Entrevista a Nestor Català (Metal Academy): “El violín es mucho más que un instrumento folky acústico”

Nestor Català combina su trabajo como profesor en la “Metal Academy School of Music” con el de entrenador de esgrima. También forma parte de TALES OF GAIA y es colaborador en diferentes formaciones (tanto de metal como de clásica). A su vez, compone y produce bandas sonoras para obras de videoarte o audiovisuales. Català es un apasionado de la investigación musical, dado a experimentos sonoros y musicales, así que vamos a ver qué más nos cuenta en esta entrevista de Joss Metalcry.
Desde sus inicios, perteneces a la plantilla de profesores de la Metal Academy School of Music, de Barcelona, y allí das clases de canto, violín (tanto acústico como eléctrico) y teoría de la música. ¿Puedes dar más detalles de quién es Néstor Català?
Un tipo bajito y barbudo apasionado por… ¡Bueno, apasionado por casi todo, en realidad! Un friki de la música, pero de ciencias, cantante, violinista, compositor, diseñador sonoro (y también apasionado de los sintetizadores). Formado desde el mundo de la música clásica, pero dedicado también al Metal, para quien estos dos mundos deberían ir mucho más juntos de lo que van. Ávido lector de fantasía, ciencia ficción, terror, divulgación (tratados, manuales…) o cómics.
Combino mi trabajo como profesor en la Metal Academy con el de entrenador de esgrima. Además de mis proyectos con Tales of Gaia, o como colaborador en diferentes formaciones (tanto de Metal como de clásica), también compongo y produzco bandas sonoras para obras de videoarte o audiovisuales. Soy sonólogo, muy interesado en la investigación musical, dado a experimentos sonoros y musicales (aplicación de la música a la realidad aumentada, realidad virtual, música interactiva, experimental, etc).
También estudié musicología, ya que me interesaba mucho investigar sobre el Metal desde el punto de vista musical, y porque además me encanta la música antigua, y la historia y evolución de la música. ¡Soy un caso perdido! ¡Siempre estoy intentando aprender más! Añadiría que no soy, habitualmente, breve de palabra…
¿Puedes decirles algo a las personas que quieren dedicarse a un instrumento como el violín?
Tiene fama de ser el instrumento más difícil de tocar… y no creo que la verdad esté muy lejos. Lo que sí es cierto es que tiene una curva de aprendizaje lenta, sobre todo al principio. La mayor dificultad recae en conseguir que suene sin que sea un dolor para el oído. Si quieres aprender violín, necesitas dos cosas: paciencia y cabezonería. Tienes que ser tozudo y no desanimarte. Es un instrumento extremadamente difícil y desagradecido… pero cuando por fin suena bien y consigues empezar a dominar su sonido, a jugar con sus recursos, a poder expresar (algo que, por desgracia, muchas veces se pasa por alto en la música “de calidad” en aras de la técnica), no lo cambiarías por nada del mundo.
Es un instrumento que, cuando consigues superar el difícil proceso de empezar, permite un gran virtuosismo. Es tremendamente íntimo y personal. Cuesta mucho hacerlo sonar mínimamente bien, pero a cambio, cuando aprendes, permite un control excepcional del sonido: desde dulce a agresivo, pasando por nostálgico, oscuro o brillante. Las posibilidades expresivas son inacabables.
Además de la fama de difícil, también se le conoce como el instrumento que más se asemeja a la voz humana por la cantidad de posibilidades sonoras que ofrece. Control de sonido, diversidad de articulaciones, control de afinación (no tiene trastes y eso dificulta la afinación, pero al mismo tiempo, te permite jugar con ésta y enfatizar puntos musicales o jugar con el temperamento… siempre que no te “reafinen” en el estudio, claro). Por eso recomiendo paciencia y ser cabezota. Porque es tremendamente difícil, pero la recompensa musical lo vale.
En el extranjero, el violín tiene más historia desde hace tiempo en bandas de metal, pero aquí, en España, es relativamente más reciente su inclusión en este tipo de formaciones de este estilo. ¿Tienes la sensación de que aún hay prejuicios con él?
Por suerte, cada vez menos, pero sí, las hay… Se nos suele relegar a un papel de instrumento folky acústico, cuando el violín es mucho más. La guitarra eléctrica metalera lo que hace es acercarse justamente a las posibilidades que ofrece justamente el violín, como instrumento virtuosísitico. Esto ya lo explica Robert Walser, en el que probablemente sea uno de los primerísimos trabajos de investigación puramente musical sobre el Metal (Running with the Devil), exponiendo cómo los modelos musicales típicos de violín se vuelven técnicamente relevantes para la guitarra eléctrica con la aparición de la distorsión y la realimentación.
