WHITE WIZZARD – INFERNAL OVERDRIVE

Crítica

Cuarto larga duración de este emergente y joven cuarteto jevimetalero con influencias progresivas y de altos decibelios fundado hace ya 10 años en Los Angeles  por el bajista Jon Leon y que, tras varios cambios de alineación, cuenta con el regreso de James J LaRue a la  guitarra y, sobre todo, del hijo pródigo, Wyatt “Screaming Demon” Anderson al micrófono, además de la incorporación de un nuevo batería, Dylan Marks, que se adhiere a los parches del combo californiano en este disco.

Las principales y muy marcadas fuentes de inspiración de White Wizzard son los clásicos de la vieja escuela de los 80´, la NWOBHM (Maiden, Judas Priest, Diamond Head), también el metal oscuro (King Diamond), el progresivo (Rush) y el hard´n´heavy (Dio).

Con  “Infernal Overdrive”, los angelinos vuelven por sus fueros y  dan continuidad a su discografía, que se completa con los anteriores “The Devil’s Cult” de 2013, “Flying Tigers” de 2011 y su estupendo e irreverente álbum debut “Over the Top” de 2010, aparte de varios EP´s y singles. El LP se puso a la venta en el mercado el pasado 12 de Enero en formatos Audio-CD, doble vinilo y digital, vía M-Theory., constando de más de una hora de música dividida en 9 canciones de una duración la mar de variopinta: de entre 3 a 11 minutos, ahí es nada. 

Entramos en materia: con redobles de tambor, riffs acelerados y un agudo lleno de ira del cantante Wyatt Anderson, da pistoletazo de salida el track que da nombre a la obra, el cual tiene una estrofa de ascendencia “Painkiller”  aunque, en un alarde de escalada thrash (Anthrax u Overkill) el puente y el estribillo se elevan plenos de potencia y energía. El solo comienza arabesco a diferentes escalas, le siguen unos arreglos caóticos y apocalípticos para que, a renglón seguido, el “demonio gritón” haga honor a su apodo y levante su registro a niveles estratosféricos, una cosa entre Dickinson y Halford. El segundo solo es más técnico y vistoso, las armonías se suceden al compás que la base rítmica golpea con crudeza y el bajo suena que atruena al más puro estilo Steve Harris. Gran tema!!

Le sigue el single lanzado hace ya un par de meses, “Storm The Shores”, corte galopante y melódico al estilo Maiden donde las baquetas de Dylan azotan sin cesar, el bajo de Jon Leon suena una vez más tremendo y los dulces interludios y arreglos nuevamente recuerdan, de forma clara, a la doncella de hierro, a la par que el estribillo resulta bastante adhesivo y el punteo afilado, veloz y fulminante.

A caballo con el sonido de banjo, arranca la fresca y dinámica “Pretty May”, la pista más corta del plástico, con aires positivos y también deudora de los primeros Maiden (era Di´Anno). Es muy directa y con un ritmo de batería perversamente adictivo, plena de técnica y con aplastantes licks ochenteros. El solo tiene feeling blusero, los harmonies son hipnóticos y el mensaje, con mucha conciencia, versa sobre la adicción al amor. Canción redonda y pegadiza como el super-glue!!

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Seguimos en tono épico y figurado con la extensa aventura sonora (8 minutacos) “Cazando Dragones en mi Mente”, especie de versión acelerada de “Where Eagles Dare“, con buenos adornos y bastantes coros para lanzar a la peña en directo. Se presenta muy variada en la progresión de punteos hasta que alcanza una sección acústica más intensa y emocionante, con gran protagonismo de las cuatro cuerdas del líder del grupo Jon Leon. Luego los dedos de LaRue se enzarzan en una sucesión de solos con muchos silencios (a lo Adrian Smith), para continuar con un romántico arpegio que permite a Mr. Anderson dejarse otra vez la garganta para que vuelva a la carga el hacha de las seis cuerdas  que finiquita el tema con otro solo puntiagudo y acuchillador.

Con el mar de fondo, a bordo de un navío y el sonido de la mandolina medieval, nos encontramos con otra pista que roza los  10 minutos: “The Voyage of the Wolf Raiders”, otra odisea narrativa que se convierte en todo un himno heavy metal con métrica “Hallowed Be Thy Name”, punteos plagiados de “To Tame a Land” y algún lick tipo “Wrathchild”, rindiendo de nuevo honores a la doncella en un viaje de lobos rapaces que acaba con el estruendo de una tormenta entre lluvia y truenos.

