IDIOTERNE - IDIOTERNE

Crítica

Una vez más tenemos que mirar de reojo hacia el madrileño barrio de Alameda de Osuna (inagotable cantera rockera) y quitarnos el sombrero. En tiempos en los que abundan los grupos que, por culpa de la impaciencia, cometen el error (comprensible, por otra parte) de publicar cualquier cosa con la excusa de hacerse escuchar, se agradecen ejemplos como el de Idioterne, que han esperado pacientemente hasta poder presentarnos su primer disco. Si bien estamos hablando de su LP de debut, esta banda sabe de qué va el tema, pues han sabido ganarse un nombre dentro de la difícil escena madrileña a base de curro y sudor, triunfando en los diferentes concursos a los que se presentaron y en los que, por cierto, hicieron gala de una apabullante superioridad musical (las cosas como son). Tampoco hay que olvidar que, pese a no tener ningún disco publicado, estuvieron tocando en prestigiosos festivales, tanto nacionales (Festimad) como internacionales (Popkomm). Vamos, que su carta de presentación se antoja inmejorable.

Desconozco si esta espera a la hora de editar el disco ha sido premeditada o si se ha debido a otros factores, pero estoy convencido de que, sea cual sea el motivo, le ha venido muy bien al grupo, ya que la solidez que demuestra este primer LP tiene mucho que ver con el hecho de que esta banda no es cosa de un día, sino que tiene mucho trabajo detrás, lo cual, en este caso, se traduce en garantía. En más de una ocasión he dicho que el talento no tiene por qué conducir necesariamente al éxito. Pero siempre defenderé que ese mismo talento es el atajo más fiable a la hora de triunfar. Si se tiene talento, es muy posible que ese reconocimiento (el de verdad, no el hueco) sea una realidad. Un disco debut siempre es un motivo de orgullo para cualquier grupo, pero en casos como éste el orgullo debe ser doble, porque el resultado salta a la vista: una auténtica joya. Y es que este trabajo homónimo no sólo es un excelente homenaje al trabajo bien hecho y un ejemplo a seguir, sino que también es un triunfo para el rock. Más quisieran muchas bandas consagradas sonar así.

Cuando escuché por primera vez el disco, aluciné. No daba crédito. Fue tan positivo el balance que pensé: «no sé qué habrán sentido esos chavales que escucharon el Nevermind por primera vez allá por principios de los 90′, pero supongo que será algo parecido a ésto». Ya sé que son palabras mayores, por todo lo que significa Nirvana a nivel mundial, ni tampoco pretendo compararlos pese a que en algunos temas en concreto existan similitudes. No me gusta abusar de las comparaciones en las reviews, ya que en muchos casos, por más que tengan buenas intenciones, de forma indirecta pueden infravalorar la autenticidad de la banda de la que se habla. Lo que quiero expresar con esa comparación con el Nervemind es que pocas veces se encuentran discos tan redondos y apabullantes de principio a fin, sin fisuras, sin lagunas, sin peros. Y lo digo abiertamente. Nunca me he identificado con esos críticos (qué fea palabra) musicales que están tan obsesionados con encontrarle fallos a los discos que acaban inventándoselos (muchas veces de forma caprichosa, malvada y absolutamente destructiva).

Antes de poder disfrutar de este disco tan sólo había escuchado dos temas que el grupo había grabado hace tiempo (Overlove y Reinvigorate, ambos incluídos en este trabajo). Reconozco que antes de hacerme con este trabajo daba por hecho (de forma muy ingenua y estúpida) que la «insuperable» Overlove sería la mejor canción del disco, o por lo menos la que más me gustaría. Qué equivocado estaba. Y es que, si bien dicho tema me sigue pareciendo una maravilla, el resto de las composiciones tienen un nivel tan alto que termina pasando desapercibida (es un decir). Estamos ante un disco cuya principal característica (y virtud) es que no se trata del típico álbum en el que hay una o dos canciones llamativas que ejercen de protagonistas principales mientras que las ocho restantes son simples figurantes o actrices de reparto. Desde el primer corte (Jive) al último (Cancer) el nivel se mantiene constante, sin altibajos, creando en el oyente la sensación de que el bostezo y el aburrimiento son dos utopías.

