Crítica
Hablar de N.Y.C. implica, casi de forma automática, hacerlo de pedigrí. El proyecto liderado por Tommy Bolan (Warlock), junto a Stet Howland (W.A.S.P., Metal Church) y Steve Unger (Metal Church), nace con el cartel de “superbanda”, aunque desde el primer minuto queda claro que su objetivo no es vivir de glorias pasadas ni replicar fórmulas conocidas. Built To Destroy es un disco que apuesta por la actitud, la fuerza directa y un sonido que funciona mejor cuando pisa el acelerador sin mirar atrás.

El álbum arranca de forma demoledora con “Heavy As Hell”, un single que cumple a la perfección su función: riffs densos, un groove aplastante y una sensación de amenaza constante. Aquí N.Y.C. suenan sólidos, peligrosos y totalmente convencidos de lo que están haciendo. La continuación, “Twisted”, mantiene el listón alto con un enfoque más crossover, casi punk-metal, que recuerda por momentos a Suicidal Tendencies y refuerza la idea de que la banda brilla cuando se muestra loud and straight ahead, sin concesiones.
Con “United” llega el primer cambio de dinámica. El tema sigue siendo efectivo, pero la inclusión de armonías vocales suaviza parte de la agresividad inicial. No es un mal tema, pero sí marca el inicio de una zona más irregular del disco. Canciones como “Tired of Smiling” o “Lyin’ Eyes” se mueven en terrenos correctos, disfrutables, aunque sin el impacto ni la urgencia de los primeros cortes. Funcionan, pero no terminan de dejar huella.
El disco recupera músculo con “Let’s Roll (40 Brave)”, uno de los temas más contundentes del álbum, con un aire thrash que remite a Exodus y un empuje que demuestra la experiencia de sus integrantes. Algo similar ocurre con “Full Tilt”, un corte descarado y acelerado que suena como Motörhead pasado por un turbo, breve y efectivo. En estos momentos, Built To Destroy recuerda por qué esta alineación genera expectativas.
La segunda mitad vuelve a alternar luces y sombras. Temas como “Central Park” y “Gasoline” introducen un enfoque más acústico y atmosférico. Aunque “Gasoline” destaca por su mensaje y cierto aire de power ballad sureña, estos cortes rompen el ritmo general del disco y restan continuidad a una propuesta que parece pedir más contundencia y menos pausa.
A nivel sonoro, el álbum está bien producido y ejecutado con solvencia. Las guitarras de Bolan ofrecen riffs sólidos y solos efectivos, la base rítmica de Howland y Unger es potente y profesional, y el conjunto transmite oficio. Sin embargo, uno de los puntos débiles del disco es la falta de cohesión: hay temas claramente superiores a otros y el nivel no se mantiene constante durante los 57 minutos de duración, un metraje algo excesivo para un álbum de este estilo.
El cierre con “Built To Destroy” es, eso sí, una elección acertada. El tema resume bien el espíritu del disco: agresivo, directo y con un mensaje de hartazgo que encaja perfectamente con la identidad del grupo. No es un final explosivo, pero sí coherente y representativo.

En conjunto, Built To Destroy es un debut sólido y honesto, que funciona mejor cuando N.Y.C. apuestan por la crudeza y la inmediatez. Hay auténticos bangers en su arranque y varios momentos destacables, pero también una sensación de que el material podría haber sido más conciso y consistente. No alcanza las cotas más altas asociadas a las bandas históricas de sus miembros, pero tampoco pretende ser un ejercicio de nostalgia.
N.Y.C. se presentan como una banda con personalidad propia, rabiosa y urbana, que canaliza la esencia de una Nueva York ruidosa y cabreada. Built To Destroy no es un disco imprescindible, pero sí una obra disfrutable, intensa por momentos y cargada de actitud, que deja claro que estos veteranos aún tienen gasolina para seguir golpeando fuerte cuando deciden pisar a fondo.
Listado de temas:
1. Heavy As Hell
2. Twisted
3. United
4. Tired of Smiling
5. Lyin Eyes
6. Let’s Roll (40 Brave)
7. Central Park
8. Fight
9. Full Tilt
10. Highway to Nowhere
11. Gasoline
12. 244
13. Built to Destroy
Line-up:
Tommy Bolan – Vocals/Guitar
Stet Howland – Drums
Steve Unger – Bass
Puntuación: 7,5/10
Discográfica: Adrenalizing Media Network




