DREAM THEATER – A DRAMATIC TURN OF EVENTS

Crítica

Una vez más me siento ante el teclado con un disco de Dream Theater de fondo. Cuándo uno dedica gran parte de su tiempo a comentar porqué le ha gustado más o menos un disco, hay momentos que son casi un regalo, momentos que esperas con cierta ansiedad: aquellos en los que sabes que podrás explayarte sobre un disco que verdaderamente te apasione, con un grupo que se ha contado entre tus favoritos durante muchos años. La emoción de describir cada detalle que percibes en la música, la ilusión de hacer llegar tus impresiones a la gente, es algo casi impagable.

Por eso prepararse para analizar este “A Dramatic Turn Of Events” es casi doloroso. Y es que por primera vez en casi diez años (desde la salida de aquel “Six Degrees Of Inner Turbulence” que nunca llegué a disfrutar) Dream Theater me han decepcionado. Ya lo he dicho, pero el peso de estas palabras tardará un tiempo en abandonarme.

¿Y que han hecho los americanos para decepcionarme? Pues presentar un disco terriblemente irregular, con una producción muy por debajo de sus estándares (¡cómo se nota la ausencia de Portnoy!) y con un desarrollo compositivo que incluso llega a ser repetitivo y, en algún caso, incluso podría decir que aburrido. Con sus anteriores trabajos, que recibieron críticas muy dispares, defendí plenamente y con todo mi convencimiento el trabajo del grupo y critiqué duramente, por considerarlo falso, a los que empleaban el término “aburrido” con aquellos discos. Sin embargo, con este nuevo trabajo, no podré negar que hay pasajes que uno preferiría saltarse.

Pero centrémonos: estamos hablando de Dream Theater (unos Dream Theater sin Portnoy, cuya ausencia se deja notar) y eso implica una aclaración antes de proseguir: que nadie espere encontrarse un disco malo. “A Dramatic Turn Of Events” no es un mal disco, incluso podría decirse que es un disco razonablemente bueno y que habría sido un acierto moderado para más de un grupo, pero se trata de un trabajo notablemente por debajo de las posibilidades de esta banda.

Nuestro camino comienza con “On The Back Of Angels”, corte que la banda ha ofrecido como presentación de su nuevo trabajo y que se destapa pronto como uno de los mejores temas de este redondo. Se trata, a mi juicio, de uno de los pocos cortes en los que no sobra ni falta nada y en el que la producción, sin ser perfecta, muestra menos de sus carencias. No obstante hay un detalle negativo que si podemos apreciar desde el inicio y que se convertirá en una constante a lo largo de todo el plástico: James LaBrie, lejos de ser el asombroso vocalista que pudimos apreciar en su “Static Impulse”, se muestra fuera de forma y muy limitado. Desde el primer tema hasta el último es, posiblemente, el punto más negativo de este trabajo. Por lo demás, el tema nos muestra a un Petrucci muy enchufado (en contraposición a su compañero, es de lejos lo mejor de esta nueva obra), un John Myung tan fino como siempre, a Jordan Rudess tan exhibicionista como de costumbre y a un Mike Mangini que debuta a lo grande, con una interpretación que apenas nos hace echar de menos a Portnoy.

Este comienzo, con un tema que sigue la estética sonora de “Black Clouds & Silver Lightnings” combinando los elementos más clásicos del grupo con sus tendencias más potentes y actuales, parece augurarnos un más que buen disco, pero la continuación con “Build Me Up, Break Me Down” comienza pronto a mostrarnos los errores y carencias de este trabajo. Tras un arranque muy potente y bien hilado en el que podemos percibir la técnica del grupo, pero que me recuerda sorprendentemente a algo que ya vimos en el “Indestructible” de Disturbed, el tema desemboca en una construcción bastante típica para la banda americana, con saltos entre pasajes más melódicos y otros más agresivos, en una sucesión de eventos que resulta efectiva y atractiva durante las dos o tres primeras escuchas, pero que con las vueltas acaba haciéndose pesada y repetitiva. Se trata de uno de los cortes menos imaginativos que le he escuchado a esta formación en muchísimo tiempo. Cabe destacar, una vez más, el buen hacer de Petrucci y un interesante acierto por parte de Jordan Rudess en los arreglos, que consiguen levantar el tema, especialmente en sus partes más melódicas. Aunque bien estructurado y con pasajes interesantes, se trata de un tema muy por debajo de lo que nos tiene acostumbrados este grupo. El final, con una misteriosa y casi oscura atmósfera, es uno de los detalles más destacados del tema.