En los diez temas hay de todo. Empezando por Jive, un frenético, pegadizo y excelente single; pasando por la bailable The Fly And The Orchid; las ya mencionadas Reinvigorate y Overlove, el término medio y equilibrio de Solo; el vertiginoso Fuck Them All, Big And Small; la correctísima Devil Is In Hove; la frescura de los matices de Evolution; la preciosa introducción de piano (tocado por el propio Vick) y la entrada del bajo de Cancer, un fantástico tema con el que se pone punto y final al disco, incluyendo una letra tan tétrica como bonita.

No obstante, me gustaría dedicarle un párrafo aparte a un tema que no mencioné anteriormente. Se trata de Time & Soul, una auténtica pasada que me ha impactado especialmente. Si bien en cada tema se aprecian cosas que no se veían en el anterior, es aquí donde sobresale de forma más visible esa base stoner. La guinda perfecta. Enorme. En este tema en concreto es donde participa el único invitado del disco, el polivalente y carismático Miguel Leiva (Pereza), encargado de tocar la segunda guitarra. ¿Qué ocurre cuando se juntan cuatro tipos talentosos? Pues que el resultado final es impecable. Me encantaría ver la cara de sorpresa que ponen algunos de esos talibanes llenos de prejuicios al oir semejante temazo, porque Leiva demuestra una vez más que en este país hay pocos músicos que representen tan bien lo que es el rock and roll y su actitud. Insisto, es un tema espectacular.

Volviendo al aspecto global, debo decir que con cada escucha se percibe una labor meticulosa y perfeccionista a nivel de producción (se ha grabado en cuatro estudios diferentes). Tengo la sensación de que el formato trío encaja a las mil maravillas con el estilo de Idioterne, ya que ésto hace factible que el protagonismo de cada miembro quede marcado y delineado, apreciándose muy bien la función de cada uno, sin que ninguno quede marginado o relegado. Vick tiene la suerte de gozar de una voz inmejorable para este tipo de rock y además salva con nota la siempre difícil papeleta de ser la única guitarra. Lo avalan sus afilados y (premeditadamente) sucios guitarrazos que, paradojicamente, huelen de maravilla. El impecable, milimétrico y solvente bajo de Migui está muy presente en cada uno de los temas. Y por último, Juan Sebastián, con su pegada a la batería aporta una base segura y absolutamente sólida.

Otra de los puntos fuertes de esta banda es que tiene la ventaja (o bendición) de contar con un cantante (de orígen sueco) que domina el inglés (alterna su residencia entre Madrid y Brighton), lo cual puede ser un interesante trampolín para una futura proyección internacional, teniendo en cuenta que aquí somos un poco tontos a la hora de valorar lo bueno. No sería de extrañar que triunfaran antes en un país más avanzado en lo que a cultura musical se refiere. Pero ni aún así soy capaz de concebir que este grupo no triunfe (y ahora estoy hablando de lo meramente mediático, lo cual me parece positivo, siempre y cuando vaya unido al talento, como es el caso).

Así pues, los Idioterne ya forman parte de ese selectivo club de grupos que tienen que enfrentarse al envidiable y agradable marrón de sacar un segundo disco después de haber puesto el listón demasiado alto. Aunque, ahora que lo pienso, también parecía insuperableOverlove y lo superaron, ¿no?

TRACKLIST:

01 – Jive
02 – The Fly And The Orchid
03 – Reinvigorate
04 – Solo
05 – Fuck Them All, Big And Small
06 – Devil Is In Hove
07 – Overlove
08 – Time & Soul
09 – Evolution
10 – Cancer

IDIOTERNE son:

Vick Lindström: voces, guitarra y piano
Migui: bajo
Juan Sebastián: batería

Puntuación: 10

Autor: Joaquín Maidagan

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