W.A.S.P. – THE CRIMSON IDOL

Crítica

Corría el año 1992 cuando apareció el single “Chainsaw Charlie”, el primer material nuevo de W.A.S.P. en tres años. Tan sólo era un anticipo de lo que tres meses más tarde iba a aparecer en las tiendas de discos…

Con la partida de Chris Holmes de la banda tras la gira de “The Headless Children” Blackie Lawless decidió inciciar un proyecto en solitario, algo que no tuviera absolutamente nada que ver con lo que había hecho con anterioridad. Es cierto que W.A.S.P. nos tiene acostumbrados a cambiar de estilo entre album y album (para reflejar los sentimientos de la banda en un cada momento determinado, tal y como suele declarar Lawless), pero esta vez el cambio fue brutal… para bien.

Este LP fue producido y escrito en su totalidad por Blackie en sus estudios “Fort Apache” tras un proceso de prácticamente 2 años (en la remasterización del disco de hace unos años podeis leer todo el material que se empleó, incluyendo desde cuerdas de guitarra hasta botellas de vodka y partidas a un pinball). Aunque en un principio no iba a ser editado bajo el nombre del grupo, Lawless decidió que iba a tener mucha más acogida si la palabra “W.A.S.P.” aparecía bien grande en la portada.

¿Qué es “The Crimson Idol”? Es un album conceptual centrado en la vida de una estrella del metal, Jonathan Aaron Steel, narrando su atormentada niñez, su subida al trono… y su caída.

El disco abre con “The Titanic Overture”, una intro espectacular y sobrecogedora en todos los sentidos que empieza con unos arpegios que a lo largo del disco se van repitiendo constantemente (que son una evolución de la melodía de “Don´t Know Where I Am” de la época de Lawless en Sister). Una forma perfecta de iniciar el disco.

Tras ella viene “The Invisible Boy” – quizás la “menos buena” de todo el album – que representa un diálogo entre Jonathan y su padre, en el que el primero, harto del menosprecio y maltratato al que le somete su progenitor, le dice a la cara “¿Soy el hijo huérfano que nunca necesitaste?”.

“Arena of Pleasure” irrumpe en escena, siendo posiblemente la canción más directa y potente del album. Tralla de la buena que representa la huída de casa de Jonathan para llegar a la gran ciudad… con tan sólo una maleta y su guitarra. Imprescindible.

Turno para “Chainsaw Charlie (Murders in the New Morgue)”, en la que se presenta a la figura del dueño de una discográfica que descubre el talento de Jonathan. Allí chantajea a Jonathan, ofreciéndole toda la fama y dinero que desee… pero a un precio. Todo un guiño a la gente de Capitol, con la que W.A.S.P. terminó sus relaciones tras este album (el cual no querían que se editara). Una canción demoledora de principio a fin, con un ritmo de batería sobrehumano, que además nos cuenta cómo es el mundillo de la música por dentro.

Jonathan está en lo más alto, y es entonces cuando una mujer que tira las cartas del tarot en“The Gipsy Meets the Boy” le advierte que lleve mucho cuidado o su gloria será efímera. Una canción acústica que sirve de hilo para seguir adecuadamente la historia. Drogas, dinero, mujeres… la vida de Jonathan se llena de excesos y vicios, tal y como se retrata en “Doctor Rockter”. Otro temazo de principio a fin que recuerda mucho a “Thunderhead” del “Headless Children”, tanto en la temática cómo en el recurso de la voz grave que dialoga con el artista.

“I am One” trata de reflejar el paso de la banda del protagonista por todas las naciones, con lo que se demuestra la fama que ha adquirido Jonathan a escala mundial, que agradecido venera y le desea larga vida al “King Of Mercy”. Por fin el chico siente que tiene lo que se merece…

Y llega “The Idol”, sin duda el tema más importante del disco. Empieza con un diálogo entre Jonathan, sus amigos y su manager en medio de una de sus fiestas locas, tras la cual Jonathan se da cuenta de que nada de lo que le rodea es importante, sino que hay algo que le carcome la mente y que aún no ha conseguido a pesar de su fama y su dinero: el reconocimiento de sus padres. Por ello, coje el teléfono, llama a su madre y … leeros la historia, que bien merece la pena.

“The Idol” empieza con una tonalidad muy próxima a una balada, para en un momento dado entrar con una fuerza increíble que no baja en ningún momento. Es un tema con una pasión desmedida en la que Lawless puso todo su alma a la hora de componer y grabar. El sólo de guitarra, tocado por Bob Kullick (que acabó sangrando por las yemas de los dedos varios días hasta que se alcanzó el sonido que se quería) carece de palabras que lo defina. Una vez lo oigais sabreis por qué lo digo.

Turno para la balada “Hold on to my Heart”, que aunque no sea de las mejores canciones del album fue la que la compañía escogió para promocionar el disco (cierto es que gracias a ella el disco sonó en muchas emisoras y televisiones dónde nunca antes habían oído nada de W.A.S.P., pero resulta bastante lamentable que la escogieran en lugar de cualquier otro de los temas).

Y ya sólo resta el broche, “The Great Misconceptions of Me”, que está llena de cambios de ritmos y cuya calidad no baja del sobresaliente en todo momento. Una verdadera delicia para nuestros oídos que pone punto y final a una verdadera obra maestra.

También cabe mencionar, por un lado, “The Story of Jonathan”, canción que narra toda la vida de Jonathan, con el acompañamiento de una guitarra acústica. En su versión original se dividió en dos partes que aparecían en dos de los singles del album, pero en la edición remasterizada se unió en una sola. Merece la pena y mucho escucharla con el libreto en la mano para así comprender la majestuosidad de la historia, digna de un best seller o una gran película; y por otro lado, las dos caras b del album, “The Eulogy” y “Phantoms in the Mirror”, las cuales, en especial ésta última, merecerían haber sido incluídas en el track listing original.

Además, la gira que siguió a la publicación del album les llevó a tocar en el festival Monsters of Rock, donde quizás tuvo lugar el concierto más memorable de la banda en su historia.

Un album que raya la perfección en todo lo momento y que creó una legión de fans incondicionales al disco en sí más que al propio grupo (muchos son los artistas, webmasters y escritores que han basado muchas de sus creaciones en “The Crimson Idol”) y que a pesar de los años resulta imposible cansarse de oírlo.

Yo no dormí el día que lo me compré el disco, y durante semanas era lo único que escuchaba. Y creo que nunca me ha pasado nada igual con otro album.

<< volver a discos