Mat Festival con sabor a pueblo, alto octanaje en vida y R&R // Matarraña (Teruel) – 01,02,03/07/2022
Llegábamos a la comarca del Matarraña y más concretamente al precioso pueblito de La Fresneda el viernes por la tarde, con la perspectiva de disfrutar de dos días con la música que tanto nos recarga las pilas en un entorno natural incomparable, de los que se te quedan en la retina. Al llegar al recinto, nos esperaba un pequeño aunque bien equipado escenario (buen set de luces, máquinas de humo, pantalla donde se sucedían proyecciones), pero sobre todo pudimos gozar de un sonido nítido no carente de potencia, y que fue la tónica general para todas las bandas salvo momentos puntuales como comentaré más adelante; a nuestra disposición una barra con precios populares, y siete de las mejores bandas del rock underground patrio repartidas en dos jornadas que prometían intensidad a mansalva.
La verdad es que me esperaba poca afluencia de público, pero ver que apenas éramos una treintena de personas, y que la cosa apenas mejoraría un poco (llegando al medio centenar en algunos momentos) según transcurrían los conciertos, fue una decepción importante. Está claro que la coincidencia en fechas con otros importantes eventos de nuestro rollo, como son tanto el RockFest de Barcelona, como el Resurrection mermaron las posibilidades de la cita. Súmale a eso las consecuencias de la pandemia en el sector y en la escena, con los rescoldos del miedo de la peña que todavía colean; y una escasa, por no decir nula, promoción (la gente del pueblo en su mayoría se enteró de la existencia del festival el mismo día inaugural), factores que marcaron el destino del evento. Pena mezclada con rabia al verse uno golpeado por esta realidad. Dicen algunos que la escena se muere, uno intenta ser más optimista y pensar que lo que se muere es el rock de estadio, que irá pereciendo según lo vayan dejando los dinosaurios con sus eternas últimas giras, y como consecuencia también irán desapareciendo los macro festivales, con contadas excepciones. Sí es verdad que mientras la mayor parte de la peña prefiera dejarse más de cien pavos en ver a las viejas glorias haciendo un ejercicio de nostalgia (y tener que sufrir las condiciones que todos sabemos que se dan en este tipo de eventos masivos) que en ir a los bolos de las salas de su ciudad apoyando la escena local, la cosa tiene complicada solución; y entiendo que se piense que el rock está muerto, pero viendo la calidad y cantidad de grupos que tenemos a día de hoy en el underground y las que van surgiendo, no comparto esa opinión por completo. Pero la cosa está peliaguda.
Viernes 1
Por diversas causas y, a pesar del retraso con el que comenzó el festival, nos perdimos los primeros temas de los Azero que jugaban en casa, y que acortarían su setlist debido a esa demora en el inicio. Aún a pesar del escaso público, no se amilanaron y nos ofrecieron un intenso bolo con su rock combativo de protesta y denuncia, destacando temas como “La muerte está echada” o “El hombre jabalí” con unos guturales del guitarra rítmico que le daban el contrapunto perfecto a la voz de Kapi y con las que lograban meternos a todos en el ajo, “Palestina” o con la que se despedían “Rock de Pueblo”, “porque nuestra vida es el rock’n’roll”. Rock urbano de pueblo, sirva la contradicción en este caso, que sirvió como inmejorable inicio de fiesta. A mí me ganaron para su causa, no tanto los siguientes…
The Golden Grahams salían a escena en torno a la medianoche. Con formación de power trio practican un rock setentero con una evidente influencia de los Rolling Stones de los que llegaron a interpretar al menos tres versiones, alguien me comentaba que cuatro, brillando con “Honky Tonk Women” y no tanto con una extensa “You Can´t Always Get What You Wann” y es que cuando no tienes a Keith te falta algo esencial para llegar al nivel de sus satánicas majestades. Además, no conectaron tan bien como los Azero, por la insistencia de su cantante y guitarrista de dirigirse al respetable en inglés cuando podía hacerlo perfectamente en el idioma de Cervantes (y no creo que lo hiciera por la presencia entre el público del típico inglés borrachín, que se dedicó a dar la nota durante toda esta primera jornada). Alargaron su actuación innecesariamente diez minutos más de los noventa estipulados.
Debido al retraso acumulado, los bilbaínos Los Brazos salieron a escena alrededor de las 2h y, a pesar de ello, dieron el mejor concierto de la primera jornada. Muy bien empastados entre los tres músicos, mostraron que son una banda sin fisuras y bien engrasada, con muchas horas de escenario a sus espaldas, dejándonos temazos de la talla de la bluesera “Tales”, que sube de intensidad al llegar el solo de guitarra de William que abandona por un momento el micro para seguir cantando a pecho; las sureñas “Magic” y “Left Behind” o una bailable “Your Game”. Entre tema y tema nos van introduciendo las canciones, presentándonos a la banda en numerosas ocasiones y derrochando buen rollo. Acabarían desgranando su última entrega discográfica casi al completo aunque sin olvidarse de temas de sus inicios como “The Rain”. Nos dejaron extasiados cerrando el set con una inmensa y coreada versión de “Free Bird”, bajando del escenario como absolutos triunfadores de la noche.
