AZKENA ROCK FESTIVAL 2023
ROCK PARA -CASI- TODOS LOS GUSTOS, CLIMA CAPRICHOSO Y GRAN ORGANIZACIÓN
Otro Azkena Rock Festival más a las espaldas, y ya van unos cuantos, que podemos resumir (a grandes rasgos) en el título. Trataré de ser breve… pero no lo lograré. Empiezo diciendo que Vitoria es una ciudad encantadora: sus calles, la mayoría de sus bares y restaurantes, sus paseos, su verde… te atrapan y, como dice un amigo (al que le robo la frase), durante el festival, se convierte en un “gran parque temático donde pasar nuestras vacaciones de rock and roll”. Año tras año, vuelves y te sientes bien, la verdad sea dicha: no importa retornar, máxime para un evento como el Azkena Rock Festival, paradigma del buen rollo y el colegueo festivalero.
La organización siempre ha sido buena, pero yo creo que mejora cada año. El trato a la prensa ha sido genial, rápido, cercano. La zona de aseos, limpia, con aseos “de verdad”, numerosa, de fácil acceso… un 10 en este aspecto. La zona de bebida, tres cuartos de lo mismo: accesible, con personal amable y bien repartida por un recinto estupendo. De los puestos de comida solo os puedo hablar de oídas, ya que “repostamos” fuera del recinto, como viene siendo tradición, pero parece ser que hubo aglomeraciones, que la calidad de la comida era mediocre, por decirlo suave, y que suprimieron los tradicionales food trucks, que, al final, tuvieron que volver al recinto de comida que, en esta edición, estaba ubicado en alto, tras unas pronunciadas escaleras, y no de camino a uno de los escenarios, como hasta ahora. Por cierto, que lo de los precios no tiene nombre, como en casi todos los festivales: 10-11 euros por 750 mililitros de cerveza o de calimocho, o 10 euros por un perrito caliente, es una barbaridad de las grandes, rayana en lo esperpéntico… pero, por desgracia, ya sabemos a lo que vamos.
Además del propio festival en el recinto de Mendizabala, la plaza más importante de Vitoria, la de la Virgen Blanca, se convierte un par de días (viernes y sábado), en una extensión, en un escenario más del Azkena… y es un momento de los que se disfrutan: plaza abarrotada, como decía aquel, bares a tope de gente, ambiente inmejorable y mucho rock and roll. Este año, el sábado hizo un calor poco soportable, pero el remedio queda fuera de nuestro alcance, si no es combatir el bochorno con cervezas y en búsqueda de las escasas sombras que nos ofrecen las calles adyacentes, que también quisieron unirse a la fiesta.

En la Virgen Blanca tuvimos el viernes 16 a THE FUZILLIS, banda londinense de rock and roll tradicional, rockabilly y demás estilos de los 50 y 60, capitaneada por Dan Martin. Armados de guitarra, bajo, batería y saxo, pusieron la nota bailonga al viernes y, como respetó el Lorenzo, la gente se lo pasó pipa, saltando y bailoteando durante una hora. El sábado 17 fue el turno para la clase y el buen sonido de guitarras limpias de CHUCK PROPHET AND THE MISSION EXPRESS, mucho más calmados que los anteriores, pero de una gran calidad. Muchos pensamos que deberían haber tocado también en el festival, como hiciera en su día LUKE WINSLOW KING… pero esta vez no sucedió. Muy interesante el bolo del californiano, derrochando sonidos puros, ante la atenta y embelesada mirada de quienes nos tratábamos de refugiar del sol quemante y ardiente del mediodía. Encima, la mayoría con camisetas negras…
JUEVES 15 de JUNIO.
La primera jornada del festival fue la más tranquila para el “azkenero”, ya que las bandas no se solaparon, sino que solo dos escenarios estuvieron en funcionamiento, y los grupos iban uno detrás de otro en las tablas del GOD (escenario principal, con pantallas) y RESPECT (secundario). Analicemos lo más destacado del día.
Para nosotros, por razones logísticas, el día empezó con los brasileños OS MUTANTES, fundados nada menos que en 1966, practican una suerte de rock poco clasificable, pero con elementos prog indudables. Con su guitarrista y fundador, Sérgio Dias, ya sentado por los achaques de la edad, ofrecieron un bolo con buen sonido, augurando lo que sería una constante en casi todo el Azkena, ante un público que despertaba con los primeros retazos del festival.
A continuación, el gran STEVE EARLE, aparecía en escena con su acústica y su armónica como únicas armas de caballero, y eso hizo que muchos comentaran que un bolo tan intimista tal vez no era para un festival como este. Los foros “ardían” (bueno, tampoco es eso…), y algunos reclamaban más ruido, más fuzz, y menos actuaciones acústicas. Yo me alineo con los que piensan que este recital, en sala, y con la gente callada, gana mucho más que tal y como lo vimos, pero dicho esto, EARLE no estuvo nada mal, haciendo gala de una buena voz y un gran control del finger picking con sus guitarras acústicas enchufadas.
Muchos esperaban el concierto de EL DROGAS, que celebraba el XL aniversario de la banda navarra BARRICADA, con un repertorio dedicado íntegramente a ella, y con la colaboración de sus músicos de TXARRENA, si no me equivoco. La verdad es que dieron un muy buen concierto. Nunca he sido muy de los pamplonicas, pero pude ver cómo mucha gente se emocionaba cantando los himnos de su juventud, rememorando las canciones que un día significaron tanto para ellos… incluso alguno derramó alguna lagrimilla recordando cómo coreaba estos temas con amigos que ya no están… Bien de voz, banda muy entonada y publico ávido de recuerdos, formaron una pócima perfecta de esas que quitan años de encima sin necesidad de restregársela por ningún lado. Tal vez, lo mejor de la noche de jueves.