En cuanto a los prejuicios, he vivido varios ejemplos… alguna crítica opinando que un violín debe “sonar a violín y no a guitarra” (por alguien que, obviamente, sólo conoce el sonido del violín en su vertiente folky, y que tampoco se ha parado a pensar que una guitarra eléctrica con distorsión o efectos tampoco suena como una guitarra… y de hecho se parece más a un violín que a una guitarra clásica); me gustaría saber la opinión que esta persona tendría sobre Apocalyptica, ya que su sonido no difiere tanto del de un violín (o de un violín eléctrico, en según qué casos). Otras veces he visto escribir sobre una colaboración de violín en algún tema y confundirlo claramente con los teclados (“fantástico ese colchón que proporciona el violín en esta colaboración”, pero el colchón es un teclado, y el violín está tocando el solo que suena por encima).
O llevar un ampli para el violín a un bolo y que el “técnico” (que, en este caso, de técnico tenía sólo la mesa) se enfade y no sepa qué hacer con él (pues lo mismo que con un ampli de guitarra, o de bajo, si el bajo no va por línea)… en este caso, se trataba de un local pequeño, donde el concepto de rider brillaba por su ausencia. Hay montones de casos como estos… Lo dicho, Apocalyptica me dan mucha envidia, porque no se les cuestiona tanto (¿será porque son de fuera, y ya tienen su prestigio?)… y en parte también les tengo agradecimiento, porque son la prueba de que el sonido de la cuerda frotada es perfectamente coherente con el Metal más vertiginoso.
¿Qué opinas de los violines eléctricos?
En cuanto a la técnica y la forma de tocarlo, no es muy diferente. El principio es el mismo que con el violín clásico, aunque hay sutiles variaciones (dependiendo también de qué intentas conseguir). Seguramente haya más cambios si tocas con arco barroco que si cambias de violín acústico a eléctrico. A mí me parecen geniales (siempre que no suenen a plastiquillo, algo que suele ser tristemente habitual). Y muy útiles para el género del Metal, donde hay más posibilidades de que se acople un violín acústico… Aunque hoy en día, con la estandarización de los sistemas IEM, los acoples son más controlables.
También depende de qué quieras. Si buscas un sonido acústico, el sonido de la madera, sea más clásico o más folky, un violín clásico puede ir mejor. Si buscas añadir distorsión, efectos de modulación, etc… entonces tal vez sea más cómodo un violín eléctrico. También depende de cuántas cuerdas quieras. El violín tiene más distancia entre cuerdas (en cuanto a afinación) que la guitarra o el bajo, lo que significa que cada cuerda más añade un registro considerable. El cuerpo de un violín no es demasiado grande, así que cuando añades cuerdas graves, no potencia el sonido y el timbre de estas cuerdas más graves con tanta eficiencia. Aquí un violín eléctrico resulta mucho más eficaz, ya que el cuerpo ya no es la caja de resonancia.
Como aviso, hay que tener cuidado con qué violín eléctrico adquieres. El violín eléctrico tiene una diferencia fundamental con la guitarra eléctrica. La guitarra eléctrica nace como instrumento para ser amplificado y para ser tocado en directo, grabado… es un instrumento para ser escuchado. En el mundo del violín eléctrico, en cambio, encontramos muchos instrumentos pensados para ser tocados en casa sin molestar a los vecinos (al no tener caja de resonancia tiene mucho menos poder de proyección). Por eso, siempre recomiendo mirar si el violín que vas a adquirir tiene salida de auriculares.
En este caso, ojo, porque está pensado para tocar en casa, y no suele tener buen resultado para tocar en directo. Yo me fío más de los que tienen una salida de jack de 6,3mm, y mejor con pastillas pasivas. Son compatibles (por impedancias, por los voltajes que maneja, etc) con más sistemas de sonido (si quieres conectarlo a un ampli, por ejemplo), y es más probable que estén pensados para ser tocados en directo, o para escucharse, que para “tocar en casa”.
En España estamos rezagados en demasiadas cosas con respecto a otros países de nuestro entorno y aún tenemos mucho camino que recorrer para igualarnos a ellos. ¿Cómo ves el apoyo que recibe la música en otros países europeos, si los comparamos con lo que nos podemos encontrar en España?
