HABEAS CORPUS – JUSTICIA

Crítica

Muchas veces, a la hora de hablar de evolución y madurez, automáticamente tendemos a pensar que sólo se puede llegar hasta allí pariendo canciones más melódicas y tranquilas. De forma equivocada creemos que esos dos términos sólo son viables a través del camino de la moderación, lo cual se convierte en algo contraproducente, pues de esta manera los condicionamos a seguir un guión previsible con un final ya escrito, limitándolos absolutamente.

Para valorar este octavo disco de Habeas Corpus es muy importante tener en cuenta este aspecto, pues me parece algo básico a la hora de analizar el nuevo camino que ha decidido tomar la banda. Desde las perspectivas superficiales que siempre nos ofrecen las fatídicas primeras escuchas (y digo fatídicas porque muchas veces nos confunden) se podría decir que estamos ante un disco más bruto (aunque tengo dudas de que sea un término acertado) que los anteriores. Y punto. Pero insisto, si queremos ser coherentes y hacer un análisis un poco más meticuloso y serio, no debemos olvidarnos de lo que dije al principio. Conforme he ido escuchando más veces el disco, he ido teniendo más claro que el “embrutecimiento” y la aceleración no tienen por qué ser incompatibles con la evolución y la madurez. Con esto quiero decir que tan lícita y admirable fue aquella evolución de Hamlet con su fabuloso “Syberia”, como esta (tan diferente) de Habeas Corpus, la cual viene fraguándose desde su anterior trabajo, “Basado en una historia real” (2006). En la música no tiene por qué existir un reloj que marque cuándo hay que hacer una cosa u otra, ni a partir de qué disco debes incluir según qué aspectos y eliminar otros. No obstante, Habeas Corpus siempre se ha caracterizado por ser un grupo con bastantes inquietudes y una mente muy abierta; no hay más que escuchar discos como “N.N” (el cual fue editado hace más de diez años) para darse cuenta de ello.

De todos modos, si bien en este trabajo ese endurecimiento musical es un hecho innegable, también es verdad que, en el fondo, no hay un cambio escandaloso. O al menos no tanto como el que se puede llegar a insinuar en una primera escucha.Y es que en bastantes de las canciones está muy presente el sello Habeas Corpus. Tan sólo es cuestión de estar atento. La voz sigue absorbiendo matices más ásperos en detrimento de aquellos tonos más agudos (y muy personales) a los que nos tenía acostumbrados MARS antes de que saliera “Basado en una historia real”, pero en ningún momento prescinde totalmente de ellos. De hecho adquieren un protagonismo bastante considerable en una estrofa fundamental del primer corte, “La riqueza es un crimen” o en “Control y vigilancia”, por ejemplo. En cuanto a lo musical, es cierto que las partes más hardcore han tomado el relevo de una forma consistente, pero sin perder ni un ápice de esa toque tan personal que siempre ha caracterizado al grupo, independientemente del disco. En ese sentido no puedo dejar de mencionar el mérito y la responsabilidad de su guitarrista, Mr Chifly.

Temas como “La razón del poder”, “Clase media”, “Ni una más”, “Hipogresía”, “Actitud libre y sana”, “Una cuenta pendiente”, “La religión es muerte” (donde las guitarras pesadas se hacen notar) o “Brutalidad policial” son los temas que ejercen de abanderados a la hora de representar esa aceleración frenética que mantiene un ritmo absolutamente demoledor de principio a fin. Pueden considerarse pues como las composiciones que más distan de aquellas a las que nos acostumbró el grupo y que fueron (y seguirán siendo) un referente indiscutible a la hora de hablar de una simbiosis perfecta entre metal y rap. Aunque en el apartado instrumental, algunos pasajes finales de “Brutalidad policial” e “Hipogresía”, podrían pertenecer perfectamente a canciones antiguas. En algún momento concreto algunas composiciones pueden pecar de planas, pero supongo que es algo inevitable en temas de estas características. Tampoco es una sensación que se haya apoderado de mi de forma generalizada al escuchar el disco, pues las ya mencionadas guitarras de Chifly (muy bien respaldado por el bajo de Víctor y la batería de Samuel, que acaba de abandonar la formación) intervienen de una forma muy acertada y oportuna, evitando que el sonido sea monótono y aburrido. Además, las canciones menos extremas ejercen una labor dosificadora importante.

