JORDI SKYWALKER – CORAZóN DE PADRE ATóMICO

Crítica

Cuando supe que Jordi Skywalker volvía a la escena musical doce años después de dejar BUENAS NOCHES ROSE, me llevé una alegría tremenda. Sentí mucha curiosidad por ver con qué nos iba a sorprender este tipo peculiar y auténtico que, a mi juicio, fue uno de los vocalistas más carismáticos y enérgicos del panorama estatal de la década de los 90’ y parte importante de una banda grande que, con tan sólo tres discos publicados (el último sin su participación), consiguió convertirse en un grupo de culto que a día de hoy sigue estando vigente para muchos nostálgicos.

Más de una década después de la publicación de La danza de araña (último disco en el que escuchamos la voz de Jordi), nos encontramos con este Corazón de padre atómico; un retorno que, en una primera escucha muy general, deja claras dos cosas. La primera es que los nostálgicos de B.N.R no van a encontrar en este disco prácticamente similitudes con aquella banda, sino a un Jordi que, fiel a su sana costumbre, ha hecho lo que le ha apetecido.La segunda es que el artista no se ha metido en esta historia con el fin de hacerse millonario, porque vista desde un punto de vista mercantil es un suicidio comercial.

La cara visible de este trabajo es el single Babylon, tema engañoso donde los haya. La primera vez que lo escuché me quedé desconcertado, sorprendido (tal vez porque es un tema atípico). La segunda me hizo más gracia. A la tercera ya no me podía quitar de la cabeza su simpático (y no por ello carente de mensaje) estribillo. Para mucha gente este tema no será más que un panfleto con previsibles topicazos pacifistas, ecológicos y hippies. Yo soy de los que piensan que las cosas que se sienten hay que decirlas, por más que puedan sonar a tópicas. Es mucho más grave estar de acuerdo con un topicazo y callártelo por el miedo al qué dirán.

Y al escuchar a Skywalker no tengo la sensación de que se trata de una simple pose, sino la de un tío auténtico, de esos que están en peligro de extinción porque son capaces de hacer lo que les da la gana y se niegan a estar encorsetados (o al menos no aceptan que el corsé venga impuesto de otro lado que no sea las propias entrañas). Para más de una persona que lo analiza desde la distancia, Jordi tan sólo es un quedado al que se le va la pinza. Desde esa misma distancia tengo la sensación de que es el propio Jordi el que se descojona de los demás y el que podría darle muchas lecciones trascendentales a esa gente “cuerda”.

Después de escuchar el disco cantidad de veces, la conclusión a la que llego es que es un trabajo consecuente y sensato. Es el disco que tenía que sacar, un disco que huele a verdad. Creíble. Un disco que está vivo, entre otras cosas, porque no es perfecto (hay algún que otro fallo sin importancia que se ha quedado registrado y le da un toque espontáneo). Natural y crudo. Sin maquillaje. Casero (hasta los niños y los animales participan en él). Independiente, aunque no haya gafas de pasta de por medio. Artesanalmente elaborado. Austero pero mimado (en la grabación se implicó mucho Rubén Pozo, 50 % de PEREZA y compañero de Jordi en los Rose).

El típico disco imperecedero del que se hablará más dentro de X tiempo que ahora, gracias a algunas canciones que te alegran el día (lo cual no es poco) sin ser de usar y tirar y otras cuya magia está mucho menos arraigada a la superficie, siendo éstas las que consiguen que no sea un disco meramente entrañable y simpático, sino un muy buen disco . Un disco que crece con cada escucha y con cada detalle nuevo que descubres.

Burriquita podría servir como banda sonora para alegrarte un viaje Madrid-Cádiz por una carretera llena de baches, en un coche destrozado y sin aire acondicionado. Héroe de mi casa valdría como tema representativo de esa minoría formada por los hombres que sí ayudan en las tareas domésticas y luchan por compensar el machismo de guante blanco del siglo XXI. Muerte súbita es un tema sencillo pero con mucho estilo, redondo, bien hecho, elegante y finiquitado con una cuidada letra a modo de testamento y unos excelentes coros que no sólo arropan sino que hacen que la canción crezca más aún.

Amor cósmico es un señor temazo que, en momentos puntuales, tal vez no habría desentonado en La danza de araña. Simple es una declaración de intenciones que se quiere alejar de lo establecido en medio de una atmósfera muy campestre en la que guitarras, ladridos de perros y armónicas conviven en paz. Con Aimez, se llega a uno de los momentos más bonitos del disco. Una canción preciosa, se mire por donde se mire. “Chicas, coged la mano del chico al que queréis y no la dejéis esta noche, porque a lo mejor es la última. Chicos, coged la mano de la chica que queréis e invitadla a bailar, porque a lo mejor esta noche es la última vez que bailáis”, escuchamos en ella una vez que traducimos la letra (escrita en francés).

También destacan la equilibrada Walkabout…. y Círculo, ésta con un toque funky muy atractivo. Dans a la lune y Mule no sólo tienen en común que también están escritas en francés (Jordi pasó una temporada por tierras vecinas), sino que además serían capaces, con sus buenas vibraciones, de resucitar y hacer bailar (especialmente la segunda) incluso a un muerto.

Con Caravane, llena de sobriedad, y Canción india, Skywalker pone fin a este interesante viaje. Canción india es, sin duda, una de las joyas del disco. Si esta canción la hubiera compuesto cualquier cantautor célebre o consagrado, la pondrían en los colegios para explicar las miserias de la vida moderna. Enorme.

Con una letra sentida y profunda resume perfectamente la idiosincrasia y esencia del disco (y de su autor, en definitiva): “mi madre es la tierra, mi padre es el sol, mi abuela la luna, mi abuelo el cielo creador. ¿Cómo podría yo vender aquello que me dio la vida? ¿Cómo podría yo comprar el canto del mar? ¿Cómo poner precio al sol, la roca, el río y la nube si nadie puede guardar el amanecer? ¿Cómo podría yo vender lo que no han hecho mis manos? ¿Cómo podría yo comprar el bosque en la lluvia? ¿A quién le debo pagar la sed que calma la fuente si nadie puede guardar estrellas de nieve? Veo al hombre caminar deprisa para nunca llegar. Veo al hombre perforar la sierra para poder pasar. Veo al hombre arrancar la hierba  para poder sembrar. Veo al hombre matando a su hermano para encontrar  la paz. ¡Y digo no! ¡Hombres libres se levanten y hagan con sus lágrimas una canción!”.

Desde luego, muchos estarán decepcionados porque se esperaban otra cosa. Yo, aún siendo un profundo enamorado de B.N.R, me alegro de que Jordi haya querido arriesgar en lugar de sacar un disco continuista. Creo que todo tiene su momento y parte de la magia de aquel irrepetible grupo reside precisamente en que ya demostró todo lo que tenía que demostrar sin necesidad de dilatar y alargar su historia. De hecho no sería partidario de una hipotética reunión. Ser valiente es hacer lo que te da la gana, aunque la gente espere otra cosa. En esa faceta Jordi tiene un Máster. Y este disco, guste mucho, poco o nada, es una buena noticia para la música de verdad.

Puntuación: 8,25

Discográfica: Independiente

Autor: Daniel Velasco Alonso

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