entrega un trabajo que mira directamente a sus raíces, recupera buena parte de su esencia más oscura y encuentra en su renovada formación una nueva vía para mantener viva su particular visión del heavy metal.

Desde su reunión en 2015, Cirith Ungol ha ido consolidando una segunda etapa que ha permitido a nuevas generaciones descubrir su inconfundible universo musical. Sin embargo, los cambios en la formación, especialmente las salidas de Greg Lindstrom y Jim Barraza, planteaban interrogantes sobre el futuro de una banda cuya identidad siempre ha estado estrechamente ligada a sus guitarras. La incorporación de Armand John Anthony como guitarrista principal suponía un desafío considerable y, aunque All The Shadows despeja buena parte de esas dudas, también invita a preguntarse hasta qué punto esta nueva encarnación puede mantener el equilibrio entre la evolución y la repetición de una fórmula histórica.

Uno de los grandes aciertos del álbum reside en su orientación estilística. La banda recupera esa atmósfera primitiva, sombría y ligeramente psicodélica que remite a sus raíces de finales de los setenta y principios de los ochenta, al tiempo que mantiene la densidad y el carácter apocalíptico que definieron clásicos como King of the Dead y One Foot in Hell. Los riffs lentos y pesados constituyen la columna vertebral de unas composiciones que se desarrollan sin prisas, creando el espacio necesario para que las melodías de guitarra desplieguen todo su potencial.

Sin embargo, esta apuesta por las raíces también presenta una contrapartida. La insistencia en los tempos pausados, las estructuras de combustión lenta y las atmósferas opresivas puede terminar jugando en contra de la fluidez del conjunto. Lo que en sus mejores momentos genera una tensión casi hipnótica, en otros corre el riesgo de convertirse en una fórmula demasiado previsible. La banda conoce perfectamente los mecanismos que hacen funcionar su sonido, pero no siempre parece interesada en llevarlos hacia territorios nuevos. La oscuridad está ahí, la épica también, aunque no todas las composiciones consiguen transformar esos ingredientes en canciones verdaderamente memorables.

El trabajo de Armand John Anthony es, probablemente, uno de los factores que más contribuyen a elevar el nivel del álbum. Sus solos, desarrollos melódicos y pasajes de guitarra aportan una dimensión expresiva que devuelve al instrumento una posición protagonista. La ausencia de Greg Lindstrom y Jim Barraza podía hacer temer una pérdida de personalidad, pero Anthony demuestra conocer bien el lenguaje musical de la banda y manejarlo con solvencia. Aun así, conviene distinguir entre la capacidad de reproducir una identidad reconocible y la de aportar una voz propia capaz de ampliar sus límites. En determinados pasajes, la brillantez de las intervenciones guitarrísticas resulta más evidente que la voluntad de las composiciones de escapar de los códigos clásicos del grupo.

El tema titular establece desde el comienzo las coordenadas del disco, mientras que «This Mortal Stain» apuesta por el protagonismo del riff y «Shallow Reflection» refuerza las conexiones con la tradición de Black Sabbath. Son referencias que encajan naturalmente en el universo de Cirith Ungol, aunque también evidencian una de las limitaciones del trabajo: su capacidad para evocar el pasado resulta, por momentos, más convincente que su intención de construir algo realmente inesperado. La familiaridad juega a favor de la banda, pero puede convertirse en un arma de doble filo cuando el oyente empieza a anticipar los movimientos de las canciones.

«On Broken Wings» representa uno de los momentos más interesantes del álbum. Su desarrollo atmosférico y su crecimiento progresivo permiten que la composición respire y que las guitarras construyan un recorrido emocional más elaborado. Es precisamente en estos pasajes donde Cirith Ungol demuestra que no necesita acelerar ni recurrir a artificios para resultar convincente. La cuestión es que esa capacidad no siempre encuentra un equivalente en el resto del repertorio, y el disco habría ganado con una mayor variedad de dinámicas y estructuras que ayudaran a diferenciar mejor unas canciones de otras.

También merece una mención especial Robert Garven. Su batería aporta solidez, precisión y una dinámica fundamental para que las composiciones mantengan su consistencia. Su interpretación sabe cuándo sostener el peso de los riffs y cuándo introducir variaciones que enriquecen el desarrollo instrumental. No obstante, el planteamiento general del álbum tampoco le concede demasiadas oportunidades para alterar el curso de las canciones: la base rítmica cumple eficazmente su función, pero permanece, en buena medida, al servicio de una arquitectura compositiva deliberadamente conservadora.

