Witchburner – Black Raging Flames

Crítica

Más de tres décadas de trayectoria avalan a Witchburner como una formación plenamente comprometida con el thrash metal de la vieja escuela. Desde Fulda, Alemania, el grupo ha mantenido una línea artística firme, alejada de modas pasajeras y de cualquier intento de adaptar su propuesta a las tendencias del momento. Black Raging Flames representa una nueva demostración de esa filosofía, recuperando la esencia del metal germano de los años ochenta y trasladándola a una producción actual sin perder su carácter áspero y underground.

Desde los primeros compases de “Richtschwert”, el álbum deja perfectamente claras sus intenciones. Las guitarras de Simon Seegel y Mächel construyen una sucesión de riffs afilados, rápidos y pegadizos, acompañados por una batería contundente que mantiene el pulso con precisión. La influencia del thrash alemán clásico está presente durante todo el recorrido, pero Witchburner consigue imprimir su propia personalidad a unas composiciones que buscan, por encima de cualquier consideración técnica, transmitir energía y actitud.

“Pestilent Disciple” mantiene esa intensidad y nos conduce hacia una sucesión de cortes en los que los cambios de velocidad aportan dinamismo al conjunto. La banda sabe alternar ataques vertiginosos con pasajes de tempo más pesado, evitando que los aproximadamente treinta y cinco minutos del disco resulten monótonos. Esa variedad dentro de unos parámetros muy concretos es precisamente uno de los aciertos del lanzamiento.

El trabajo de las seis cuerdas merece una mención especial. Los riffs poseen la suficiente contundencia para enganchar desde la primera escucha, mientras que los solos aparecen integrados de manera natural en las canciones, aportando intensidad sin convertirse en demostraciones de virtuosismo. La sección rítmica, por su parte, funciona con solidez y precisión, proporcionando una base firme sobre la que se desarrolla toda la descarga.

Las voces de Pino Hecker aportan otro ingrediente fundamental. Su interpretación resulta agresiva, rasgada y directa, dotando a las canciones de ese punto de rudeza que necesita una propuesta de estas características. Los coros y las intervenciones colectivas contribuyen asimismo a reforzar la sensación de estar ante un trabajo concebido desde el espíritu del circuito underground.

Entre los momentos más destacados encontramos “Siege Of Terror”, una pieza especialmente dinámica, y “Throne”, donde la formación endurece el paso y demuestra su capacidad para manejar registros más densos. La canción que da nombre al disco concentra buena parte de sus virtudes: riffs reconocibles, ritmo poderoso y una ejecución que transmite entusiasmo. “Too Fast For Hell” añade una evidente dosis de speed metal, mientras “One Million Beers” pone el broche final con un carácter más desenfadado.

La producción consigue un equilibrio acertado entre nostalgia y contundencia. Los instrumentos presentan suficiente definición y pegada, pero conservan ese acabado ligeramente crudo que encaja con la propuesta del grupo. El apartado técnico ha corrido a cargo de Michael Frank en Rekordz Studio Lauterbach, responsable de la grabación, mezcla y masterización. Su trabajo permite que el disco conserve la aspereza propia del thrash tradicional sin renunciar a una presencia sonora actual, haciendo que guitarras, bajo, batería y voces mantengan una buena dimensión dentro de la mezcla.

Black Raging Flames no busca sorprender mediante experimentos ni ampliar artificialmente las fronteras del género. Witchburner conoce su terreno y decide recorrerlo con seguridad, pasión y honestidad. El resultado es un álbum sólido, energético y coherente, especialmente recomendable para quienes disfrutan del thrash germano tradicional y de las grabaciones que conservan el espíritu genuino del underground. Un regreso convincente que mantiene viva la llama de Witchburner.

Listado de temas:

Richtschwert
Pestilent Disciple
By Chains Severed
Siege Of Terror
Witchburner PT. III
Black Raging Flames
By Moonlight We Strike
Throne
Too Fast For Hell
One Million Beers

 

Line Up:

Seegel – guitar
Andy – bass
Felix – drums
Mächel – lead guitar
Pino – voz

 

Puntuación: 8/10

Discográfica: Diabolic Might Records

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