LYDIA LUNCH RETROVIRUS es otra banda difícil de definir en cuando a la oferta que nos proponen. Tal vez es que nos obcecamos con encasillar grupos en este o en aquel estilo, y aquí estemos hablando solo de rock and roll, al fin y al cabo. Sin duda, el rollo de Lydia es oscuro y algo enfermizo, música enraizada en el blues, con elementos del punk ofrecidos por un power trío de guitarrista saltarín que ataca despiadadamente medios tonos que dan un carácter tenebroso a sus canciones. La voz de LYDIA es cavernosa, siempre deambulando por la parte baja del pentagrama, con episodios declamados a veces y con un bajo en obstinato en muchos de sus temas. Con un público ya muy aceptable, algunos la catalogan como lo mejor de la jornada, pero yo creo que hubo mejor percal, como queda dicho antes.
Muchos eran los que en los 90 seguían a los americanos RANCID, que fueron la gran atracción del día para un número considerable de asistentes. Otro de los bolos esperados con fruición y que no defraudó a los miles de espectadores que les vieron, a tenor de lo que leo y releo en foros y redes. Aunque a mí me pareció que la banda andaba algo baja de forma (no soy seguidor de ellos en absoluto, y cuento lo que vi: fallos en los punteos, un Tim Armstrong fuera de sitio algunas veces…), la gente alucinó, muchos elevándolos a concierto del festival, considerado en general. El punk o ska-punk de los californianos atronó en la noche vitoriana; los temas se sucedían sin descanso para aprovechar el poco tiempo que tenían, hasta un total de veinte, todos presentados por un Lars Frederiksen muy activo. Todos los miembros cantaron algún tema, lo que se agradece. Ya digo que nunca han sido lo mío, pero me alegro mucho de que fuera un bolo en el que sus fans alucinaron de verdad, hasta el cierre con la necesaria “Ruby Soho”. Actitud por siempre.

La banda de Mr. Dave Wyndorf fue la encargada de cerrar la primera noche festivalera. MONSTER MAGNET unen stoner, psicodelia, rock espacial y hard rock, en una mezcla muy efectiva. Fuimos muchos los que resistimos hasta altas horas, y el concierto no defraudó. Un sonido algo enmarañado al principio dio paso a otro bastante aceptable, a medida que avanzaban los temas. A Wyndorf le vi algo hinchado, necesitando apoyarse a veces, no en demasiada buena forma, pero la edad pesa, y se defendió bien de voz. Por suerte, no tocó mucho la guitarra, ja, ja, sino que dejó a sus dos hachas repartir leña a las seis cuerdas, y él, de vez en cuando, metía algo de rítmica. “Powertrip” y “Space Lord Motherfucker” fueron los momentos álgidos de una buena actuación que cerró la jornada en la que tomábamos contacto con un festival, al que aún le quedaban dos días…
VIERNES 16 DE JUNIO.
Arrancaba el segundo día de rock and roll, para nosotros con la actuación de los americanos CORDOVAS. Había escuchado cosas interesantes de ellos, pero en vivo creo que les faltó un poco de “sangre”, algo más de mala baba. Con un sonido im-pe-ca-ble, eso sí, demostraron que son excelentes músicos, pero que tal vez su propuesta, de nuevo, sea para una sala cerrada donde, seguro, les disfrutaríamos mucho más; eso sí: sin el solo de batería que metieron… en un bolo de una hora. Siempre vamos a lo mismo: no, no y no. Tienen calidad, tienen canciones, gustaron bastante, pero aquí estamos para dar cada uno su opinión, y esta es la mía: aburrieron 😊