Y, por supuesto, está Tim Baker. Su interpretación vocal continúa siendo uno de los elementos más reconocibles de Cirith Ungol, con ese timbre agudo, teatral y áspero que difícilmente podría confundirse con el de cualquier otro cantante. Su personalidad sigue siendo una de las grandes fortalezas del grupo y encaja perfectamente en el imaginario apocalíptico de estas canciones. Sin embargo, la singularidad de su voz no convierte automáticamente cada interpretación en un momento memorable. Su expresividad resulta mucho más efectiva cuando la composición le ofrece espacio para desarrollar tensión y dramatismo que cuando debe sostener pasajes cuya principal virtud es la reiteración de una atmósfera ya establecida.

En conjunto, All The Shadows funciona mejor cuando se escucha como una obra completa, pero esa continuidad atmosférica también puede acentuar cierta monotonía. La cohesión es una virtud, aunque no debería confundirse con la ausencia de contrastes. El predominio de los riffs lentos, las melodías sombrías y los desarrollos prolongados construye un paisaje sonoro reconocible, pero deja menos espacio para esos cambios de intensidad que podrían convertir una buena colección de composiciones en un álbum verdaderamente excepcional.

La producción, realizada por la propia banda junto a Armand John Anthony, mantiene el foco en las guitarras, la contundencia rítmica y la expresividad de las interpretaciones. La aproximación orgánica resulta coherente con la identidad del grupo, aunque el peso de esa estética clásica refuerza la sensación de que el álbum mira constantemente hacia atrás. No se trata de exigir a Cirith Ungol una modernización artificial, sino de reconocer que respetar una tradición no tiene por qué implicar permanecer dentro de sus límites más cómodos.

La portada de Michael Whelan, por su parte, encaja con el universo fantástico y oscuro que acompaña históricamente a la banda. Su imaginario refuerza la dimensión mitológica del proyecto y contribuye a presentar el álbum como una nueva incursión en ese mundo de decadencia, fatalismo y épica maldita que los californianos han convertido en una seña de identidad.

La comparación con Forever Black y Dark Parade resulta inevitable. All The Shadows ofrece argumentos suficientes para situarse entre los trabajos más interesantes de la etapa posterior a la reunión, especialmente por el protagonismo de las guitarras y por una orientación estilística que conecta con las facetas más atractivas de su legado. Sin embargo, afirmar que alcanza o supera el nivel de sus clásicos históricos exige una perspectiva más cautelosa. La fuerza de King of the Dead o One Foot in Hell no reside únicamente en su sonido, sino también en el carácter singular con el que aquellas obras definieron una personalidad irrepetible. El nuevo álbum recupera parte de esa esencia, pero todavía debe demostrar que posee la misma capacidad para trascender su contexto y permanecer en la memoria más allá del entusiasmo inicial.

En definitiva, All The Shadows es un disco notable que confirma que Cirith Ungol sigue teniendo razones de peso para continuar. Sus mejores momentos son contundentes, oscuros y melódicamente inspirados, y la aportación de Armand John Anthony demuestra que la banda puede sobrevivir a cambios importantes sin perder su identidad. Pero el resultado no está exento de limitaciones: cierta previsibilidad compositiva, una diversidad moderada y una dependencia evidente de los códigos de su propia historia impiden que el álbum alcance una grandeza incontestable.

Quizá esa sea la paradoja de este regreso: cuanto más se acerca Cirith Ungol a aquello que lo convirtió en una banda de culto, más evidente resulta el riesgo de vivir permanentemente a la sombra de su propio legado. All The Shadows no resuelve por completo esa contradicción, pero consigue convertirla en un disco sólido, disfrutable y, por momentos, extraordinario.

El fuego sigue encendido, sí. La cuestión es si esas llamas todavía pueden iluminar nuevos territorios o si, en ocasiones, se limitan a proyectar las sombras de una leyenda que continúa siendo más grande que su presente.

Listado de temas:

All The Shadows
This Mortal Stain
Turning Blind
Shadow Reflection
Empty Tomb
On Broken Wings
Hollow Nimbus
Venus In Thirds

 

Line Up:

Tim Baker – Vocals, Background Vocals
Armand John Anthony – Guitars, Background Vocals
Jarvis Leatherby – Bass, Background Vocals
Robert Garven – Drums and Percussion, Background Vocals

 

Puntuación: 8/10

Discográfica: No Remorse Records

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