DRY RIVER – 2038

Descripción

Ni son ni serán una banda de masas, pero estamos ante uno de los grupos más interesantes del panorama rockero nacional. Los castellonenses DRY RIVER (nombre que viene del Río Seco de la capital de la Plana) nos ofrecen su tercer disco, tras los anteriores “El Circo de la Tierra” (2011) y “Quien tenga algo que decir… que calle para siempre” (2015), dos pedazos de discos en los que la calidad de sus músicos, una buena producción y unas canciones variadas y muy inspiradas, dejaron el listón bien alto para este trabajo que vio la luz el pasado 2 de febrero.

Siendo un grupo más maduro y con más muescas en su revólver… ¿han logrado superar el buen hacer de sus anteriores plásticos? Pues eso es lo que vamos a ver en esta reseña, siempre, claro según criterio personal e intransferible de quien suscribe.

Lo primero que tengo que destacar es el gran sonido que sacan a sus instrumentos, siempre perfecto, siempre en el sitio, con distorsiones adecuadas o con pureza cristalina en las guitarras, cierto sonido retro en las teclas (con preponderancia del “Hammond”), un bajo limpio y una batería que suena como debe, sin que la caja, una de las grandes perjudicadas de tantas y tantas grabaciones, sufra lo más mínimo. También son evidentes los guiños en algunos temas a ASFALTO (será que todo se pega).

El disco se abre con “Perder el Norte”, que comienza con una gran intro de teclas y guitarras, antes de que entre la voz limpia de Ángel, que navega por las alturas sin problemas. Es, como muchos, un tema melódico con buena base guitarrera y con un “finale” confiado a un tramo orquestal y a un amplio solo de guitarra antes de retomar el estribillo.

En parecida línea discurre “Fundido a Negro”, con riff sencillo pero efectivo, buenas voces, estrofa al trote y estribillo pesimista, que nos recuerda que nos estamos cargando el planeta sin remisión. Las dobles guitarras, el constante apoyo de las teclas y lo variado del colchón de las seis cuerdas en las diferentes estrofas son puntos a destacar de esta buena canción.

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“Rómpelo” es uno de los temas que menos me convencen por su estribillo, pero, con eso y con todo, no puedo dejar de reconocer que, instrumentalmente, es una gran pieza, con riff juguetón y unas estrofas bastante inspiradas, y con tremendo trabajo de las hachas de Carlos y Matías. El interludio instrumental es muy bueno: un juego de Hammond y guitarra muy logrado. Un tema que va de menos a más.

Y llegamos a uno de los adelantos: “Me Va a Faltar el Aire” es un temazo en toda regla con algún fallo al que me referiré. Su comienzo lírico con el piano y la voz, estalla en una subida que desemboca en un precioso estribillo lírico. En todo el tema, la voz de Mr. Belinchón destaca por su “feeling” y su clase. Gran momento: tras el tercer estribillo, melodía gloriosa y cantable muy, pero que muy conseguida.

Sin embargo, y es una constante en muchas canciones, encontramos hasta nueve palabras con su acento cambiado… y la verdad es que (repito: es opinión muy personal; tal vez una “capullada”) ese hecho desluce bastante los temas. Un silencio, una síncopa, solucionan el “problema”, pero son muchos los grupos que hacen lo mismo, tal vez sin darse cuenta de que las canciones pierden bastante en su “acabado”. Tenéis un par de ejemplos en el estribillo de “Rómpelo”, que repite “la vidá es un regalo”, o en la segunda estrofa de este tema que analizamos, en “para vólver álli”…

“Me Pone a Cien” es vacilona y bailable, comercial, como algún otro tema de los discos anteriores. Me gusta poco, la verdad; la que menos del disco. Mola la idea, mordaz, irónica, que alaba la muchas veces necesaria economía en la música, en la que no hacen falta miles de notas para sonar muy bien. Ángel llega a un fa agudo sin pestañear… ¡Envidia! :-)

“Camino”, sin embargo, es de mis favoritas. Comienza con las teclas (cuerdas) que ya anuncian que va a ser un tema nervioso frenético, con una letra que usa de forma recurrente el oxímoron, con partes acústicas, otras más guitarreras, con solo de Hammond, seguido de guitarras en armonía, y un precioso final que recrea la melodía del estribillo de manera tranquila con el piano y las cuerdas… en claro contraste con la atmósfera que ha llevado el tema. Muy completito, oigan.