En el mientras tanto, nos dejamos caer por el escenario más cercano a la salida, donde actuaron los británicos MATCHBOX… que lo increíble es que aún se muevan por esas tablas del mundo. Este que firma, que acumula ya canas para alicatar dos cuartos de baño, empezó a escuchar música con ellos en el pleistoceno, y quería rememorar algunos temas. Lo cierto es que les falta garra, pero no se puede pedir mucho; ya bastante es que nos presenten las canciones con las que triunfaban a finales de los 70. Os aseguro que muchos de sus temas fueron un verdadero bombazo.

Su concierto no dejó a nadie indiferente: EARTHLESS comenzaron con una intro psicodélica de muchos minutos en plan relajado. Platos con mazas, guitarrazos eventuales, notas de bajo aquí y allá… mucho tiempo hasta empezar la caña stoner que muchos esperábamos. No faltó el cachondeíto., claro: hicieron tres temas porque cada uno tiene veinte minutos… y es cierto, pero desde el punto de vista musical, para mí, fueron de lo más destacado del día. Estos excelentes músicos avasallaron con sus tremendas progresiones, vapuleantes subidas de intensidad, destreza a los instrumentos, guitarrazos sin piedad, solos afilados… De verdad que, si te metes en la vorágine, llega un momento en que estás atrapado por un tornado de ímpetu y energía poco usual. Y cuidado: que entiendo a quien le parezcan un coñazo insoportable; lo entiendo. Son tremendos, pero no son una banda para todos los públicos.

Cabezas de la noche, THE PRETENDERS fueron lo que siempre han sido: Chrissy Hynde y algunos músicos más. A sus 71 años, la dama estadounidense afincada en el Reino Unido cuenta aún con una imponente presencia y con una voz que muchos quisiéramos para nosotros. Además, no tuvo problemas en, además de sus temas más comerciales, obsequiarnos con temas de sus dos primeros discos, que, para qué engañarnos, son los que molan, ja, ja. O sea, que “Dont Get Me Wrong”, muy bien, pero “The Adultress”, mejor. Su banda estuvo a la altura: gente joven que toca muy bien y que en todo tiempo arroparon a Hynde y sus bonitas Telecasters. Sorprendió, por sobria, la presentación de la banda: ni telones, ni luces extra, ni carteles… solo las cortinas del escenario y ellos encima de las tablas. Otra de las cosas que me sorprendieron es que el jueves había un cañón de luz apuntando al escenario principal… y el viernes ya estaba desmontado.

Tras la descarga de los PRETENDERS, tocó el turno a esa mezcla entre cumbia, indie, ranchera… llamada CALEXICO. No pudimos seguir su concierto demasiado tiempo, pero nos ofrecieron su tradicional propuesta mix solo para incondicionales. No es que sea una banda a la que admire, pero su rollo es auténtico y, a juzgar por el público asistente, tiene una buena pléyade de seguidores. El sonido, de nuevo, fue protagonista, y me congratula decir que para bien.
Mucha, muchísima suerte tuvieron los fans azkeneros de INCUBUS, ya que, con rumores de cancelación rondando su actuación… al final tocaron en el escenario principal del festival vitoriano. Al día siguiente, cancelaron varios de sus actuaciones venideras por recomendación médica a su cantante Brandon Boyd. Banda también para incondicionales, supieron hacer las delicias de sus numerosísimos fans con un concierto espectacular, ahora sí con gran despliegue escénico: pantallas, luces, efectos, batería de costado, y dos balcones a los lados llenos de fans bailongos. Hay quien les echa en cara su setlist, que no es, dicen, para un festival; hay quien está muy contento con él; hay a quien le reventó que terminaran con un tema acústico y más bien lentorro… nunca llueve a gusto de todos. Lo que yo vi fue un buen despliegue de efectos, un buen sonido, una gran voz y unos temas que no casan conmigo en absoluto, pero como dice el escenario del festival: “respect” para quien disfrutara con el bolo que, como digo, fue bastante impactante.

