CÓMO APRENDER A CANTAR HEAVY METAL – CAPÍTULO IV
Tras unos meses de descanso ya tenemos aquí el cuarto capítulo de nuestra serie de artículos desarrollados por Esther Justel, cantante y profesora de técnica vocal en Vox Technologies, para Metalcry.com, sobre la voz y las técnicas vocales dentro del maravilloso mundo del heavy metal… ¡No os lo perdáis!
¿Cómo terminas un concierto de heavy metal sin quedarte sin voz?
El heavy metal es un estilo muy potente, lleno de fuerza. Un cantante de heavy metal tiene que ser capaz de competir con el sonido que emiten las guitarras eléctricas y conseguir que se le escuche a pesar de toda la tralla.
En muchos locales de ensayo hay equipos de voces que no son lo suficientemente potentes para conseguir que la voz se escuche por encima de los instrumentos, así que, a parte de pedir a todos que moderen un poco el volumen, al cantante le toca sacar toda la potencia y energía que pueda.
Pero, ¿qué pasa en un concierto?
A mi me suena mucho esta historia:
Acaba el concierto y estás sudando de arriba a abajo, tienes todo el pelo pegado a la cara y estás sin aliento. Parece que hayas corrido una maratón.
Y es que en una maratón utilizas los músculos de las piernas, que son los más grandes del cuerpo, pero en un concierto utilizas los músculos de las cuerdas vocales, que son muy pequeñitos.
Vale, está bien.
Eres de los que menean la melena en los solos y no paran de moverse de un lado al otro en el escenario. Y es que eso te sale de dentro porque lo vives. Es la gracia del espectáculo y es lo que mola tanto de ser cantante de heavy metal. Aún y así, no deberías quedarte sin voz.
El caso es que muchas veces parece inevitable que pase.
¿Qué influye y cómo puedes evitarlo?
Es que no me escucho y por eso grito
En las pruebas de sonido te das cuenta de cómo va a salir todo. Apenas intuyes tu voz a través de los altavoces.
Cuando estás empezando no sabes bien qué hacer con esto. Te aguantas y gritas en el concierto, por lo que acabas desafinando un montón y de regalo, hecho polvo. Y el resultado es que apenas puedes hablar después de 1 hora de concierto.
Tengo algunas soluciones para darte.
Solución #1: Pedirle al técnico que se enrolle y te ponga unos chivatos
Esto es lo primero que tienes que intentar y con lo que se suele arreglar el problema.
¡Ay! la inexperiencia y la timidez… Te callas tantas cosas que tenían tan fácil solución…
Aún y así no siempre puedes confiar en esta solución porque:
- No siempre hay un técnico. Muchas veces vas a los conciertos con lo que tienes en el local de ensayo y lo que tienes es lo que hay.
- No siempre tienen chivatos para poner. Puede pasar perfectamente que o no tengan o estén rotos.
- Puede que no sean suficientemente potentes o que no se puedan poner a más volumen por culpa de los acoples.
Solución #2: Un monitor in-ear
Sí, no están mal. Personalmente los he usado, pero no sé si era cosa de los míos, que se me iban saliendo y era un incordio o si es algo normal. Además gastaban muchas pilas y me daba mucha rabia el desperdicio y la contaminación. Lo intenté con pilas recargables, pero no aguantaban mucho.
Tenían otra pega y es que sólo me oía a mí misma. A veces todos los instrumentos pasan por la mesa y entonces no hay problema en que salga una mezcla bien ecualizada por tus auriculares, pero cuando sólo tú vas por la mesa sólo puedes escucharte a ti.
Era un poco incómodo y sobretodo difícil acertar el tono, así que directamente me dejaba uno colgando y el otro puesto, pero se me iba cayendo… 🙁
Al final opté por dejarlos de lado y probar otras soluciones.
Solución #3: El típico «bajemos el volumen todos»
Esto debería funcionar, pero el problema está en que puede que sólo funcione en la primera mitad del concierto. En cuanto el batería empieza a emocionarse y le da más fuerte, la cosa se desestabiliza. Y es que para un batería puede llegar a ser muy difícil controlar la fuerza con la que toca, así que los demás empiezan a tener problemas para escucharse y sin darse ni cuenta están subiendo el volumen de sus amplis, que suelen tener en el escenario.