Muy diferente. En otros países, si respondes que eres músico cuando te preguntan a qué te dedicas o qué estudias, lo respetan. Aquí la reacción habitual es decir: “No no, a qué te dedicas como trabajo” o “¿Y no estudias algo de verdad además?”. Y si entramos en el terreno del Metal, también se nota. Aquí aún se nos ve como iletrados musicales en muchos entornos, incluso musicales. Curiosamente, a veces veo más este prejuicio entre los estudiantes que entre los profesores (depende de sitios, claro).
En otros países europeos (y no europeos también) la música es un elemento importantísimo y los músicos son profesionales muy bien valorados… incluyendo los músicos de Metal. También se ve más normal que los músicos de Metal tengan formación musical (y, muchas veces, formación clásica).

¿Podríamos saber cuáles son tus influencias de bandas o artistas en tu carrera musical?
¡Uf! Esta pregunta es realmente complicada… mis influencias no son pocas, ¡y siguen creciendo! Una de las bandas con que más me siento identificado musicalmente probablemente sea Stigmata (o Stigmata IV). Un grupo que sacó dos discos (Solum Mente Infirmis… como Stigmata y The Court of Eternity como Stigmata IV). Sé muy poco sobre ellos, pero estos discos resuenan muchísimo en mi concepto musical. Creo que me han influenciado enormemente Nina Hagen (y ella, muchísimo como inspiración vocal), Prokovief, ELP, Bach, Stravinsky, Deep Purple, Jethro Tull, Orff, Monteverdi, The Beatles, Alice Cooper (su álbum Trash, que escuchaba mientras leía el libro de rol Vampiro: La Mascarada), Yes, Genesis, György Ligeti, Mozart, Nigel Kennedy (tanto su brutal punto de vista sobre la música barroca, como su tributo a Jimmy Hendrix, donde descubrí que un violín clásico, sin efectos, puede sonar realmente parecido a una guitarra eléctrica, y aullar como ésta).
Iron Maiden, Cradle of Filth, Blind Guardian o Iced Earth también han sido una gran influencia para mí. Helloween o Gamma Ray. Imposible no contar como influencia relativamente nueva Igorrr o Haken. Bruce Dickinson en solitario (y concretamente “The Chemical Wedding”), Gil Shaham, Gilles Apap (y su magnífica cadenza en el último movimiento del concierto en Sol Mayor para violín y orquesta de Mozart), Apocalyptica, Otyg, Korpiklaani, Fauré, Holst, Danny Elfman… Por supuesto Jordi Savall, por su grandísima labor de recuperación de la música antigua, donde destacaría las cántigas de Alfonso X, una serie de piezas que también han influido mucho en mi gusto musical. Y muchos más… la lista podría seguir y seguir.
Pero, probablemente, mis mayores influencias artísticas y musicales han sido personas cercanas a mí. Profesores, compañeros, artistas con los que he debatido… mis padres siempre han sido una gran inspiración. Ya no sólo por la mezcla musical con que regaron mi infancia (como Prokovief o Nina Hagen), sino también por sus facetas artísticas. Mi padre por el sentido del equilibrio en la fotografía, mi madre por su brutal trabajo como escritora y dibujante, así como sus conversaciones sobre música (su conocimiento y comprensión sobre el rock sinfónico es genial… y probablemente es mi mayor influencia en el terreno pedagógico).
Estas personas son las que me han formado artística y musicalmente. Mis profesores de música, mis compañeros y compañeras, amigos, creadores, personas con quien hablo de música o de arte o de quien observo su desarrollo artístico, me han descubierto formas de pensar y de entender el arte musical, así que puedo decir que son mi mayor influencia musical. ¡Ah! Y, por supuesto, bandas sonoras como la de El Planeta Imaginario (una reinvención de Isao Tomita de Debussy), La Bola de Cristal, Los Fraggles, la serie de dibujos de los X-Men…
Hablemos de otra faceta tuya en la docencia, en este caso la de canto. ¿Cuáles son los métodos que aplicas?
En buena parte, mi metodología está basada en la pedagogía del deporte técnico. Cuando cursé mis estudios como entrenador, muchas cosas me encajaron perfectamente en el aprendizaje musical (y la esgrima, concretamente, se adapta muy bien por la corrección del gesto que demanda, la coordinación a tiempo real, la parte estratégica que exige, el equilibrio… se amolda perfectamente a la enseñanza instrumental: en este caso, al instrumento vocal). Aparte, claro está, de lo que aprendí y sigo aprendiendo en mis estudios, de mis profesores, de mis compañeros, o de mis alumnos.