Cerrando el día, una reunión auspiciada por el festival, la de los suecos THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES, que llevaban muchos años sin tocar en vivo, si excepcionamos algunos conciertos en su Suecia natal. TSOOL ya estuvieron en Vitoria en 2019, y pusieron el broche de oro al segundo día del Azkena Rock. Se trata de una banda ecléctica, que funde elementos progresivos, alternativos y psicodélicos, liderada por un Torbjörn “Ebott” Lundberg que apareció (otro más) regular de forma física (es cierto que las edades no perdonan, y que algunos se cuidan más que otros) tocado con una especie de sayón con estola inscrito en la espalda. De nuevo el sonido tuvo que mejorarse con el tiempo, pero eran muchos los ilusionados con este tardío concierto (comenzó a la 1) y fueron cayendo las canciones que todos esperaban: “Jehova Sunrise” o “Infra Riot”, con la que cerraron, fueron dos de los momentos destacados de la noche, aunque personalmente, eché de menos la más bluesera “Confrontation Camp”.
También tocaron GWAR, banda Gormitti que puso al personal perdido de sangre (algunos dijeron que ni con tres duchas salía luego), “atacando” If You Want Blood, de AC/DC, que, por suerte, resultó ilesa. Un horror.
SÁBADO 17 DE JUNIO.
Y llegamos al día de cierre, con un calor insufrible cayendo sobre la Virgen Blanca a la hora del concierto de CHUCK PROPHET… y una tormenta tremenda descargando a la hora de comienzo de las actuaciones, que nos dejó sin los conciertos de EZPALAK y BRIGADE LOCO, y que obligó a postponer el de NAT SIMMONS y CHERIE CURRIE, que hubo de solaparse con la atracción del día: el gran IGGY. La lluvia, esa inseparable compañera de muchos Azkenas, no quiso perderse el festival, pero tampoco entorpecer demasiado, así es que…
… cuando apareció en el escenario la delicada AMANDA SHIRES (sin su marido, vaya por Dios, que ya podría venir algún año) el tiempo ya había dado tregua y la lluvia empezaba a desaparecer para no retornar en todo lo que quedaba de noche. Con una banda muy “apañada”, y con su último disco por bandera, SHIRES nos ofreció un concierto relajado, con una voz realmente preciosa, temas la mayoría muy pausados, cuando no lentos, estupendo sonido, la tónica del festival, tal vez salvo algunos bolos del “Respect”, y con su violín en la mano. Por cierto, que, y esto vuelve a ser opinión personal, mucho mejor cuando no lo toca. De nuevo, fue uno de esos bolos que, en sala, seguro que lo peta, pero yo pasé un buen rato, alejado, sí, del rock and roll en inmerso en la aterciopelada y matizada voz de la señora de Isbell.
Corrimos al segundo escenario para no perdernos a la serbia ANA POPOVIĆ, que, con una gran banda, nos ofreció una hora estupenda de blues / funk. La guitarrista y vocalista, afincada en EE.UU. preparó un setlist sin concesiones, lleno de canciones vacilonas, sin un solo resquicio para los temas lentos, es decir, a matar desde el comienzo y a dar caña bailonga al numeroso personal que se congregó para verla. Y ahora, cuidado con los ofendiditos: para mí, Popović toca de puta madre, pero… a ver cómo lo digo…. No tiene infinidad de recursos, ni una técnica muy depurada; eso sí: sabe muy bien cómo usar su maestría a las seis cuerdas para encandilar al personal. Por eso me gustó mucho su concierto, uno de los más recomendables de esta edición.

Es necesario presentar nuestros respetos a una de las damas del Azkena por excelencia: la gran LUCINDA WILLIAMS. Ya la vimos en 2016, y es una de las recurrentes del festival. Este año, esos respetos se ven amplificados, ya que Williams tuvo un derrame cerebral en 2020 que afectó a su movilidad, que le impide tocar su acústica, pero, a juzgar por su actuación, y aunque su voz ha quedado también algo tocada, su concierto de este año en Vitoria fue bastante aburrido. Yo lo siento, no soy mucho de Lucinda, lo reconozco, y entiendo que hay que dar crédito a quien lo merece, pero con 70 años, tras lo que ha pasado… puede que algunos lo vean de admirar, pero yo creo que no está, para adr un concierto, siendo sincero. Sus fans, sin embargo, nos dicen que asistieron a un concierto conmovedor en el que hubo tiempo para las lágrimas y la emoción conforme iban avanzando los temas. “Protection”, “Out of Touch”, o la bonita “Fruits of my Labour”, fueron temas apreciados por un público agradecido por el esfuerzo que supone cada bolo para la artista norteamericana.
Otro de las descargas esperadas por muchos fue el de los MELVINS. En 2019 tuvieron que cancelar su actuación en Azkena por una lesión de espalda del batería Dale Crover. Tenían esa espina clavada, y no defraudaron. De la mano del bajista de RED KROSS, Steven McDonald, así como del pelocho fundador Buzz Osborne, nos ofrecieron un bolo también de lo mejor de la edición, a juzgar por muchos. Energía, psicodelia, fuzz y algo de stoner fueron los componentes de una amalgama sínoca que no dejó prisioneros desde la entrada, con “Take on me” de AHA, y con McDonald dirigiendo a las masas que coreaban el altísimo tema de los noruegos. Recuerdo que NIRVANA y otras bandas de los 90, citaban a los americanos como una de sus grandes influencias y, a juzgar por el poderío de sus temas, es de entender. Se les veía a gusto, y a sus fans también, así es que la comunión fue perfecta, a pesar de que algunos echaron de menos algo más de tiempo… pero es lo que tienen los festivales.

