Disfrutémosles mientras podamos, amigos… IRON MAIDEN no son eternos // Estadio Lluís Companys (Barcelona) – 29/07/2022
Tras dos años a la espera, por fin llegaba la hora de disfrutar de la doncella en Barcelona, en una única fecha en España, que ha convocado a gente de todo el territorio nacional y parte de Europa. Unas cincuenta mil personas se esperaban en el estadio Lluís Companys, según la organización, y la verdad es que en la pista no cabía un alfiler. Pasan los años y, como es evidente, sabemos de antemano que no podemos esperar un show como por ejemplo aquel que en 1999 nos trajo de vuelta al grupo nada menos que a Bruce Dickinson y Adrian Smith, en el Olímpico de Badalona. Un concierto electrizante y cargado de energía que guardamos en la retina como oro en paño, junto a otras tantas visitas que estas bestias pardas llamadas IRON MAIDEN nos han hecho a lo largo del tiempo.

Veintitrés años han pasado desde aquello, con lo cual, la mayoría de sus integrantes, nacidos todos en la década de los cincuenta, han llegado a la edad de jubilación de cualquier mortal embarcados en una nueva gira mundial llamada “Legacy of the Beast”, la más teatral que hayan llevado nunca a la carretera. Al igual que los STONES, poco parece importarle ese aspecto a los británicos, que siguen aguantando estoicos el paso del tiempo para recorrerse el mundo una vez más y ofrecer a sus seguidores un espectáculo a la altura de las expectativas.

Evidentemente, las peleas de Janik Gers con Eddie ya no son tan intensas, Steve Harris se guarda sus carreras arriba y abajo del escenario para momentos puntuales, Nicko McBrain se siente más a gusto con los medios tiempos y, si Adrian Smith y Dave Murray ya se movían poco en sus años mozos, ahora ni os cuento. Por último, al frente de la nave, un titán de talento desmesurado llamado Bruce Dickinson, al que hemos visto más relajado en el último plástico, “Senjutsu” (2021), pero que te canta “Revelations” frente a cincuenta mil almas y hace que se te caigan las pelotas al suelo, y perdón por la expresión. Sabedores de los inconvenientes que ganar edad comporta, van ellos y lo compensan con un espectáculo de dimensiones gigantescas, cargado de fuego, pirotecnia, iluminación y unos hinchables de lo más realista que hayamos visto nunca sobre un escenario.

Desde esas casas tradicionales japonesas que han incorporado en el primer tramo de concierto para presentar los tres temas que abren el nuevo disco, pasando por ese Ícaro alado que preside el fondo de escenario mientras Dickinson emula a Till Lindemann con su lanzallamas y, dicho sea de paso, hace que tengamos que recoger nuestras pelotas del suelo por segunda vez en la noche, con su tremenda interpretación de “Flight of Icarus”, hasta llegar a ese demoníaco Eddie gigantesco que asoma tras el escenario y parece que va a salir andando tras nosotros para devorarnos con sus afilados colmillos. Y, como guinda del pastel, un gran avión cuelga del techo y se despide de Barcelona hasta la próxima ocasión a la par que IRON MAIDEN interpreta “Aces High” para nosotros.

La verdad es que, a estas alturas de la película, más no se puede pedir. Por lo menos esa es mi opinión. A muchos os sobrarán cortes como “The Sign of the Cross” o “The Clansman”, de la era Blaze Bayley, sin embargo, pienso que al grupo le vienen como anillo al dedo dentro del incomparable marco que significa este “Legacy of the Beast World Tour”. Más tediosos me resultan cortes como por ejemplo “The Number of the Beast”, “Run to the Hills” o “The Trooper”, que la banda lleva tocando cuarenta años sin descanso, pero también es cierto que no es lo mismo verlos y escucharlos frente a los putos IRON MAIDEN a que Rock FM te los pinche por trillonésima vez en una semana…

Asimismo, habrá quejas por la incorporación de los tres temas del nuevo álbum, pero digo yo: ¿Y entonces para qué sacan discos las bandas si no es para salir a la carretera y presentarlos? Sea como fuere, “The Writing on the Wall” ha dejado claro que es un hitazo de directo como la copa de un pino, que todo el mundo ha coreado y se ha dejado el alma en el intento. Tal vez “Senjutsu” sí es algo arriesgada para abrir un concierto, pero, por otro lado, a su vez sirve de calentador para que estos británicos sexagenarios vayan poniéndose a tono de cara a lo que ha de venir después.

Tampoco han faltado “Blood Brothers”, en uno de los momentos más mágicos de la noche, ni “Fear of the Dark”, con Dickinson ataviado con sombrero de copa y máscara veneciana, ni “Hallowed be thy Name”, con el vocalista enjaulado y una soga colgando del techo esperándole… y es que todas y todos sabemos que Bruce disfruta disfrazándose, así que en esta gira ha visto la oportunidad perfecta para dar rienda suelta a sus “fantasías”. Prácticamente a cada canción que pasa, el vocalista sale con un nuevo vestuario, corriendo arriba y abajo de las tablas y luchando, si es necesario, con los dos grandes Eddies que irrumpen en el escenario: en este caso el habitual Eddie Trooper y el nuevo Eddie Samurai, que preside la portada del último disco del grupo.

Y poco más que añadir, amigos y amigas. Como siempre, tras el paso del “Legacy of the Beast World Tour” por nuestro país, habrá división de opiniones, pero, si por mí fuera, creo que podemos darnos con un canto en los dientes, como suele decirse. Pienso que debemos de estar más que agradecidos por haber disfrutado de IRON MAIDEN a ese más que aceptable nivel, siempre siendo conscientes de la edad que tienen y de que llegará un día en el que no estarán aquí para ponernos la piel de gallina y hacernos llorar de emoción frente a ellos. ¿Eso os lo habéis planteado? Es una lástima, pero la vida pasa y tiene caducidad, por lo tanto, aprovechemos el momento, disfrutemos de lo que hay, que no ha sido poco, miremos todo siempre desde el prisma positivo y, sobre todo, dejemos de echar pestes a través de las redes sociales… os aseguro que se vive mucho mejor. Up the irons!!

