Pero tú no tienes a mano el equipo de voces, así que no puedes estar pendiente de subirte cuando quieres. El resultado es que acabas gritando de nuevo y quedándote luego sin voz, y encima lanzando miradas cargadas de odio a los guitarras cuando les ves acercarse a sus amplis. :S
Pero el odio no mola y los pobres no tienen la culpa, pues casi ni se enteran, es algo automático. No me escucho = subo el volumen.
No por ello les vas a lanzar cuchillos con la mirada mientras cantas «Can I play with madness»:
Solución #4: Tapones en los oídos
Parece algo muy tonto, pero por experiencia propia es una de las cosas que mejor funcionan.
Recuerdo un concierto en el que no iban los chivatos. La solución de «bajemos el volumen todos» ya no cuela, porque sé que puede ser una trampa mortal; y además no llevaba el monitor personal. Tampoco me traje tapones para los oídos de los de gomaespuma y es que no me gustan mucho, porque pierdes frecuencias y a veces no sabes si estás en el tono o no.
Hicimos la prueba de sonido y empecé a entrar en pánico. No me escuchaba nada.
Tapándome los oídos, más o menos me escuchaba.
Así que me puse tapones de papel higiénico.
Nunca habría dicho que me funcionarían mejor que los típicos de gomaespuma. Podía escuchar los instrumentos y todo, pero a menos volumen y yo me escuchaba mejor porque tenía los oídos tapados.
La verdad es que acabó siendo uno de los mejores conciertos hasta la fecha.
Disfruté un montón y ¡no me tuve que preocupar de que se me cayeran los auriculares!
Vale, me escucho bien, pero igualmente me quedo sin voz
Todas las soluciones que te comento están muy bien cuando sólo te pasa en los conciertos y en circunstancias excepcionales. Cuando ya te encuentras en el concierto, estas soluciones ayudan a que todo vaya mejor. Sin embargo, para no quedarte sin voz, no existen parches. Tienes que tenerla muy trabajada.
Puedes ganar para tu voz esa potencia que requiere el heavy metal si la entrenas de la manera adecuada.
Si quieres mejorar tu voz, tienes que seguir las doce leyes de las que se habla en este enlace.
Los ingredientes que necesitas para conseguir esa potencia extra son:
1. Conseguir una voz más gruesa
Una voz más gruesa siempre se escucha más fuerte. Yo lo sé por experiencia, porque como sabes si te has leído el capítulo III, mi voz era muy finita, de princesita.
La clave está en exagerar mucho al principio poniendo una voz mucho más gruesa que la tuya. Si eres una chica, pon voz de hombre y si eres un chico, pon voz de «señor» con su corbata, su sombrero… ¡qué imponga! Si ya eres un señor con su corbata y su sombrero, ¡pues voz de monstruo! 😛
Funciona muy bien intentar dar miedo al hablar. 🙂
2. Conseguir unas cuerdas vocales fuertes y consistentes
Ejercita y practica con ejercicios. Las escalas son aburridas para practicar, pero ¿no es lo que hacen los guitarras, los pianistas, etcétera? Como cantante también debes ejercitar tu voz con escalas musicales.
Eso sí, no lo hagas al tun tun.
Deja que un profesor te guíe y te expliqué qué ejercicios tienes que hacer y por qué.
Después de mucho trabajo tendrás unas cuerdas vocales fuertes y sabrás que lo son porque, aunque parezca una contradicción, podrás cantar bajito sin que se oiga un escape de aire. Eso significa que puedes mantenerlas juntas utilizando los músculos adecuados.
La consistencia se gana a base de practicar y practicar sin parar. Y esto te da control sobre tu voz.
3. Poder aumentar la presión y que tus cuerdas vocales lo resistan
Una vez has conseguido una voz más gruesa y unas cuerdas vocales fuertes y consistentes, puedes hacer la prueba:
Aumenta la presión (el volumen) y observa si las sensaciones se mantienen igual.
Si se te infla la vena del cuello, si te pones de color rojo o sientes que te ahogas, es que aún te queda trabajo por hacer.
Pero si lo consigues manejar, el próximo concierto que hagas, será el mejor de tu vida.
¡No te olvides de dejarnos tu comentario!
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