Hatebreed - Fatal Paradox

Crítica

Seis años después de Weight of the False Self, Hatebreed regresa con Fatal Paradox, su noveno álbum de estudio y una nueva demostración de que pocas bandas han sabido mantener con tanta convicción una identidad musical como la formación liderada por Jamey Jasta. Más de tres décadas después de sus comienzos, los de Connecticut continúan defendiendo un sonido que ha marcado profundamente la evolución del hardcore metálico, sin necesidad de perseguir tendencias ni de modificar una fórmula que sigue funcionando con una eficacia demoledora.

El camino hasta este nuevo trabajo no ha estado exento de dificultades. El ciclo de Weight of the False Self fue largo y estuvo acompañado de importantes acontecimientos para la banda. Hatebreed participaron en grandes giras y festivales, desde el Vans Warped Tour de 2017 hasta el contundente recorrido junto a Megadeth y Lamb of God en 2021. También celebraron sus veinticinco años de trayectoria en 2019 y los aniversarios de dos de sus discos fundamentales, Perseverance y The Rise of Brutality. Por el camino tuvieron que afrontar el parón provocado por la pandemia y la complicada separación de su histórico bajista Chris Beattie, acompañada de disputas legales.

Con semejante trayectoria y un catálogo de referencia, Hatebreed podría haberse limitado perfectamente a vivir de sus clásicos, recorriendo escenarios de todo el mundo sin asumir demasiados riesgos. Sin embargo, Jasta y compañía han decidido volver a ponerse a prueba con material nuevo. Y lo hacen demostrando que todavía conservan esa hambre, esa urgencia y esa pasión que siempre han constituido el combustible de su música.

Producido nuevamente por Chris «Zeuss» Harris, colaborador fundamental en la historia del grupo, Fatal Paradox apuesta por once composiciones que condensan prácticamente todas las señas de identidad de la banda: riffs afilados, bases rítmicas demoledoras, aceleraciones thrash, breakdowns aplastantes y unas voces colectivas concebidas para convertir cualquier concierto en una auténtica celebración de la agresividad.

No hay introducciones innecesarias ni preparativos. Desde los primeros segundos de «Kill Count Increase», Hatebreed entran directamente en combate. El tema, elegido como primer adelanto, es una auténtica descarga crossover que combina velocidad, contundencia y el inconfundible registro vocal de Jasta. Una apertura que recuerda la agresividad de sus mejores momentos y establece las coordenadas de un álbum que no pretende engañar a nadie: esto es Hatebreed en estado puro.

«The Carrion Choir» recoge otra de las grandes especialidades de la casa. Su estructura está concebida para el intercambio de voces entre banda y público, con un estribillo demoledor y esos riffs entrecortados que parecen diseñados para provocar una estampida en las primeras filas. Una fórmula que volverá a funcionar especialmente bien en «None Left To Save», otro de los cortes que reivindican la dimensión colectiva y casi ritual de sus composiciones.

Porque si algo ha distinguido siempre a Hatebreed es su capacidad para entender que la contundencia no depende exclusivamente de tocar más rápido o más fuerte. La verdadera fuerza reside en el impacto de cada riff, en el peso de la sección rítmica y en la precisión con la que se administran los cambios de ritmo. La música de la banda está hecha para los escenarios, los circle pits, el two-step y esas actuaciones en las que uno termina agotado, magullado y deseando que el concierto vuelva a empezar.

En ese terreno, «Still A Threat» se presenta como uno de los momentos más destacados del disco. La combinación inicial de guitarra rítmica y melodías superpuestas golpea con una contundencia extraordinaria, preparando el terreno para una descarga de puro hardcore metálico. Es una composición que resume perfectamente la personalidad del grupo: agresividad, dinamismo y una capacidad prácticamente instintiva para construir canciones que invitan a levantar el puño y dejarse llevar.

También destacan «Total Invincible» y «Decisions Become Destinies», dos piezas en las que Jasta vuelve a ejercer de maestro de ceremonias de la resistencia y la autodeterminación. El vocalista lleva décadas convirtiendo conceptos como la perseverancia, la superación personal y la fortaleza mental en auténticos himnos generacionales. Desde «I Will Be Heard» hasta «Perseverance», pasando por «Destroy Everything», su particular colección de proclamas motivacionales ha encontrado un espacio privilegiado dentro del hardcore. Aquí vuelve a conseguirlo mediante estribillos directos, frases contundentes y composiciones especialmente apropiadas para el two-step y las respuestas multitudinarias.