Una parte importantísima del trabajo pedagógico es tratar de aprender siempre, y los o las estudiantes son una gran fuente de información y aprendizaje pedagógico, ya que siempre te puedes encontrar con casos que no has visto antes, y debes adaptarte de la mejor forma posible. También recurro a literatura sobre el tema. Mi formación es lírica, y en mi opinión el Metal es tremendamente cercano a los principios de esta técnica (no cantamos suave como en el jazz, proyectamos la voz, y debe sonar potente). Un par de cambios en el color, y unos detalles extra para poder romper la voz o gruñir sin dañarnos y ya lo tendríamos.
Punto y aparte es la técnica de guturales, y algún que otro recurso que sí exigen un planteamiento diferente. En este caso, consulto a mis compañeros o compañeras de la Metal Academy más versados en esta parte, o recomiendo al interesado en cuestión que consulte o que tome alguna clase extra directamente con esta otra persona (dependiendo de qué es lo que necesite en concreto). De la misma manera, confío (y sé de ocasiones en que ha sido así) en que también pasa al revés (compañeros o compañeras que recomiendan acudir a mí para casos concretos).
Esto de forma más genérica. Mi método de trabajo en clase se puede dividir principalmente de dos partes:
-Una primera parte de trabajo técnico, donde se trabaja de forma más cruda. Se trabajan vocalizaciones para explorar el rango vocal, los registros, y que la voz vaya aprendiendo cómo tiene que acceder a diferentes zonas. Cuando llegamos a una zona “nueva”, que la voz no conoce, este trabajo ayuda a que el sistema se acostumbre a estar por allí. También realizamos ejercicios (frecuentemente, también a base de vocalizaciones) para trabajar las diferentes necesidades del cantante: apoyo, agilidad, apertura, afinación, etc. Esta parte siempre la realizo al principio de la clase, y sirve también como calentamiento.
-La segunda (y habitualmente más amplia) parte de la clase la realizo sobre repertorio. Es muy común que cantemos mejor cuando cantamos a gusto, y esto suele darse más frecuentemente cuando cantamos temas que cuando realizamos vocalizaciones. Como el objetivo de cantar es cantar temas, la parte de transformación del trabajo técnico a un contexto de repertorio es la más importante. Mientras trabajamos repertorio, habrán referencias a los ejercicios realizados (ese día, u otros). Y en función de las necesidades que pueda observar en la interpretación del repertorio, las siguientes clases se trabajarán unas vocalizaciones u otras. A parte de la cuestión técnica, una parte importantísima del trabajo que no tiene tanto sentido realizar durante los ejercicios puramente técnicos es la parte del análisis expresivo.
La música no trata sólo de hacer notas: estas notas tienen un sentido que depende del contexto. ¿Qué armonía está sonando? ¿Qué construcción musical ha habido antes, o habrá después? ¿Qué trata de expresar este tema, o cuál es la temática de la canción? ¿La temática es tal cual está escrita, o hay un tratamiento metafórico? En el caso del canto, ¿qué nos está diciendo el texto en este momento, qué palabra estás cantando y qué importancia tiene? ¿Qué dirección tiene esta melodía? Hay un sinfín de cuestiones que hace que una interpretación sea expresiva, y la expresividad, la transmisión de las emociones, se puede interpretar y conseguir de diferentes maneras. Por eso existes diferentes interpretaciones de un mismo tema. Esto es algo que en el mundillo de la clásica tiene una importancia extrema.
Cuando llegas a cierto nivel, tu formación se centra principalmente en la expresión, en la transmisión (somos músicos, artistas, al fin y al cabo). Uno de mis objetivos principales es ayudar a que la técnica te permita optimizar esta expresividad, y que quien canta sea consciente de cómo llegar a ello. Para optimizarlo para que el canto sea más eficiente, intento que la relación entre recurso técnico y expresivo se convierta en lo más natural posible, para que el o la cantante pueda centrarse más en dicha expresividad, y la técnica responda directamente, en lugar de centrarse en la técnica, quitando “CPU” cerebral, por decirlo así, a la expresividad.
La otra cosa importantísima es la resistencia vocal. Gran parte de mis esfuerzos como pedagogo van dirigidos a que mis estudiantes reduzcan su cantidad de desgaste físico maximizando su rendimiento (y expresividad, claro). Cantar (y cantar Metal, principalmente) exige un enorme esfuerzo físico, es muy exigente, y en nuestro caso, no sólo se cansa el instrumentista, sino el instrumento. Que se canse el instrumentista no es problema (mientras no se agote o se lesione), pero que se canse el instrumento sí que es un problema, porque cada esfuerzo extra sobre una voz agotada la desgasta muchísimo y la calidad vocal desciende exponencialmente.
