WHITE WIZZARD – FLYING TIGERS

Crítica

Exponentes claros dentro del movimiento revivalista que ha recuperado el lado más tradicional del Heavy Metal, WHITE WIZZARD editan su segundo larga duración en este mes de septiembre a través de la cada vez más influyente Earache Records y bajo la batuta en el tema de producción de Ralph Patlan (MEGADETH, UFO, MICHAEL SCHENKER).

Los norteamericanos se han hecho en este tiempo acreedores de espacio en las hojas de prensa más por sus constantes movimientos en el puesto de vocalista y su capacidad para suspender giras y festivales que por el buen contenido de su primer disco. De hecho, Wyatt Anderson, quien ya grabase su debut »Over The Top», ha vuelto a abandonar las filas del grupo para ser, de nuevo también, sustituido por Michael Gremio, quien ya ocupara el puesto en 2010 antes de que Peter Ellis se hiciera cargo de la tarea. Un lío de nombres, entradas y salidas que considero en absoluto está beneficiando a la banda.

Esta inestabilidad no ha parecido obstaculizar la aparición de este disco, distinto pero complementario de su predecesor. «Flying Tigers» tiene tantos aspectos positivos como carencias. Quedándonos primero con el haber de los californianos, cabe decir que el talento como instrumentistas de sus músicos y la dotada voz de Wyatt les colocan como alumnos aventajados de esta nueva generación. Sin embargo, en su debe, queda la falta de un tema definitivo que les sirva de estandarte, y eso nace de la práctica ausencia de grandes estribillos en el disco, hecho que por ejemplo ha marcado el devenir de grupos como CAULDRON o ENFORCER, capaces de colarse en la memoria colectiva de la escena con sus adictivas composiciones.

Entrando más en materia, el arranque de la obra no puede ser mejor. ‘Fight to the Death‘ y ‘West L.A. Nights‘ son dos canciones muy heavies, la primera rotunda y contestataria mientras que la segunda más melódica y festiva. En ambas hay mucha influencia de IRON MAIDEN, una constante en todo el álbum. En esa misma dirección se mueven el tema que da nombre al trabajo y ‘Night Train to Tokyo‘, con el bajo de Jon Leon imponiendo en ambas su ley en sendas galopantes y Wyatt destapándose con tesituras muy halfordianas.

Entre estas duplas de temas se cuela ‘Starchild‘, balada del disco y canción llamada a ser reclamo para acceder a mayores cotas de popularidad. Profunda y muy bien ejecutada, es la antes mencionada falta de estribillo la que impide que sea un corte definitivo, llegando a hacerse pesada en algunos momentos. El final del tema resulta un tanto abrupto, aunque la capacidad individual de cada instrumento palia este detalle gracias al desarrollo del mismo.

Cerrando este primer tramo aparece ‘Night Stalker‘, de nuevo muy influenciada por IRON MAIDEN aunque su estribillo resulta más de la escuela JUDAS PRIEST. Esta es una de las deficiencias del disco, la ausencia de personalidad definida en el grupo, sonando en la mayoría de pistas clónicos de formaciones o músicos del pasado.

La segunda parte, enfocada de forma conceptual hacia temas místicos e historias de extraterrestres, tiene más aires progresivos que acercan a WHITE WIZZARD al sonido de RUSH o RAINBOW. En la onda de estos en la época de Ronnie James Dio como cantante estarían ‘Fall of Atlantis‘ y ‘Blood on the Pyramids‘, técnicas y caóticas a partes iguales, con partes que también traen a la cabeza el tema ‘Powerslave‘ de IRON MAIDEN, comparación con los británicos que parece inevitable en cualquier canción de este »Flying Tigers».

Demons and Diamonds‘, de casi 10 minutos de duración, vuelve a poner de manifiesto queJon Leon es un privilegiado de su instrumento, con las cuatro cuerdas mandando en todo momento y brillando con luz propia. Genio este muchacho, si WHITE WIZZARD no terminara de cuajar en el futuro no creo que le faltasen ofertas de trabajo. Por el resto, la canción flojea en sus partes más calmadas, perdiendo fuelle y terminando por hacerse anodina. La instrumental ‘Dark Alien Overture‘, con otra delicatessen de Jon al bajo, une ésta a ‘War of the Worlds‘, que igualmente adolece de fuerza pese a la atmósfera mística, generando un tema lento y pesado al oído.

El cierre lo echa ‘Starman’s Son‘, extensa pero menos repetitiva, con una bonita parte acústica y en el que Wyatt se abre a nuevos registros mostrando una demoledora capacidad vocal. Lástima que sea pasado para WHITE WIZZARD.

»Flying Tigers» es un buen disco, que indica que los norteamericanos están por la senda correcta y que hay mimbres suficientes para que la banda gane longevidad en una escena cada día más acostumbrada a las flores de un día. Pese a ello, la falta de un verdadero tema con carisma y la excesiva obviedad en las influencias del quinteto relegan un paso atrás al álbum. Sin duda, el verdadero punto fuerte y la atracción de la obra reside en Jon Lean, un nuevo Steve Harris surgido bajo el sol de California y del que seguro oiremos hablar mucho en el futuro.
WHITE WIZZARD son:
Wyatt Anderson – voz
Lewis Stephens – guitarra solista
Jon Leon – bajo, guitarra
Giovanni Durst – batería
TRACKLIST:
01. Fight to the Death
02. West L.A. Nights
03. Starchild
04. Flying Tigers
05. Night Train to Tokyo
06. Night Stalker
07. Fall of Atlantis
08. Blood on the Pyramids
09. Demons and Diamonds
10. Dark Alien Overture
11. War of the Worlds
12. Starman’s Son

Puntuación: 7,5

Discográfica: Earache Records

Autor: David Jiménez Rodríguez

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