Bunbury arrasa y convence con su Huracán Ambulante // Palau St. Jordi – Barcelona – 18/09/2025

El “Héroe de leyenda” regresó pisando firme y haciendo historia al volver a reunir a la mítica banda que le acompañó en el despegue de su carrera en solitario, allá por el año 1996.
Dos décadas después del “Pequeño Cabaret Ambulante”, el engranaje se ha puesto en marcha con una perfección impecable y una complicidad palpable. La misma energía y pasión, que lo convierten en el motor preciso para rodar junto con el cantante zaragozano. Ellos son Copi Corellano (Teclados), Del Morán (Bajo), Ramón Gacías (Batería), Ana Belén Estaje (Violín), Javier Íñigo (Trompeta), Javier García Vega (Trombón), Luis Miguel Romero (Percusión) y Jordi Mena (Guitarra).

Vestidos de rojo, grana y negro, impolutos y elegantes, se han entregado desde el segundo uno a una audiencia expectante y dispuesta a darlo todo en cada nota y en cada verso, con ovaciones, palmas y coros.
Espléndido y puntual, Bunbury salió con un traje rojo con una cruz en la espalda, chaleco y llamas en los pantalones, rematado con una camisa negra y botas de cowboy del mismo color, como en la época del “Pequeño Cabaret Ambulante” grabado en directo.

Una escenografía sencilla, sin grandes artificios, magnificó la genialidad y la maestría del show, sin necesidad de fuegos fatuos ni otros artificios grandilocuentes. El escenario, con grandes cortinas rojas, entre el Hollywood de las grandes bandas del siglo pasado, el teatro circense con aires bohemios y mágicos, y el cine de Fellini, dio paso al concierto con “Otto e Mezzo”, el clásico de Nino Rota que el italiano inmortalizó en su película “8 1/2”.
En lo personal, hemos sentido y vivido cómo Bunbury sigue siendo referente indiscutible de la música y del rock hispano, tras más de dos horas de intensidad emocional y audiovisual. Un viaje sobrio y potente por la trayectoria del compositor, después de dejar de capitanear el barco de HÉROES DEL SILENCIO.

El Palau Sant Jordi, era un solo corazón palpitando al son de las riendas del látigo de voz del barítono, que envuelve, acaricia y desgarra al mismo tiempo. No cabe duda de que este reencuentro con el “Cabaret Ambulante” está siendo una celebración de su legado y un recorrido nostálgico por cada una de sus etapas en solitario, que supo ilustrar con los temas más icónicos, representativos y personales.

Sobre el repertorio, deciros que no faltaron clásicos como “El club de los imposibles”, “El extranjero”, “Lady Blue” o “Sácame de aquí”, junto a algunas singularidades como “Infinito”, “Alaska” o “Big-Bang”, considerada como el inicio del Huracán. Hubo éxtasis en el pabellón, al sonar las preciosas baladas “Las Chingadas ganas de llorar” y “Te puedes a todo acostumbrar”, que dotaron de una sensibilidad extrema el ambiente.

Bunbury nos explicaba que en tiempo conflictivo que nos está tocando vivir, y ante la certeza de la sabiduría (tono irónico), podía hacernos unas recomendaciones: ¡Apuesten por el rock and roll! Guitarra en mano, regalando púas, el tema fue una verdadera explosión musical y comunitaria. No cabe duda que este artista completo se reinventa, se atreve y construye su propio universo. Su timbre es prodigioso, con unos registros que sabe fusionar impecablemente a diferentes estilos musicales y crear su seña de identidad propia, reconocible e inimitable.

Fiel a su estilo y personalidad, disfrutamos de sus poses y de sus gestos, que convierten sus conciertos en algo que va más allá de un reencuentro musical; son una ceremonia de simbolismo, memoria e identidad, plagados de rituales sagrados donde convive la poesía, la lírica, la tragedia y el mundo cinematográfico y circense en una estética audiovisual impoluta e hipnotizadora que ha ido cambiando según los temas que iluminaban el St. Jordi: lobos, cuadros, la boca de un payaso gigante de atracción de feria, el cosmos… Música, escenografía, vestuario y decoración como parte de una “dimensión global” que se llama Bunbury, aquel amigo imaginario del protagonista de la obra de Oscar Wilde, “La importancia de llamarse Ernesto”.

Química, talento y presencia son, sin lugar a dudas, atributos de este frontman único en dominar la escena, con poses y gestos que respaldan y reafirman el sentido de sus letras y su inconmensurable personalidad. A su vez, audiencia y músicos en una misma onda, fueron guiados por la poderosa, clara y firme voz de Enrique, que ha mantenido con la misma potencia, energía y entrega mientras la fusiona con el folclore, el rock, el pop, el tango o el flamenco que sus composiciones pueden contener entre otros tantos estilos.

Destacar también el respeto hacia la música y sus músicos. Cada uno ha tenido su momento, su espacio y su tiempo para que podamos reconocer su maestría durante la actuación. Finalmente, Bunbury se ha ido despojando de las prendas y ya solo con el chaleco y sus tatuajes ha emprendido la senda de la reivindicación y crítica social, con “Parecemos Tontos” y “Serpiente”.
Por su parte, un momento íntimo representó “El jinete”. Impresionante. Piel de gallina y claudicación cuando ha desplegado todo su poderío y potencial mientras los músicos nos han regalado un duelo de guitarras. Como broche, Bunbury nos ha vuelto a cautivar y a querer más cuando hemos intuido, después de los bises, el apoteósico “Y al final”, que ha puesto fin a un concierto redondo y emocional.

El “Huracán Ambulante”, a su paso, nos dejó agradecimiento y buenas vibraciones, derrochando un reguero de elegancia, genio y humanidad. Queremos volver a tu cabaret, a tu circo, a tu teatro, llamémosle como sea pero en esencia queremos ser parte de tu “Huracán Ambulante” hoy, eterno y majestuoso para siempre.

