Uno de mis principales objetivos, por lo tanto, es que el cantante tenga una voz fuerte, y los recursos para desgastarla lo mínimo posible a lo largo de una interpretación, claro está, sin reducir en lo más mínimo la calidad de la misma (aunque en mi experiencia, tanto propia como observada, si reduces la cantidad de esfuerzo vocal innecesario, normalmente la calidad vocal y expresiva aumenta). Esto no está peleado con ir corriendo de un lado a otro del escenario ni con realizar esfuerzos para controlar la voz: me refiero a esfuerzo vocal, a fatiga de la voz, no del cantante. ¡Por eso distingo entre esfuerzo o fatiga del instrumentista y del instrumento!
¿Cantante se nace o se hace?
Bueno, un poco ambas… y esto requiere tal vez alguna aclaración. Todas las personas nacemos cantantes (salvo excepciones, claro: hay quien nace sin voz o con alguna variación o circunstancia que le impide usar su voz). Un antropólogo (no recuerdo ahora mismo quién) contaba que en una tribu que investigaba le invitaron a participar y cantar en sus festividades; cuando él respondió que no sabía cantar, no lo comprendían: ¿cómo podía hablar pero no cantar? Hay estudiosos que consideran que la capacidad musical (y concretamente el canto) es anterior en la humanidad a la capacidad de hablar.
En este sentido, cantante se nace: todo el mundo nace cantante. Luego viene la parte de optimizar la utilización de la voz, y el ser capaz de dominar tanto la técnica como el conocimiento musical que permite expresar lo que queremos. Aquí entra la parte que “se hace”. Hay cantantes que esta parte la intuyen de forma más natural, y otros necesitan aprenderla de manera más consciente. Considero que siempre se puede aprender, y aprender más.
Y creo que incluso el más talentoso e intuitivo puede beneficiarse de un aprendizaje consciente, y en este caso no me refiero únicamente a cantar, sino a cualquier tipo de expresión o creatividad musical (y con este aprendizaje, incluyo también el conocimiento teórico, el lenguaje, la teoría de la música, armonía, análisis, etc).
No todos los profesores tienen la paciencia para impartir conocimientos a otras personas y algunos dejan mucho que desear en su forma de impartir clases en la materia que sea, debido a sus formas. ¿Recuerdas qué fue lo que te motivó a impartir clases?
Pues, curiosamente, una de mis primeras experiencias profesionales en el campo de la pedagogía me hizo detestar apasionadamente la enseñanza… y, aunque valoraba enormemente la labor de los profesores (o al menos de algunos de ellos), me consideraba completamente inútil para la labor. Esto cambió poco a poco, y en gran parte debido a otra de mis pasiones, que es la esgrima. Colaboré en varios montajes operísticos donde, además de cantar, me encargué de enseñar esgrima a otros cantantes y a montar algunas coreografías para la escena. Eso me destapó el gusanillo de la pedagogía. Explicar cómo es algo, porqué es así, de dónde viene, y porqué funciona… ¡descubrí que entender algo y compartirlo es una maravilla!
Por otro lado, desde niño, mis compañeros me pedían ayuda a menudo para que les explicara cosas. Al principio sobre temas genéricos, lo que veíamos en el colegio… y más adelante, al empezar a estudiar, ya sobre historia de la música, análisis, teoría, composición, física y acústica, matemáticas y lógica (sí, en el mundo de la investigación musical tenemos temarios bastante diversos). Descubrí que, en realidad, tampoco se me daba tan mal explicar las cosas de forma más o menos lógica… y que, en general, podía transmitir mi pasión por todas estas cosas, lo que hacía que estos compañeros volviesen a buscarme, o me recomendasen a otros (eso y que luego en sus exámenes sobre lo que les explicaba siempre sacaban buenas notas).
Esto nunca lo había relacionado con la enseñanza formal; simplemente ayudaba a los colegas: el primer “trato” que hice así fue enseñar a un amigo a leer -cuando éramos muy niños, claro- a cambio de que él me enseñase a ir en bicicleta. Pero como he dicho, no lo relacioné con la enseñanza formal, y cuando tuve un primer trabajo oficial de profesor (de música) fue realmente pesadillesco… en realidad estaba bastante mal montado y, aunque algo he aprendido sobre pedagogía desde entonces, no creo que nadie hubiese conseguido triunfar en aquel lugar.
