BOMBEROS O PIRÓMANOS
Considero que la generalización es uno de los errores más graves y perjudiciales que puede cometer una persona. Y también soy consciente de que en el mundo de la prensa musical, al igual que en cualquier ámbito de la vida, por suerte, hay de todo. Aclarado ésto, me dispongo a dar mi opinión acerca de un tema que, por motivos evidentes, me toca de lleno. Siempre me resultó curiosa la excesiva importancia que se le da a la opinión de los llamados críticos musicales. Evidentemente no pretendo infravalorar la tarea que llevan a cabo estas personas (sería contradictorio que lo dijera yo, que en cierto modo me dedico a ello), pero creo que dichas opiniones se sobrevaloran demasiado. Lógicamente, hay críticos musicales que tienen un criterio envidiable y una credibilidad (la principal herramienta para acercarse a ese lujo llamado objetividad) bien ganada. No seré yo quien descubra que hay excelentes críticos musicales en España, pero sí me gustaría exponer qué cosas son las que me irritan de este «mundillo».
Los críticos musicales (y de cualquier otro género artístico) tienen total libertad para decir lo que quieran acerca de un grupo o disco, y me parece fenomenal. De eso se trata la libertad de expresión. Pero he de reconocer que esa “impunidad” es lo que me motivó a escribir ésto. Puede que la siguiente sea una comparación exagerada, pero creo que puede servir de ejemplo para resumir lo que me ha empujado a dar mi opinión: para que la justicia sea realmente justa, no está de más que de vez en cuando alguien vigile a los guardias de seguridad del Metro, que alguien juzgue a los jueces cuando éstos se saltan las normas o que alguien le de un toque de atención a los policías que abusan de su poder y se columpian. El derecho a la libertad de expresión es primordial y la censura es su principal enemigo. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero tampoco es ahí hasta donde quiero llegar. Lo que sí tengo clarísimo es que hay cosas que no se deben poner en una crítica musical. Y no porque se lo impongan al crítico “desde arriba”, sino porque debe ser el criterio del propio crítico el que tiene que darse cuenta de que hay cosas que no se deben poner. ¿El baremo que hay que utilizar? El respeto. Parece algo obvio y simple, pero por desgracia no todo el mundo lo utiliza.
Uno de los errores que más me irritan en un crítico musical es la falta de tacto a la hora de exponer sus argumentos (cuando los hay). El deber de un crítico es dar su opinión acerca de lo que escucha. Puede que lo que escuche le guste mucho, poco o nada. En caso de que no le guste nada, su obligación es decirlo, pero con respeto y tacto. También están los críticos que se creen demasiado importantes y que al escuchar el disco en cuestión se piensan que ha sido compuesto para ellos. ¿Que no les gusta? Es un disco muy malo (o «una puta mierda que jamás se debería haber publicado», para ser más exactos). ¿Qué no le llena la canción número cuatro? Es que el músico no puso el alma a la hora de componerla. Incluso algunos se toman la libertad de hacer todo lo posible para intentar hundir la carrera de ese grupo como un auténtico perro rabioso. Y es que por desgracia hay gente que se deja condicionar demasiado por la opinión de un crítico. No deben ser pocas las personas que ni siquiera le dieron una oportunidad a verdaderos discazos por el simple hecho de que en tal publicación le pusieron una estrellita sobre cinco. Y es una pena.
Está claro, la crítica no deja de ser una opinión personal que va firmada (como este artículo), y la objetividad total jamás existirá (y menos en algo tan abstracto como la música y el arte) , pero sí creo que el crítico debería ser un poco más empático y no mirarse tanto el ombligo. Y por supuesto, no caer en el infantil error de confundir el “no me gusta este disco” con el “este disco es una basura” (una cosa es ponerlo en un foro de internet y otra muy distinta es publicarlo en una crítica, al menos si pretendes otorgarle un mínimo de seriedad). Yo, sinceramente, cada vez que estoy escribiendo una crítica de un disco pienso “¿Quién coño soy yo para dar una opinión mínimamente fiable ante mil personas sobre un disco de unos tíos que llevan tocando toda su puta vida, si yo no sé ni tocar la zambomba?”. Sí, creo que hay críticas hechas desde la maldad, la crueldad y la agresión gratuita. Y desde aquí las repudio. Me da igual que esas críticas estén hechas desde la Rolling Stone o desde la página web más modesta del mundo. Eso no cambia las cosas. El respeto y el tacto a la hora de exponer una crítica están por encima del número de lectores/oyentes/espectadores que haya. Y ya que estamos hablando de la prensa musical, me gustaría ofrecer mi punto de vista acerca de los medios especializados en rock y metal de España, porque es un asunto que se merece un párrafo aparte.
Todos hemos caído alguna vez en la tentación de darnos auto-bombo y ponernos medallas.
Y en cierta medida puede considerarse como algo comprensible. El problema aparece cuando eso se convierte en una adicción y una forma de vida, cuando se abusa constantemente de ello. Estoy harto de los pesos pesados de la prensa especializada española que presumen día sí y día también de ser los salvadores del rock y del metal; los cuales critican de forma absolutamente hipócrita a los 40 Principales (medio por el cual no siento ninguna simpatía, por otra parte) por exigir altas sumas de dinero para que determinados grupos aparezcan en su programación, cuando ellos hacen exactamente lo mismo. Luego también están los que se creen que si un grupo triunfa, es única y exclusivamente gracias a su apoyo y son incapaces de ver que son las canciones las que (por suerte) mandan, y no sus cuñas, sus anuncios a toda página o sus banners gigantes.
No, señores, ustedes no son los salvadores del rock y del metal. Los salvadores del rock y del metal en este país son los grupos que se dejan un pastón para poder alquilar el local de ensayo; los músicos que tienen que mentirle a sus jefes para escaparse del trabajo y luego tragarse seis horas de carretera para tocar ante cinco personas sin ver ni un euro; los que se tienen que pagar sus propios discos y pelearse para que lleguen a las tiendas; las bandas que tienen cuatro discos y todavía no pueden vivir de la música; los que se tiran días y días diseñando el libreto de su disco pese a que saben que cada vez hay menos gente a la que le gusta oler los discos recién comprados; la gente que está en este mundo por amor al arte y que jamás pedirá dinero a cambio de darle cabida a un grupo. Pero no, ustedes no. Vivir de la música es maravilloso (ya me gustaría a mi poder vivir de ésto) y lícito. Lo que no está tan bien es corromperse y pretender ir de lo que no eres. Ustedes son tan “malos” y tan “corruptos” como los directivos de 40 principales y MTV, sólo que con chupa de cuero.Para ser legal no basta con llevar una chupa de cuero y salir en las fotos haciendo los cuernos. No sirve de nada ponerse el traje de bombero por el día y ser pirómano por la noche.
Autor: Joaquín Maidagan

