Personalmente, tenía ganas de reencontrarme con los americanos LUCERO, banda que se debate entre la americana más sucia y el country más pantanoso. En 2019 dieron un concierto-turra que durmió a las ovejas, así es que estaba seguro de que 2023 sería el año de la reconciliación. Y así fue: con un setlist mucho más animado que en su anterior aparición vitoriana, dieron un concierto muy bueno, tal vez de lo más recomendable del festival. Gozaron de buen sonido, estuvieron dicharacheros y, por la actitud de Ben Nichols, tenían claro lo que debían hacer. Un gran bolo… que se solapó con el de MELVINS, pero Metalcry tiene recursos para estar en todo 😊

Y llegamos a la gran atracción del día, un verdadero dinosaurio del rock, un tipo que, a pesar de su condición física, causada por la poliomielitis, a sus 76 años sigue pateándose los escenarios con energía, con sus característicos movimientos, con su ajado torso desnudo, haga frío o calor, y dando bolos que para sí quisieran muchos. Se trata del gran IGGY POP, otrora de THE STOOGES, que apareció en el escenario principal con una numerosa banda, sin mucho attrezzo, pero con los deberes hechos. Al principio pensé que iba a ser un concierto más chillón de la cuenta, pero ni de coña. Con su peculiar estilo, IGGY se fue creciendo y nos brindó un bolazo de los buenos. Se puede discutir, y de hecho se hizo, si los vientos le vienen bien o mal a su música. Yo creo que a algunos temas les quedan muy bien… y a otros no, pero a la banda no se le puede poner ni un pero: durante todo el concierto le arropó perfectamente, con potencia, buen sonido y perfecta compenetración. Sin duda, el concierto de Mr. Osterberg quedará en los anales del festival como uno de los más grandes de todas las ediciones.

Con las fuerzas justas, cambio de escenario para ver a ALTER BRIDGE, que desplegaron toda la fuerza de que fueron capaces, comandados por un Miles Kennedy al que se vio pletórico. El tío canta sin esfuerzo, como si fuera sencillo, como si la cosa no fuera con él, y en ese sentido, imagino que sus incondicionales quedarían muy satisfechos. Y, si a ello le añadimos el buen hacer a las seis cuerdas de Mark Tremonti, el resultado fue un buen concierto, aunque a este que suscribe, el punto “modernillo” y alternativo de la banda no es, precisamente, de lo que más le gusta…
Y como traca final, JIM JONES ALL STARS, con su rock and roll tradicional, pero “asalvajado” y rebosante de energía. Esta vez, el londinense vino con dos saxos para acompañar a la banda tradicional, y el resultado, y no sé si por la hora, o por la actitud del amigo Jones, pero a mí me resultó gritón, exagerado e histriónico. Cierto que los saxos le daban el punto a los temas, tratando de devolver la cosa a su lugar… sin conseguirlo.
Y cuesta arriba, vamos para el hotel a las tantas de la mañana, con otro Azkena en la mochila; otra visita a Vitoria llena de buenos momentos, buenos desayunos y algún otro homenaje gastronómico. En general, muy buen festival, buen ambiente, buena organización, pero tal vez un poco corto de bandas este año. Y hay un hecho objetivo: el heavy rock, metal, o como lo queramos llamar, va quedando cada vez más relegado del cartel. Buenos nombres, sin duda, pero en un festi en el que han reinado Kiss, Ozzy, Black Crowes, The Who, Fogerty… yo, personalmente, he echado en falta un cartel un poco más atractivo, sobre todo para motivarnos a los que nos hacemos más de 700 quilómetros desde tierras levantinas. Que sí, que IGGY es un grande, pero… you know what I mean, ¿no?
Eso sí: sin duda, volveremos, porque al Azkena, se va.
Saludos a todos.
TEXTO: Manuel Martínez Ferrándiz
FOTOS: Azkena Rock Festival.
