En fin, con la esgrima me picó el gusanillo, y cuando lo relacioné con mis “aptitudes” para ayudar a mis compañeros y amigos a sacarse los exámenes: ¡Bum! Ahí pensé que realmente podía buscarme un futuro enseñando (y los cursos de entrenador me resultaron tremendamente útiles, ya que se traducen a la práctica musical con una lógica indiscutible).

¿En qué consiste el lenguaje musical?
El lenguaje musical básicamente es el medio de transmisión de la información musical. Es la disciplina mediante la cual entendemos conscientemente qué sucede en un evento musical. Nos permite transmitir nuestra intención musical a otros músicos o entender la música que otros han pensado. Su principal objetivo es este: poder transmitir las ideas e intenciones musicales. Sobre esto también hay muchísimos prejuicios. La mayor parte de la gente piensa que no sirve para nada, o que hace que la música pierda su magia.
Por supuesto, estas ideas parten del desconocimiento. Saber por qué algo mola, no hace que mole menos. Y es una disciplina que ha evolucionado junto a la música, por lo que es la mejor herramienta para entenderla. Por supuesto, hay sistemas musicales que no cuadran tan perfectamente con nuestro sistema de lenguaje… pero igualmente tampoco tienen sistema de escritura, así que el solfeo sigue siendo la opción que tenemos. Además, como he dicho, este lenguaje va evolucionando, así que cuando aparece alguna música que no termina de poderse representar, acaba por ampliarse el sistema de notación (por ejemplo, cuando aparecieron símbolos para representar cuartos de tono, o para representar clusters, etc).
Por supuesto, el lenguaje musical está íntimamente ligado a la teoría de la música. El lenguaje no puede existir sin la teoría, y la teoría sin el lenguaje probablemente sería mucho más difícil de entender. En las clases de lenguaje, la teoría de la música tiene mucho peso.
Hay quien defiende las tablaturas como sistema de transmisión musical, pero en realidad no transmiten música, sino unas instrucciones mecánicas: “ahora debes pulsar estos trastes en estas cuerdas”. Para empezar, si tu instrumento no es el correspondiente al de la tablatura (no todas son para guitarra), te supone un esfuerzo mayor.
Y como instrumentista, te obliga a tocar de una forma muy concreta, mientras que la partitura te da mucha más libertad: te indica claramente la intención musical, y te da libertad para que la interpretes como creas conveniente. La tablatura es ideal para aprender el instrumento, por supuesto, es un gran medio pedagógico, pero cuando quieres realizar tu propia y personal interpretación, no te sirve, y te dará muchísimo mejor resultado acudir a una partitura… y para interpretarla y entender qué transmite, y cómo llevarlo a cabo según tu criterio, debes aprender (redoble de tambor) ¡lenguaje musical!
Todos los interesados en los cursos y los que quieran ya iniciarse en este mundillo, ¿deben tener algún conocimiento previo para participar en ellos?
Depende de cursos. Si planteamos un curso avanzado de armonía, pues sí, hará falta saber algo antes. Un curso de iniciación al lenguaje musical, pues no, no requiere ningún conocimiento previo. Es bastante habitual que los interesados en estos cursos tengan algunos conocimientos dispersos, pero igualmente procuro empezar de cero, incluso incidiendo en los orígenes y fundamentos más básicos de cada concepto, para que luego todo pueda encajar en una base sólida.
Y en caso de un curso avanzado, daré cosas por sabidas (que aparecerían en los requisitos previos), pero siempre estoy dispuesto a realizar algún brevísimo repaso o recordatorio, si veo que algún concepto falla…

¿La población hace un uso adecuado de su voz a la hora de comunicarse?
Si te refieres literalmente a la voz como instrumento… pues depende. Hay quien sí, y hay quien no. También depende en ocasiones de la lengua materna. Hay idiomas que, por su prosodia y características, implican una mejor proyección. Un buen ejemplo sería en
películas donde hay alguna batalla. Muchas veces se ve un líder de un ejército dando gritos con una voz tremendamente áspera y con muchísimo aire… igual le da un poco de intención, pero es una voz que no se perderá en un par de metros (con el fragor de la batalla y tal).
