DROPKICK MURPHYS – Palacio Vistalegre, Madrid – 28/01/2020
Fiesta irlandesa el pasado martes 28 de enero en Vistalegre. Los bostonianos DROPKICK MURPHYS, casi 5 años después de su última visita, volvían por fin a nuestro país para descargar su mezcla de punk y folk irlandés. Acompañándoles, 3 actuaciones más, en un mini festival que arrancaba a las 7 de la tarde, en horario merienda. 2 propuestas mucho más tranquilas, JESSE AHERN y FRANK TURNER, en una onda de country/folk americano acústico. Entre ellos, metiendo un poco de caña para despertar a la gente, el punk mucho más tradicional de los madrileños RUDE PRIDE, inmersos en su gira de despedida.
El encargado de abrir fuego fue JESSE AHERN. No conocía a este músico, y me encantó: la fuerza y crudeza de su voz, sus conmovedoras letras, la magia que genera el solo con su guitarra acústica… aún se me pone la carne de gallina de recordarlo. Bueno, voy a dejar de tirarme el pisto, porque la verdad es que no pude ver ni un solo minuto de su actuación. Y no por voluntad propia, porque me gusta ver siempre a todas las bandas que tocan. Pero con estos horarios estás a un “marrón” de perderte a la primera banda… y así sucedió. Otra vez será, Jesse.

Llegué justo para ver la actuación de RUDE PRIDE. Al principio la verdad es que no me convencieron demasiado… No ayudó mucho no entender absolutamente nada al cantante, hasta el punto de que tardé 3 canciones en darme cuenta de que cantaban en inglés. Poco a poco me di cuenta de que la mayoría de los presentes se lo estaba pasando de puta madre, ensayando los pogos para lo que vendría después. Así que quizás el problema era mío. RUDE PRIDE son sucios, casi incluso suenan feo y cutre… ¿Pero desde cuando el punk de toda la vida es otra cosa? Así que olvidé mis prejuicios, y empecé a fijarme en la fuerza y mala hostia que su cantante, Miguel (aunque seguía sin entenderle nada), la fiereza de sus guitarras, que sin virtuosismos cumplen con mucha solvencia con lo que necesita esta banda, y en el derroche de actitud y entrega de toda la banda. Y al final, la verdad es que me lo pasé bastante bien, y hasta terminé coreando el buen estribillo de su último tema, “United we stan”.
Después de ellos, era el turno de FRANK TURNER. Esta vez venía en un formato diferente al de otras visitas a nuestro país. Sin banda de acompañamiento, solo con su guitarra acústica, algo que desde mi punto de vista fue un error. No era el momento ni el lugar para ese tipo de actuación. En una sala en un ambiente mucho más cercano, íntimo, es algo que me apetecería ver. Pero justo antes de los Dropkick Murphys (y encima teniendo a Jesse Ahern con una propuesta similar) está más fuera de lugar que Sergio Ramos en una biblioteca. Me aburrí bastante durante buena parte su actuación, y la mayoría de los presentes no le hizo demasiado caso. Hacia el final se animó un poco, con canciones con más ritmo y energía, y la cosa mejoró un poco… incluso dejamos de roncar, y todo.

Por fin, les llegó el momento que todos los que llenamos el pabellón estábamos esperando: DROPKICK MURPHYS. Desde luego, se notó que había ganas de verles. La entrega del público fue absoluta desde las primeras notas del primer tema. Con la magnífica, rotunda, “The boys are back” (¡que pedazo de tema para abrir un concierto!) se desataron la guerra y el caos en el pabellón, con todo el mundo saltando y empujando mientras coreaban a voz en grito uno de los mejores estribillos que ha escrito esta banda. Pocas bandas consiguen algo así.
Habrá quien diga que estos chicos son muy planos, que casi todas las canciones se parecen, que como músicos no son gran cosa… Y quizás todo eso sea cierto. Y no importa una mierda. Al que les critica le reto a que venga a verles en directo, y que vea la que forman es directo estos muchachotes; la fiesta, la energía, la conexión con el público… a ver cuántas bandas generan algo parecido. Estoy seguro de que hasta a los más críticos les costará horrores encontrar bandas que derrochen más entrega y actitud en concierto que estos chicos de Boston. Porque si un concierto es sobre todo para divertirse, entonces los DROPKICK MURPHYS son los putos amos. Los análisis complejos los dejo para otra crónica. Ni el recinto daba para florituras (aaaaay, el habitual sonido de Vistalegre), ni yo mismo prestaba atención a tecnicismos: estaba demasiado ocupado yendo de pogo en pogo (y tiro porque me toca). ¿Qué otra cosa podía hacer?
Entre los “diálogos” furiosos de los 2 cantantes de la banda, guitarrazos salvajes, gaitas, flautas y el omnipresente banjo su sucedían los temas, todos casi igual de bien recibidos por el respetable. Hubo momentos álgidos de absoluta locura salvaje, como la reivindicativa “The fighting 69th”, una versión a su manera del “I foght the law” que popularizaron THE CLASH, o el clasicazo imprescindible “Johnny I hardly Knew Ya”. Y también algún momento tranquilo, para coger aire, como “Blood”, que sin embargo tiene uno de los estribillos más coreados en directo, o una muy emocionante versión del himno del Liverpool, “You’ll never walk alone”.

También hubo tiempo para que nos presentaran un par de temas del que será su nuevo trabajo, destacando “Smash shit up”, el sencillo, con un estribillo que todos nos aprendimos al momento. A partir de ahí la traca final, con un clásico tras otro. Los acordes de banjo de “The state of Massachusstets” abrieron el fuego y desataron una nueva batalla campal entre el público, que no paró, ni mucho menos, en “I’m going out in style”, temazo con la gaita al mando de las operaciones. Después de un breve descanso, sonaron otros 2 clásicos indiscutibles: “Rose Tattoo”, momento mágico de la noche con todo el pabellón cantando, y “I’m shipping up to Boston”, tema al que Scorsese dio fama mundial, y que todos nos tomamos como el último y definitivo asalto del multitudinario combate que fue este concierto en la pista. Solo quedaba despedirse, hasta la próxima, “Until the next time”, con los fans de las primeras filas abarrotando el escenario.
Y con eso, después de 90 minutos que pasaron volando, se terminó la fiesta americano-irlandesa de Carabanchel. Esperemos verles de nuevo en España muy pronto. Hostias, yo les vería una vez al mes. Los DROPKICK MURPHYS deberían ser recetados por la Seguridad Social: tanta felicidad tiene que ser buena para la salud.
Texto y fotos: Raul Moreno y Daniel Cruz (Mil gracias amigos !!!)

