En el ecuador del LP y con una narración radiofónica vuelve la caña sin concesiones con el tecno-thrash de “Critical Mass”, con un riff punzante digno de un de un avispero (muy Judas Priest) y un Wyatt, desatado, cantando en tonos elevadísimos. Sus ocho minutos dan para una parte de métrica “Powerslave” así como unos solos enrevesados y distorsionados donde Jaimito LaRue introduce unos toques técnicos a lo Helloween de los Keeper of the Seven Keys. Pese a ello y, aunque el conjunto da una pista bastante meritoria en técnica y destreza de habilidades musicales,  me ha resultado demasiado florida y recargada para mi gusto.

Con ritmos del desierto del Sahara (Kashmir de Led Zeppelin), arranca una canción con nombre de capullo: “Cocoon”, pista más experimental y bien trabajada, a medio tiempo, con voces altísimas del frontman, múltiples cambios de cadencia, solos de escala morisca más artísticos que veloces y multitud de pasajes etéreos con ascendencia oriental, incluyendo sonidos de cítara hindú, los cuales alargan más de la cuenta un tema que va sobre la búsqueda del elixir de la eterna juventud.

También en tono arábigo llega la netamente progresiva y diversa “Metamorphosis”, con aires nostálgicos, gran chorro vocal de Anderson y una sección rítmica perfectamente engrasada y acoplada para que todo el grupo vaya a una como una máquina de relojería.

3540272492_logoY para cerrar la lista, la pista más larga, con 11 minutitos de nada, “The Illusion´s Tears”, que se inicia con una bonita melodía acompañada de una guitarra limpia y cristalina (en plan sentimental y evocador), hasta que aparece la potente pegada de Mr. Marks para machacarnos otra vez el cerebro sin compasión. Además contiene destacables arreglos de Monsieur LaRue y partes muy perceptibles de bajo del Sr. Leon. Luego y, para variar (aunque el tema tenga un regusto a Rush) llega, el homenaje a los Maiden: una extensa parte cantada, que puede traerte a la memoria el tranquilo interludio de la vieja “Charlotte the Harlot”; tras el que va un solo atmosférico pleno feeling y bien arropado por la base rítmica que progresa hasta desatar, sin contemplaciones, una sección con máxima aceleración a lo “Aces High”, cargada de solos  y armonías que desembocan en una parte más coreable y otro brutal agudo de Wyatt que va a poner broche de oro al plástico con contundencia.

Desde mi punto de vista, “Infernal Overdrive” es un zambombazo interpretativo desde la primera escucha, de puro metal, y con muchas reminiscencias clásicas, con una producción envidiable y unas composiciones que no te permiten parar de mover la cabeza. Estos chavales son, qué duda cabe, unos músicos de una gran calidad individual y demoledores en la ejecución instrumental y lírica en el desarrollo de cada corte. El único pero que puedo ponerles es que, todo esto va en detrimento de la originalidad compositiva porque acaso si no, podríamos llamarles los Iron Wizzard?.

De todas formas y, si te mola el heavy clásico, no deberías pasar la ocasión de hacerte con una copia de este gran compacto y tampoco deberías perder la oportunidad de verles en vivo se arriman de nuevo por España como ya hicieron en 2011 teloneando a Iced Earth.

Gran disco y gran banda estos White Wizzard!!!!

El trabajo tiene una producción y mezcla más que notable, realizado por su productor de muchos años, Ralph Patlan (Megadeth, UFO, Flotsam y Jetsam),  y el art-work de la portada muy macarra, retro y en clave de comic también está guapo, con un coche derrapando a toda pastilla.

 

WHITE WIZZARD son:

  • Wyatt “Screaming Demon” Anderson – Voz
  • Jon Leon – Bajo
  • James J LaRue – Guitarra y Teclados
    • Dylan Marks – Batería

Listado de Canciones: WHITE WIZZARD

  1. Infernal Overdrive
  2. Storm the Shores
  3. Pretty May
  4. Chasing Dragons
  5. Voyage of the Wolf Raiders
  6. Critical Mass
  7. Cocoon
  8. Metamorphosis
  9. The Illusion’s Tears

 

 

Puntuación: 7.5 /10

Discográfica: M-Theory

Autor: Francisco Rodriguez Belmonte

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