HAMLET – SALA ROCKITCHEN, MADRID – 13/04/2013
Calor y emoción arrasan Syberia
Superada, con un éxito arrasador como era predecible dado el impecable estado de forma de la banda en la actualidad, la primera noche de “Insomnio” en Madrid, HAMLET nos habían convocado un segunda noche en el mismo lugar para vivir otro momento muy especial en la carrera de la banda y para celebrar algo muy difícil de conseguir en los tiempos que corren, el acto simbólico de recibir un disco de oro por las ventas de su más íntimo trabajo hasta la fecha, aquel “Syberia” de 2005 en el que la banda abrió un nuevo abanico de posibilidades a su música que a día de hoy son consideradas como una de las grandes virtudes y secretos del relevo y reenganche generacional que la banda ha sufrido en los últimos años.
No deja de ser arriesgado el simple hecho de convocar a la audiencia madrileña dos días seguidos y plantearse el reto de llenar hasta la bandera en ambas convocatorias por muy diferente que fuera a ser el setlist y el concepto de la actuación. Pero está claro que si hay actualmente una banda de metal que pueda permitirse ese lujo, esos son HAMLET, quienes se han trabajado y se han ganado el respeto, la admiración y, porqué no decirlo, la devoción de una gran cohorte de fans en todo el estado español, cosa que se ve especialmente amplificada en su ciudad.
Así pues, convocados todos a ser puntuales y estar antes de las 21:00 horas en la Sala Rock Kitchen de Madrid, el ambiente que se respiraba era tremendamente especial. Un gran porcentaje de los asistentes repetían y entre los comentarios generalizados se oía hablar de la descarga de adrenalina, brutalidad y energía que habían realizado el día anterior en el mismo lugar, cosa que hacía presagiar lo que realmente sería una noche muy diferente tanto para HAMLET como para sus entregados fans.
Si bien la energía y la intensidad son dos conceptos que van de la mano de cualquier actuación de HAMLET, si que es cierto que centrándose en “Syberia” íbamos a contar con un plus de emotividad e intensidad sentimental que probablemente no suele extenderse durante tanto tiempo en cualquier otro concierto normal del quinteto madrileño. La melancolía y la piel de gallina, junto con un derroche espectacular de sentimientos embebidos entre la fuerza, el sudor y la intensidad del personal estilo de la banda, se apoderarían de la primera hora de actuación. Con la sala totalmente entregada con la banda y con ésta en una implicación del 200% con cada instante de su show, lo que consiguió HAMLET durante la interpretación completa de su disco “Syberia” es algo que muy pocos grupos nacionales pueden reproducir con semejante autenticidad y conexión con su público. Rodeados de una emoción y unas ganas enormes de entregarle la grandeza de una consecución constante de momentos irrepetibles, HAMLET sudó y nos hizo sudar en el calor de una Rock Kitchen que fue testigo de cómo se encendía una fulgurante llama de melancolía a través de la estepa de “Syberia”.
Había muchas ganas entre el público madrileño de disfrutar de este especial disco en directo y eso se notó precisamente en el mismo instante en el que se apagaron las luces y tras una intro HAMLET salieron con un tremendo “Aislados” cuyo parón intermedio supuso la prueba fehaciente de que el concierto al completo sería un brutal revolcón emocional entre los cinco miembros de la banda y la abarrotada sala madrileña.
“Dame una Señal” y “Para toda una vida” también fueron seguidas al dedillo por todos los asistentes, cosa que tras ellas llevó a Molly a emocionarse por primera vez en la noche y deshacerse en agradecimientos para todo el mundo, en especial tanto con los fans del ayer que les colocaron donde están como a los de la actualidad, que les llevan en volandas allí donde van disco tras disco.
La intensidad del concierto se mantuvo impecable en todo momento, con toda la banda derrochando energía y cercanía con su público, con Luis y Alberto en un estado constante de frenesí a las guitarras y una base rítmica sólida e impenetrable en cada instante, elementos ambos que hacen que Molly campe a sus anchas para mostrarse como todo un animal escénico, capaz de tensarse al máximo en cada una de las palabras de cada canción y al mismo tiempo interpretar las canciones con una expresividad capaz de hipnotizar a todos y cada uno de los asistentes al show.
Las tesituras más melancóllicas y melódicas de “Syberia” fueron la escusa perfecta para que el vocalista nos deleitara con su más que probada versatilidad y para que los momentos mágicos se fueran sucediendo a través de “Mi inmortalidad”, “Tiempo”, “En silencio” o la íntima y preciosa “Desaparecer”, dedicada a todos aquellos que han tenido que convivir de cerca con el cáncer, en la que vivimos una impresionante ovación que se transformaría en energía y el primer gran pogo de la noche con “Contraproducente”.
Nuestro paseo por “Syberia” terminaría con la consecución de los temas “Inestimable”, “Resucitar”, “Serenarme” e “Imaginé”. Los dos últimos representarían otro de esos momentos que serán imborrables en la retina tanto de la propia banda como de todos los que participaron de él, especialmente porque supondrían el final de un momento histórico para los madrileños, un momento que sería rubricado con la entrega oficial del mencionado disco de oro para cada uno de los miembros de la banda, con la evidente carga de emotividad inherente al momento.
Pero aún abría mucho más para los devotos fans de HAMLET. Superada nuestra travesía por “Syberia” entraríamos de lleno en “El inferno” más “negro” y lo haríamos a través de “Vivo en él” o “No me arrepiento”, cortes que desatarían la locura generalizada entre el personal que pronto se convertiría, por primera vez en la noche, en una auténtica marea humana cuyo embite era sostenido por las entregadas primeras filas del concierto.
Poco aguantaría de nuevo Molly con la camiseta puesta y era una imagen realmente curiosa e impactante ver como los chorros de sudor de su frente caían sin piedad sobre la primera fila del concierto. Hacía mucho calor en la Rockitchen, y la temperatura subiría aún unos grados más a través de interpretaciones tan intensas y brutales como las de “Desesperación”, donde vimos los primeros crowdsurfing de la noche, o “No soy igual” donde Molly subió a una chica de la primera fila para cantarle la primera parte del tema, lo cual debió de ser seguramente un momento realmente especial e intenso para ella.
“No lo entiendo”, “Esperaré en el Infierno” y “En mi nombre” mantuvieron la intensidad hasta un final absolutamente apoteósico que protagonizaron “Limítate” y “Egoísmo”, ambos una auténtica locura tanto sobre el escenario como bajo él, con ambos guitarristas sin parar de dar saltos y más saltos y un Molly que apareció desde el final de la sala para unirse al enorme pogo que se había formado al inicio de la canción y acabar cantando sobre las manos de los cientos de fans que le llevaban en volandas de un lado para otro y finalmente de vuelta al escenario para la despedida final, una despedida que nos dejó a todos con la sensación de que, si bien son una referencia indiscutible de nuestro metal hace ya muchos años, aún nos van a entregar una infinidad de grandes momentos como éste en el futuro.





























