MY DYNAMITE – SALA WÜRLITZER, MADRID – 10/04/2013
Sala pequeña, banda enorme
22:30, aproximadamente. Nada indica en la Würlitzer de Madrid que vamos a vivir un momento mágico. Sala pequeña, escenario reducido y atestado de amplis, guitarras, etcétera. Todo apunta a banda de principiantes, chicos del barrio, sonido amateur. Pero no es más que una ilusión.
Sala pequeña, banda enorme. Lo que vemos es un espectáculo fabuloso, una explosión de rock and roll “setentero”, bluesero, sureño, auténtico. Las guitarras perfectamente compenetradas se turnan en los arreglos y solos, en los ritmos y riffs, mientras los teclados aportan ese ambiente clásico de las bandas de soul americanas.
Jorge Balas y Benny Wolf son dos guitarristas precisos y que no tienen nada que envidiar a los más grandes, Simon Aarons se descubre como un batería potente e impecable, Nick Cooper es un teclista sutil, soberbio, y Travis Fraser, bajista, resulta ser todo un showman, tal vez el más entregado en el escenario, el que no deja pasar la ocasión de poner la postura rockera, para callar a todo el que cree que los bajistas podrían tocar desde casa o ser un anuncio de cartón. Pero el que lleva la carga del show, el que se echa el público a la espalda como una mochila y lo lleva a donde quiere es Patrick Carmody, la “voz cantante” del grupo, quien se atrevió incluso a jalear a la audiencia en español, para deleite de su ya entregado público.
Nos decía Jorge Balas tras el show que el público había estado fenomenal, y que se había encontrado muy bien, pese al cansancio de los viajes recientes, y al sonido de escenario, no muy bueno. También se disculpó por dejarse en el tintero temas como “Fork in your Tongue”, pero, tal y como nos explicaba, no se puede viajar con seis guitarras desde Australia, y el single de su primer disco hay que tocarlo como es: deslizando un bottle neck sobre una guitarra resonador de caja metálica. Y la honradez de esta banda no les permite defraudar a sus fans tocando su canción fetiche de otra manera.
Pero volvamos al sonido, porque ayer vimos mucha banda para tan poca sala. Tuve el cuidado de moverme por todo el local para evaluar la calidad sonora en todos sus puntos y he de decir que sólo me convenció desde ¡el baño! Nada que nos sorprenda, pues todos estamos acostumbrados a las deficiencias técnicas y arquitectónicas de las salas, a las que por otro lado agradecemos que sigan apostando por la música en directo. Y la banda no se resintió ni un ápice por ello, todo sea dicho. Aun así sonaron potentes y, si cabe, más auténticos, aunque me gustaría verlos en grandes escenarios, con equipos de calidad y sin rebotes indeseados.
Tuve la oportunidad, tras el concierto, de charlar un largo rato con Patrick, cantante del grupo, e incluso tuvo el detalle de invitarme a unas cervezas. Sus impresiones de España por el momento son muy buenas. Dice haber sentido una acogida inmejorable, y señala que los españoles amamos el rock and roll con pasión, que los rockeros de este país son pocos, pero sabios y entregados. Y es que, si bien la sala no se llenó, sí que presentó una buena entrada y los asistentes no pararon de moverse, cantar, aplaudir y arropar al sexteto australiano. Y eso se notó sobre las tablas.
El show, un poco corto, más o menos de una hora, comprensible si únicamente dispones de un trabajo que mostrar, y no quieres caer en versiones intrascendentes y trilladas, más allá de una impecable “Happy” made in Rolling Stones, perfectamente ejecutada, que enloqueció al respetable.
Conclusión: un gran espectáculo lleno de rock and roll, blues, y unos grandes tipo sobre el escenario.
Lo mejor: My Dynamite y el público
Lo peor: la calidad del sonido y el tamaño del escenario, que casi no dejaba moverse a los músicos, llegando a chocar entre ellos en ocasiones. Eso sí, no cometieron ni un fallo aparente por culpa de ello.



