Y es en este punto donde quiero hacer hincapié en una canción que tal vez se encuentra en medio del camino y que no sólo es mi favorita del disco, sino que la considero como una de las cinco mejores canciones de la discografía del grupo y una de las mejores que he escuchado en el metal estatal en los últimos años: “Después del último adiós”. Una canción estremecedora que emociona y demuestra que MARS no sólo sirve para escribir canciones con un alto contenido socio-político y reivindicativo, sino que también se defiende a las mil maravillas a la hora de abordar temas ajenos a ese ámbito. Un rotundo diez. Otros ejemplos de canciones que navegan por un terreno menos extremo son “No en mi nombre” (con unos acordes iniciales bastante nirvaneros) y “Consumismo”, las cuales seguramente enamorarán a las primeras de cambio a los seguidores que puedan ser más escépticos ante este nuevo giro que ha emprendido la banda.

En cuanto a las letras, decir que siguen teniendo ese toque explícito de denuncia social que caracteriza al grupo. Lo instrumental y lo lírico van muy unidos, pues percibo que la agresividad musical de gran parte de las composiciones va ligada a unos textos que desprenden una rabia muy acentuada, lo cual genera en el oyente la sensación de estar ante una conexión muy bien elaborada. Desconozco si ha sido algo premeditado, pero la verdad es que me parece algo acertado. ¿Se repiten las temáticas y el mensaje en algunas de sus letras? Sí. En “Justicia” se habla de capitalismo, de consumismo, de los malos de guante blanco, de violencia de género, del abuso de autoridad policial y del sectarismo religioso. Hay gente que critica que el grupo abuse de esta temática a la hora de expresarse. Discrepo. Yo pienso que lo más justo sería echarle la culpa a los responsables de que día a día sigan ocurriendo todas esas cosas de las que se queja MARS, en lugar de criticar a éste. Pero ese ya es otro tema. Se trata de un letrista que no tiene pelos en la lengua y que no se casa con nadie (atentos a “Hipogresía”). Me gusta mucho ese inconformismo tremendamente necesario del que hace gala. La palabra “extremismo” se suele utilizar de forma peyorativa, pero en este caso creo que nos encontramos ante un extremismo justificado y loable. Luchar hasta el extremo por algo en lo que crees me parece algo digno de aplaudir. Al analizar las letras (y ya no hablo sólo de las letras de este disco) siempre tuve la sensación de que habían sido escritas por una persona muy inteligente, con muchísimas inquietudes sociales y culturales, siendo ésto algo que personalmente agradezco mucho. Quejarse en las letras es muy fácil. Lo que es difícil es quejarse con inteligencia y transmitiendo credibilidad. Y eso MARS lo hace especialmente bien.

Cuando veais más abajo la puntuación que le he dado al disco deberiais saber de antemano que soy un enamorado de canciones antiguas como “Alernativa platino”, “Basta ya” o “Expresión directa”. ¿Qué quiero decir con esto? Que considero que he sido bastante objetivo. Y que sería una pena que esos seguidores más reacios sacaran conclusiones precipitadas basándose únicamente en esa primera escucha, y de pasada. Esa primera escucha que puede dar pie a un discurso superfluo y sesgado que simplemente se limita a afirmar que estamos ante un disco “simple y bruto”. Es un discurso que no hace justicia. Porque estamos ante un discazo.
Puntuación: 9

Autor: Joaquín Maidagan

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