Soulfly – Chama

Crítica

Casi treinta años después de su nacimiento, Soulfly sigue siendo un fenómeno en movimiento. Con su decimotercer álbum, Chama, Max Cavalera reafirma su condición de figura esencial del metal moderno, pero lo hace desde un punto de equilibrio inusual: entre la furia primitiva que lo impulsó desde Roots (1996) y una madurez que ya no necesita demostrar nada.

El título, que en portugués significa “llama”, define perfectamente la intención del disco: mantener vivo el fuego. Cavalera canaliza en Chama toda la intensidad de sus proyectos paralelos —Cavalera, Go Ahead and Die, Nailbomb— y la condensa en un álbum que vibra con rabia, identidad y sentido de propósito.

Desde el arranque con “Indigenous Inquisition”, Soulfly suena más salvaje y directo que en años. Los riffs son abrasivos, las baterías (a cargo de su hijo Zyon Cavalera) golpean como tambores de guerra, y el conjunto transmite esa mezcla de caos y groove que definió los mejores momentos de la banda a finales de los noventa.

El single “Storm the Gates” confirma esa sensación: guitarras afiladas, percusiones tribales y la voz de Max rugiendo con una vitalidad que muchos daban por perdida.

El bloque central del álbum mantiene esa tensión: “Nihilist” y “Ghenna” recuperan el espíritu death-thrash de Prophecy, mientras que “No Pain = No Power” y “Favela/Dystopia” abren paso a una furia punk y grindcore que, aunque algo desordenada, resulta contagiosa. La instrumental “Soulfly XIII” ofrece un respiro psicodélico y espiritual, siguiendo la tradición de los pasajes introspectivos que han acompañado a cada disco de la banda.

En Chama, Soulfly no busca reinventar la rueda, sino reencenderla. El álbum suena como una síntesis de todas las caras de Cavalera: el guerrero tribal, el predicador espiritual y el metalhead incansable. Hay un claro esfuerzo por recuperar la crudeza y el groove de los primeros discos (Soulfly, Primitive), pero sin renunciar al pulso extremo que ha caracterizado su etapa más reciente (Ritual, Totem).

Las colaboraciones —Dino Cazares (Fear Factory), Michael Ammott (Arch Enemy) y Todd Jones (Nails)— aportan músculo más que innovación, pero encajan de forma natural en el universo Cavalera: una comunidad de riffs, sudor y respeto mutuo.

El sonido de Chama es su gran acierto: crudo, orgánico y feroz, sin caer en la sobreproducción que lastró algunos trabajos anteriores. Cada instrumento tiene espacio y peso, y la mezcla resalta el pulso tribal que late bajo la superficie. El álbum consigue sonar moderno sin perder el toque terroso y ritual de los primeros tiempos.

Zyon se consolida como pieza clave: su batería no solo sostiene el caos, sino que lo impulsa con una fuerza primitiva que recuerda al Max de Chaos A.D.. La conexión padre-hijo se siente natural, casi telepática.

No todo en Chama brilla por igual. Algunos temas —como “Black Hole Scum” o “Always Was, Always Will Be…”— se sienten derivativos, como ecos de un pasado glorioso más que nuevas declaraciones. Hay momentos en que la fórmula parece repetirse, y la energía bruta sustituye a la sorpresa. Sin embargo, incluso en sus pasajes menos inspirados, el disco mantiene una autenticidad que resulta difícil de cuestionar.

Chama no es una revolución, pero sí una reafirmación. Soulfly suena más enfadado, más espiritual y más vivo que en mucho tiempo. Max Cavalera demuestra que aún tiene fuego que ofrecer —no solo como icono del metal brasileño, sino como uno de los últimos grandes creyentes en la energía primitiva del riff y la percusión tribal.

El resultado es un disco visceral, coherente y necesario. Una llama que no se apaga, sino que arde con el combustible de cuatro décadas de lucha, fe y ruido.

Listado de temas:

01. Indigenous Inquisition
02. Storm The Gates
03. Nihilist
04. No Pain = No Power
05. Ghenna
06. Black Hole Scum
07. Favela – Dystopia
08. Always Was, Always Will Be
09. Soulfly XIII
10. Chama

Line up:

Max Cavalera – Vocals, Guitar
Zyon Cavalera – Drums
Igor Cavalera – Bass
Mike DeLeon – Guitar

Puntuación: 8,5/10

Discográfica: Nuclear Blast

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