En “Al Otro Lado” no puedo dejar de escuchar el “One year of Love” de QUEEN, una influencia clara de los castellonenses. Es un tema melódico, de ambiente calmo, con coros femeninos en línea casi góspel y que también me parece muy logrado.

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Y sigo con la idea, porque “Cautivos” tiene cierto aire a “’39” de la Noche en la Ópera. Sobre un rasgueo de guitarra acústica en la mayor, apoyada por bajo y percusión grave, de ambiente entre country, folk y rag, la voz de Ángel navega tranquila y segura por este buen tema, al que se unen el piano y las palmas para redondear un final seco, de cadencia perfecta.

El noveno es el mejor tema del disco, supongo que para muchos… al menos para los que gustamos de esa actitud más rockera, rayana en el metal progresivo, de la banda de Castellón; para los que flipamos gambas en su momento con “La Mujer del Espejo”. “Peán”, himno griego de batalla cantado por los vencedores, es la historia del que sale a pelear creyéndose héroe y vuelve dándose cuenta de que no es más que un opresor del vencido. Es una canción cambiante, variada, con riffs machacones, letra interesante y un trabajo musical de muchos quilates de todos y cada uno de los músicos. Es un pequeño “poema sinfónico rockero”, si se me permite el símil, de diez minutos, que no deja indiferente.

Su comienzo con las cuerdas, cae en una melodía épica, ya con doble bombo, que desemboca en el primer riff potente que se calma en la estrofa, más acústica; solo y nueva estrofa que nos lleva a un estribillo cantable que va a ir cambiando de ritmo y de letra a lo largo de la canción… ¡hasta en ¾, a ritmo de vals! Los episodios instrumentales son muchos, tremendamente variados, sorprendentes y de una inspiración realmente arrebatadora. ¡Y a los siete minutos momento JELLYFISH total! Impagable.

Para terminar, “Con la Música a Otra Parte” es un juego que tal vez no funcione bien como final del disco. Me suena un poco a DUNCAN DHU al principio y antes de cada estrofa, qué le vamos a hacer… y el estribillo es festivo de más. Sin duda, como todas las canciones, está muy bien hecha, pero su clima no me parece lo más acertado para coronar el plástico.

Resumiendo: yo me quedo con la frescura de los dos anteriores, pero éste no deja de ser un tremendo disco pleno de influencias, pero muy personal, que mezcla rock, metal, jazz, bossa… ¡rock ecléctico! Nos espera gira muy pronto, y esta vez sí recalarán por nuestras tierras. Hay muchas ganas de verles en directo, pues siempre he pensado que reproducir en vivo el minucioso curro que lleva cada tema tiene que ser la leche de difícil… Esperaremos hasta abril con ansia.

DRY RIVER son:

 
Ángel Belinchón – voz
Carlos Álvarez – guitarra, teclado y coros
Matías Orero – guitarra y coros
David Mascaró – bajo y coros
Martí Bellmunt – teclados y coros
Pedro Corral – batería
 

Listado de temas:

 
1. Perder el Norte
2. Fundido a negro
3. Rómpelo
4. Me va a faltar el aire
5. Me pone a cien
6. Camino
7. Al otro lado
8. Cautivos
9. Peán
10. Con la música a otra parte

 

Nota: 8/10.

Discográfica: Rock Estatal Records.

Autor: Manuel Martínez Ferrándiz.

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