Pero Fatal Paradox también deja espacio para otras influencias que forman parte del ADN musical de la banda. «Sacrifice Season», que cuenta con la participación de John Tardy, vocalista de Obituary, introduce una dimensión death metal especialmente interesante. La colaboración no parece un simple reclamo promocional, sino una conexión natural entre dos instituciones del metal extremo estadounidense. Esa misma inclinación hacia los sonidos más oscuros y pesados aparece también en «Truth Is A Lion», donde las influencias death metal de los años noventa se integran con naturalidad en el lenguaje habitual de Hatebreed.

Otro detalle especialmente significativo lo encontramos en «Poison Planet», una breve versión del tema de Corrosion of Conformity que sirve para recordar las raíces crossover de la banda y su conexión con una tradición musical que siempre ha transitado entre el hardcore punk, el thrash y el metal más agresivo. Una elección que encaja perfectamente con el espíritu del álbum y que demuestra que Jasta sigue siendo un apasionado embajador de la música extrema.

La producción de Zeuss vuelve a desempeñar un papel fundamental. Su conocimiento de la banda y la complicidad que mantiene con sus integrantes permiten que cada instrumento encuentre su espacio dentro de una muralla sonora compacta y contundente. Las guitarras conservan ese carácter cortante que exige el repertorio, mientras que la batería de Matt Byrne proporciona una base de enorme solidez, alternando aceleraciones, ritmos machacones y cambios de dinámica con precisión quirúrgica.

Por supuesto, no estamos ante un disco que pretenda ampliar radicalmente los horizontes musicales de Hatebreed. La banda conoce perfectamente sus armas y no tiene ninguna necesidad de disfrazarlas. Su propuesta se mueve dentro de unos parámetros reconocibles, pero eso no significa que se limite a reproducir mecánicamente sus antiguos éxitos. La cuestión está en conservar la frescura, la intensidad y la convicción necesarias para que cada nueva composición tenga sentido. Y Fatal Paradox consigue transmitir precisamente esa sensación de urgencia.

Hatebreed siguen siendo una amenaza, como proclama uno de los títulos del álbum. Y lo son porque todavía creen en lo que hacen. Porque siguen componiendo canciones para sus seguidores, porque mantienen intacta su conexión con la escena y porque entienden que el hardcore no es solamente una cuestión de velocidad, riffs y breakdowns, sino también una actitud ante la vida.

Fatal Paradox es, en definitiva, una nueva confirmación de la autoridad de una banda que ha comprendido perfectamente su dimensión histórica. Sin experimentaciones forzadas, sin concesiones comerciales y sin necesidad de reinventarse artificialmente, Hatebreed vuelven a entregar un trabajo de enorme contundencia que recupera todos los elementos que los han convertido en una institución.

Puede que algunos encuentren en esta fidelidad absoluta a su sonido un cierto componente de reiteración, pero también es cierto que muy pocas formaciones pueden permitirse semejante grado de autoreferencialidad sin perder credibilidad. Cuando se tiene una identidad tan reconocible y una trayectoria como la de Hatebreed, mantenerse fiel a los propios principios también puede ser una forma de evolución.

Más de treinta años después de sus comienzos, Jamey Jasta y los suyos siguen teniendo hambre, rabia y argumentos suficientes para defender su posición. Fatal Paradox no pretende cambiar las reglas del juego: viene a recordar quién ayudó a escribirlas.

Listado de temas:

«Kill Count Increase»
«The Carrion Choir»
«Decisions Become Destinies»
«Total Invincible»
«Fatal Paradox»
«Still A Threat»
«Sacrifice Season» (Feat. John Tardy)
«Truth Is A Lion»
«Make The Demons Obey»
«None Left To Save»
«Poison Planet»

 

Line Up:

Jamey Jasta — Vocals
Wayne Lozinak — Guitar
Frank Novinec — Guitar
Matt Byrne — Drums
Carl Schwartz — Bass

 

Puntuación: 8/10

Discográfica: BLKIIBLK

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