En cambio, por poner un ejemplo concreto (sin spoilers), en la serie Los Anillos de Poder sale un personaje, capitán de un barco, con una voz fantásticamente impostada, y que grita unas órdenes que sí me creo que se escuchen en todo el barco. Cuando he tenido que dar clases o charlas a grupos grandes (o de deporte, donde siempre hay bastante ruido), he aprendido a utilizar técnicas que aprendí como cantante (en uno de mis primeros trabajos, en un grupo de teatro y animación, me animaron a hablarles a los niños cantando, porque así se me entendía mejor, y me fatigaba menos).
Algunos compañeros entrenadores suelen quedarse afónicos a menudo. Alguna vez he dado un concierto con la garganta irritada (con anginas, o similar), y cantando no tengo demasiados problemas, ya que tiro de técnica (en ocasiones, estos conciertos salen incluso mejor que los que hago con la garganta en “buen estado”)… pero también me ha pasado acabar un concierto de estos súper bien, sin ningún problema, a pesar de mis anginas, ponerme a hablar con alguien del público, y terminar afónico.
Esto indica que cantar, bien, pero hablar… no tan bien. Aquí podemos ver el problema en el uso de la voz en la comunicación cotidiana (¡espero haber aprendido la lección!). ¿Estos problemas los puede solventar la técnica vocal del canto? Creo que sí, pero existe una herramienta aún mejor que es la foniatría y la logopedia. Muchos cantantes aprenden esas disciplinas como complemento para su formación, y me parece una grandísima idea.
Trabajas como pedagogo en diversos campos, pues has dado masterclasses de teoría e historia musical, tanto clásica como aplicada al rock y al metal, así como de análisis, armonía y contrapunto. ¿Qué nos podemos encontrar en un evento así?
¡Pues a mí hablando de frikadas teórico-musicales! Ahora en serio, depende de qué vaya la masterclass. De momento, una de las características de mis clases es que siempre animo a los alumnos y alumnas a preguntar sus dudas. Siempre procuro dedicar una parte de mis clases a responder preguntas de mis estudiantes.
Otra característica es que intento abordar todos estos temas de una forma musical aplicable. Por ejemplo, en una clase de análisis procuraré relacionar un concepto con su aplicación en la interpretación de un fragmento, o en una clase de armonía o contrapunto, trataré de explicar por qué es relevante lo que explico a la hora de analizar o de componer música, y cómo se puede utilizar… o no utilizar, porque no son normas fijas y dogmáticas, son herramientas que te permiten llegar más eficientemente a dónde quieres llegar expresivamente, sea como intérprete, como compositor, arreglista… ¡o simplemente como oyente!
A mí me encanta escuchar música y entender qué está pasando, y porqué me emociona tantísimo un fragmento u otro. Y en el contexto de una clase de historia musical, también tendrá su función, para explicar características comunes o diferencias. También habrá referencias al mundo de la música antigua, barroca, clásica, romántica y contemporánea, ya que el Metal tiene ahí sus raíces más profundas (aunque formalmente tengamos un origen rockero, investigadores como Robert Walser o Deena Weinstein hablan de la importancia de estos potentes cimientos clásico-contemporáneos), y esto se nota al analizar la música y sus recursos armónicos, contrapuntísticos, incluso interpretativos.

¿Podrías contarnos un poco cómo se entrena una voz?
Pues principalmente cantando. Lo que más se nota es dedicar tiempo. Lo mejor es dedicar tiempo siendo muy conscientes de la técnica. Tratar de trabajar los límites, pero hacerlo de forma técnicamente correcta para evitar daños. El trabajo de fondo también es importante. Desde cantar durante bastante tiempo música físicamente exigente hasta el simple entrenamiento físico para estar en forma. Trabajo del cinturón abdominal, trabajo cardiorrespiratorio, ejercicios para controlar la respiración y dosificar el aire, algo de trabajo en apnea… hay muchas formas (y no son incompatibles, así que se pueden combinar).
Muy importante es el descanso entre entrenamientos, ya que la mejora se produce justamente durante los descansos, en el proceso de recuperación (es donde entra en juego el “principio de supercompensación”). No es el hecho de esforzarse el que te mejora, sino la combinación de esforzarse y descansar.
No solamente te centras en las clases en la “Metal Academy School of Music”, porque en el 2015 ingresaste en el grupo de Power Metal TALES OF GAIA, como cantante principal, añadiendo también el violín al cabo de un par de años. ¿Cómo lleva la pasión de cantar y tocar el violín al mismo tiempo?