Sábado 2
El sábado venía fuerte con las que son, para este plumilla, las tres mejores bandas de rock de este país cantando en inglés, como son Jolly Joker, los gaditanos The Electric Alley y The Kleejoss Band, aunque estos últimos hayan cambiado en su último disco y ahora cantan en español.
Dandy Wolf tenían la ingrata tarea de abrir el sábado, que esta vez dio inicio en hora, con lo que sumado a que eran los que estaban más alejados en estilo del resto del cartel, hizo que su actuación pasara sin pena ni gloria.
Jolly Joker saltaban a escena al ritmo de “Rockin’ in Stereo” seguida de “Hey You”, metiéndose a la gente en el bolsillo ya desde el primer momento. Al igual que hicieran Los Brazos la noche anterior, se centraron en su último y magnífico álbum “Loud & Proud” (que me aseguraban que su edición en vinilo ya está en camino) del que sonaron “Motor”, “I don’t care” o “Sky is so High”, sin dejar de lado pepinazos del calibre de “Fuck It All”, “Believe” o “I am Rock’n’Roll”, y sí, estos tíos es que sudan rock n roll por los cuatro costados y su descarga es igual de intensa hayan ido a verles 50 pavos o 5.000. Las bandas habían pactado actuaciones de sesenta minutos de duración, con lo que el bolo se pasó en un suspiro y sin oportunidad de bises. Ya se sabe que a veces lo bueno si breve, dos veces bueno, pero me hubiera gustado haberles visto tocar tres o cuatro temas más. Lo mismo me pasó con los siguientes en salir a la palestra.
The Electric Alley fueron de los últimos grupos que pude ver en directo justo antes de que llegara el apocalipsis, en aquella inolvidable mini gira conjunta con otros cracks de nuestra música como son King Sapo y los que también actuarían después esta noche, The Kleejoss Band; y la verdad que a pesar del tiempo transcurrido y algún tropiezo inesperado con una innombrable multinacional, los gaditanos no han perdido su toque, aunque sufrieron algún problema de sonido que no les hizo sentirse cómodos del todo. Pero cuando tienes temas como “Thunderbird or Vultures” y, sobre todo, “I´ve been taught” y “Can We Have Some Love Between Us?” esos detalles pierden importancia. Tienen un disco ya grabado desde el año pasado que amenazaba con quedarse en un cajón, pero ya se encargaron de despejar nuestras dudas asegurándonos que antes de final de año podremos disfrutar su esperado cuarto trabajo, del que esa noche pudimos escuchar “Hurricane” con la que arrancaban, uno de esos temas que casi justifica la compra del CD, con un estribillo molón marca de la casa. Con “No Control” nos sacaban los primeros vítores. La cosa iba subiendo de temperatura con una “Last Letter” que nunca debe faltar en sus setlists. Aquí Jaime nos ofrecía una interpretación que despeja dudas sobre quién es el mejor cantante de rock en España. Eché de menos “Rusty”, pero totalmente perdonable cuando cierras con una apabullante “Eagle Fly Solo”.
The Kleejoss Band serían los encargados de cerrar el festival, y a pesar de que se iba notando ya el cansancio acumulado, nos dieron otra dosis de música directa a la vena de la emotividad que nos hacía olvidar cualquier pena. Como decía antes, han tomado la difícil decisión de cantar ahora en español llevando ya bastantes discos editados en inglés, y he de reconocer que al principio me costó aceptar el cambio, pero es que ahora me parece muy acertado, porque “Maleza” es un disco como la copa de un pino, con temas como “Radio Amiga” o “Malvenidos” que sonaron a gloria. Temas como el homenaje a esa tienda de discos de la ciudad condal convertida en canción que es “Revolver” serían culpables de nuestra afonía el día siguiente. El final de fiesta fue apoteósico con tremenda versión de “Rocking in the Free World” en la que compartieron escenario con miembros de Jolly Joker y The Electric Alley, cantándola entre los tres grupos y sacándonos más de una sonrisa al ver el hermanamiento y buen rollo entre las bandas.
Balance en general muy positivo, con pequeños detalles que no empañaron el disfrute en ningún momento (precio de los abonos más baratos en taquilla que anticipadamente, un solo food truck y fuera del recinto, la comentada nula promoción de los organizadores…) y que, si me preguntas a mí, repetiría el próximo año sin dudarlo, aunque me temo que no se volverá a celebrar debido principalmente al escaso público.

