“Lost Not Forgotten” es el primer corte del disco que supera la barrera de los diez minutos. Comienza con una sección de piano muy gratificante, que da paso a la construcción de una melodía con cierto aire pseudo arábica. El medio tiempo inicial va ganando algo de fuerza y velocidad con la entrada de Mangini tras los parches (aunque bastante mejor que correcto, este es uno de los temas en los que más se extraña a Portnoy en la batería). Con una construcción estructural correcta y efectiva (aunque algo carente de creatividad, ya que parece un “collage” de varios temas de su anterior trabajo en este aspecto), el tema acaba, sin embargo, adoleciendo de un exceso de minutaje en el que la banda no ha sabido muy bien que hacer. Jordan Rudess comienza a mostrar señales de lo que acabará siendo un exceso de participación y auto-regalamiento del teclista y salvo pasajes como el que sucede entre los minutos 7:24 y 8:16, el tema se vuelve aburrido y excesivo. Un síntoma (el de no saber que hacer con los minutos) que la banda nunca había padecido hasta ahora. De nuevo el final, bastante épico, es uno de los puntos fuertes del corte.

“This Is The Life”, con alrededor de siete minutos de duración, es uno de los temas que más me han gustado en este trabajo. Se trata de una balada con trazas de medio tiempo en la que todas las piezas parecen encajar bastante bien. Sin llegar a cotas como “Vacant” o “Wither” (ni mucho menos mencionar cosas como “Surrounded”), se trata de un tema bastante digno para el grupo, en el que la producción no está tan fuera de lugar y LaBrie parece encontrarse algo más cómodo. Mangini y Myung consiguen dibujar una base rítmica sutil y agradable, sobre la que Petrucci y Rudess dibujan todos los adornos necesarios. De lo mejor del disco desde mi punto de vista.

“Bridges In The Sky” vuelve a posicionarse por encima de los diez minutos (en concreto once) y nos descubre una de las canciones más irregulares, posiblemente, de la carrera del grupo. El comienzo, atípico y con la presencia de arreglos e instrumentos muy poco habituales sobre una melodía misteriosa, oscura y muy interesante, parece augurarnos uno tema de categoría. Sin embargo en su desarrollo nos encontramos con pasajes verdaderamente sorprendentes e imaginativos y otros que bajan alarmantemente el listón, haciendo que el tema (que en líneas generales es potente y bastante acertado) se vuelva repetitivo y nos transmita la sensación de haberse grabado antes de estar completamente perfilado. Digo que es una canción irregular porque oculta en su interior algunos de los mejores momentos del disco y algunos de los peores: algo verdaderamente sorprendente en esta banda.

Con “Outcry”, aunque en menor medida, nos encontramos con más de lo mismo: un tema irregular en el que hay momentos estelares y momentos que más valdría haber dejado a la sombra. Pero al César lo que es del César: los buenos momentos de este corte son muy buenos, aunque eso no justifica los dos o tres minutos de más que tiene su minutaje.

“Far From Heaven”, con sus menos de cuatro minutos de duración, parece cumplir casi las funciones de un melancólico interludio (una función que ya cumplía “Vacant” en “Train Of Thought”). Se trata de una de las piezas mejor construidas del disco, que sabe hacer de su sencillez su mejor virtud, resultando preciosa, íntima y representativa de la calidad que siempre ha acompañado a este grupo.

Su final nos deja en manos de “Breaking All Illusions”, el corte más largo del disco con cerca de doce minutos y medio y que adolece de la misma enfermedad que sus congéneres: está lleno de altibajos y nos deja varios minutos de más, que resultan algo repetitivos y fuera de lugar. Posiblemente sea el tema que menos me ha gustado en este trabajo.

El final del disco lo marca el medio tiempo con aire de balada “Beneath The Surface”, que puede jactarse de contar con algunos de los mejores momentos del disco, pero no se escapa de la irregularidad general de la que adolece este trabajo.

Sin lugar a dudas la salida de Mike Portnoy del grupo se ha dejado notar en muchos aspectos, y en el que menos en la batería: la producción del disco y su desarrollo compositivo adolecen severamente la falta de una pieza que siempre había sido importantísima en el engranaje del grupo. No se puede decir que nos encontremos ante un mal trabajo, pero si ante un disco irregular que dista bastante de hacerle justicia al potencia de una formación como la que goza Dream Theater. Se trata, a todas luces, de un disco de transición, que ha visto la luz con demasiada precipitación y que podría haber sido mucho mejor de haberse madurado un poco más.

No obstante, los fans más acérrimos de la banda encontrarán consuelo suficiente en los momentos buenos del disco, y para más de uno compensarán todo lo demás. Se trata de “solo” un buen disco por parte de Dream Theater, algo que, como dije al comienzo, me resulta un tanto decepcionante, pero que confío será solo la consecuencia natural de un reajuste tan llamativo en su alineación y algo que se solucionará sin problemas en futuros capítulos.

Puntuación: 7

Discográfica: Roadrunner Records

Autor: David Rodrigo (Coon)

<< volver a discos