Una de las cosas que tiene la Metal Academy, es que apoyan los proyectos musicales de la plantilla. Centrarse en una actividad pedagógica dejando de lado la práctica de esa misma actividad se puede hacer, y hay gente que lo hace con muy buen resultado, pero me parece definitivamente coherente (aunque tristemente poco habitual) que se nos apoye con nuestra vida como músicos, aparte de la docencia.
En cuanto a llevar mis dos pasiones a la vez… ¡si fuesen sólo “dos” pasiones! También estoy encargándome de la producción técnico/artística del proyecto (en estos momentos estoy acabando el grado de sonología, en Esmuc, y hay que aprovecharlo, claro… ¡y el diseño sonoro aplicado a la música es también apasionante, desde luego!). Lo de cantar y tocar, pues bien. Simplemente hay que saber combinar bien los momentos; cantar y tocar el violín a la vez no resulta sencillo, ya que el violín se sitúa debajo de la mandíbula. Se puede hacer (anteriormente había hecho algunas covers de Korpiklaani, donde cantaba a la vez que tocaba), pero resulta más cómodo separarlo y que no coincidan en el mismo momento. ¡¡Ahora toca ver si los prejuicios de que hablábamos antes siguen ahí!!
¿Cuál estilo de Metal es tu favorito?
No me guío tanto por el “estilo” o “subgénero” como por lo que una obra en concreto me ofrece o me hace sentir, y eso va más allá de dicho “estilo”. Disfruto más con Nervous Waltz de Igorrr que con Paradise de Stratovarius… prefiero “Push” de Helloween a “Carry On” de Manowar, y me emociona más 2The Alchemist” de Bruce Dickinson que “The Beautiful People” de Marilyn Manson. Pero todos los grupos mencionados en este párrafo tienen algo que ofrecerme musicalmente en uno u otro momento.
También depende del momento en sí. Hay días que tengo ganas de escuchar a Brandon Small, días que prefiero Children of Bodom, otras veces Arkona o Korpiklaani, momentos donde busco mis discos de Iced Earth y otros en que me pongo Behemoth. De hecho, una de las cosas que cambiaría si pudiese en el mundillo del Metal es toda esta hiperespecialización en subgéneros y en subconjuntos de subgéneros, que a veces parece que cada grupo es un subgénero completo, e incluso diferentes épocas del mismo grupo parece que tienen que cambiar de etiqueta.
Veo correcto utilizar descriptores para describir, valga la redundancia, cómo suena una canción, un disco, hacia dónde tiende un grupo o una etapa del mismo, pero de ahí a separar tan categóricamente los subgéneros, me parece exagerado. Sobre todo porque se suelen considerar subgéneros exclusivos, es decir: si eres de uno, no eres de otro… como mucho, eres de uno y tienes cierta influencia de otro más o menos cercano. Claro, si yo opino que Children of Bodom suenan a Power Metal a excepción de la voz, seguramente mucha gente se me eche encima, pero la verdad es que tampoco hay tanta diferencia.
Me encuentro con personas thrashers que no escuchan Blind Guardian porque “hacen Power”, y con algunos poweretas que dicen que Blind Guardian son muy thrash (por la voz rasgada: Hansi Kürsch ha reconocido en ocasiones que una de sus influencias como cantante es el Death Metal alemán de los ’80). Así pues, soy bastante reticente al “etiquetado”.
Uno de los problemas que hemos tenido los heaviatas a lo largo del tiempo es que nos etiquetan. Eso lo he vivido en persona. Y que dentro del mismo Metal pase también no me parece constructivo en absoluto. Es como considerar que voy a ser más folky por tocar el violín, o cuando me encasillan como “powereta”. En Valencia, antes de mudarme a Barcelona, cantaba y tocaba en un grupo en que, habiendo empezado más centrado en el Power, estábamos tocando prog, clásico, y derivando hacia el metal extremo: una mezcla difícil de digerir para los “etiquetófilos”. (Algún día debería recuperar el material de esta etapa, que quedó inédita y creo que tiene elementos bastante interesantes).
Pues hasta aquí han llegado mis preguntas y gracias por todo tu tiempo dedicado. ¿Algo más que añadir que no se haya dicho?
Si me paro a pensarlo, seguramente sí, así que mejor no lo pienso (es peligroso darme cuerda). En todo caso, muchas gracias por el interés en entrevistarme, y muchas gracias a quien tenga interés en leerlo. Larga vida al Heavy Metal, y a la curiosidad humana. Como dijeron Helloween: “Life’s too short to fly, long enough to try” (La vida es demasiado corta para volar, el tiempo suficiente para intentarlo).

























