WINDS OF PLAGUE – THE GREAT STONE WAR

Crítica

¿Powercore?… La última evolución del metal o un híbrido imposible pero existente. Winds Of Plague no niegan sus influencias y orígenes: el eurometal de los 90 (Blind Guardian en sus años de esplendor e In Flames contribuyendo a la creación del “sonido Gotemburgo”, son dos claros ejemplos) y el hardcore de nuevo cuño con su infinidad de referencias venidas de Norteamérica. El término “core” parece ser como la Coca-Cola: con (casi) todo es mezclable, aunque el resultado obtenido sea en ocasiones desigual y pese a la existencia de un amplio sector que vea como una aberración su fusión, sin importar cual sea esta.

La excelente portada a cargo de Par Oloffson contrasta con la estética del grupo, situándoles entre las fronteras antes citadas. El álbum ha sido trazado como una obra conceptual, en la que se desarrolla en nueve partes aquello de que la cuarta Guerra Mundial será con piedras (como consecuencia de la devastación que se producirá en la tercera). Temática profética y apocalíptica por tanto, centrada en ambientes bélicos y tratando de aportar su grano de arena para que lo descrito no llegue a suceder. Tras la breve introducción, épica y exclusivamente hablada que supone “Earth” (cumpliendo su objetivo explicativo de lo que se avecina tras ella), nos asalta “Forged in fire”. Veloz y potente, con un interesante juego de guitarras que desemboca en unos breaks un tanto apocados, doblando voces entre guturales hasta llegar a una parte semirapeada, gracias a la colaboración de Martin Stewart (Terror), sobre un órgano que la hace ganar en misticismo recordando incluso al estilo que pueden desarrollar Kamelot. Una muestra del cruce de caminos en el que se mueven los de California, eso sí, sin estar demasiado tiempo en ninguno de ellos.

Un piano abre “Soldiers of doomsday”, en la que las guitarras se moldean como si de goma estuvieran hechas, llevando el peso y el brillo de la canción. La parte central tiene sonidos Groove, característicos de los postulados que Dimebag Darrell sentara con Pantera, y el final es reminiscente del Death melódico escandinavo, dando forma a un puzzle en el que es necesario descifrar cada pieza y encajarla para que el conjunto cobre sentido.

“Approach the podium” tiene en las notas de un par de guitarras acústicas su inicio, aunque en su desarrollo la melodía tenebrosa que aporta el órgano la aproxime mucho al corte anterior. Las guitarras de Nick Eash y Nick Piunno se superponen a lo largo del tema, no consiguiendo el buen resultado que en “Soldiers of doomsday” en el aspecto conductor ni en comparación a otros grupos al soltar breaks en su último tramo, aún estando estos, sincopados por sonidos de viento, y obteniendo una profundidad extra.

Las guitarras recobran protagonismo en “Battle scars”, acertando en la parte melódica por la claridad de las notas que emiten y con un solo de corte clásico bien logrado sobre un incesante bombo. Puede empezar a resultar cansina la perenne combinación de idénticos elementos, ya que hasta el momento de la escucha nada aporta originalidad a cada una de las canciones, salvo la que el grupo trata de mostrar definiendo su estilo, siendo los mejores momentos los de influencia europea en contraposición a los dejes hardcorianos.

La épica fluye de nuevo en “Chest and horns”, con una instrumentación ambiental muy similar a la que Blind Guardian usara en cualquiera de sus canciones clásicas y la participación al micrófono de Jamey Jasta (Hatebreed). La variación se introduce con elementos cercanos al Heavy Metal en los harmoniosos fraseos de guitarras que se entrecruzan con breaks sobre una base de órgano y bombo que no hace que suenen del todo limpios. La cuestión se hace más difícil si añadimos partes que podrían calificarse como de Death técnico y un final puramente Hardcore a la voz con un fondo melódico creado por el órgano de Kristen Randall (ex-Abigail Williams y ahora también fuera de Winds Of Plague). Demasiado complicado todo a mi parecer, ya que ni disfrutamos de una cosa ni de otra, siendo el resultado confuso y de difícil digestión.

“Creed of tyrants” es más de lo mismo, un tema clónico en estructuras a los anteriormente mencionados. “Our requiem” cuenta con una introducción hablada (o gritada en lo-fi), para conjugar, una vez más, el órgano melodioso con las guitarras rebotantes, los guturales de Jonathan Cook con la sección rítmica marcada por el bombo de Art Cruz: quintaesencia de Winds Of Plague que no aporta nada al disco salvo unos solos breves pero con calidad.

Los primeros breaks destacables de la obra los trae “Classic struggle”, con un sonido más extremo, aunque de nuevo la excesiva presencia de Kristen la haga perder radicalidad. En esta el invitado es Mitch Lucker (Suicide Silence), posible razón por la que el sonido se recrudece más que en otros cortes del trabajo. El tema homónimo a la obra se hace con el meritorio premio de mejor canción del álbum: los breaks sí suenan con brutalidad, la velocidad es la adecuada y la voz suena amenazante y ruda; puestos a elegir una carta de presentación esta debería ser su elección. Destacar también la buena orquestación a cargo de Brian Lawlor y Ryan Kelly que la introduce, en ese aspecto el trabajo es impoluto a lo largo de los 37 minutos que dura la obra. El final llega con “Tides of change”, outro continuadora de “Earth”, y que completa el círculo de “The great stone war” como disco conceptual.

Este álbum es como una extensa versión de “Mirror mirror” a cargo de Hatebreed o cualquier otra banda similar. En este punto de vida del Heavy Metal (si se puede considerar a Winds Of Plague un grupo de tal) es tarea compleja ser original, abundando los refritos y el crossover ante la falta de ideas. El resultado final de “The great stone war” es poco competitivo frente a cualquiera de los estilos de los que se nutre: ni mejora a las grandes bandas de Deathcore, ni emula las andanzas de los clásicos del Power Metal y el Melodeath de la pasada década.

Si trataban de acercar (o acercarse) a distintos públicos creo que van a tener cuesta arriba la tarea. El tiempo decidirá quienes quedan y quienes salen del juego dentro del enorme espectro de bandas que Estados Unidos ofrece al mundo tratando de marcar la nueva pauta a seguir, y para ello tener las ideas claras es uno de los puntos fundamentales. Más allá del hype, no veo a Winds Of Plague desarrollando una larga y fructífera carrera, y como a ellos, sólo el tiempo será quien me diga si acierto o no en mi predicción.

TRACKLIST:

01 – Earth
02 – Forged In Fire
03 – Soldiers Of Doomsday
04 – Approach The Podium
05 – Battle Scars
06 – Chest And Horns
07 – Creed Of Tyrants
08 – Our Requiem
09 – Classic Struggle
10 – The Great Stone War
11 – Tides Of Change
Puntuación: 5,5

Discográfica: Century Media Records

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