30 años de M-CLAN: Rock, complicidad y una plaza entregada // Festival Sonora, Plaza de Santa Ana, Las Palmas – 17/10/2026

M-Clan llegó al Sonora celebrando su 30.º aniversario con un concierto que fue mucho más que una sucesión de canciones reconocibles. La banda murciana convirtió la Plaza de Santa Ana en un espacio de complicidad entre músicos y público, con Carlos Tarque ejerciendo de frontman incansable, Ricardo Ruipérez como compañero de viaje desde los primeros pasos del grupo y una formación reforzada por una sección de metales que aportó nuevos matices a su sonido.
La actuación, enmarcada en la gira conmemorativa de la banda, fue también una celebración de su estrecha relación con Canarias. Una historia que se remonta más de tres décadas atrás y que, a juzgar por la respuesta de la plaza, sigue teniendo mucho recorrido.

Canarias, parte de la historia de M-Clan
Antes del concierto, una entrevista publicada en las redes sociales del Sonora permitió conocer cómo viven Tarque y Ruipérez su regreso a las islas. Preguntado por lo que supone tocar ante el público canario, Ricardo Ruipérez recordó que aquel año habían visitado Canarias en cinco ocasiones y destacó el trato recibido históricamente por el público, los promotores y la gente de las islas. No era, aseguró, una cuestión de compromiso, sino de ganas de regresar.
Carlos Tarque se sumó a sus palabras y recordó una de aquellas primeras visitas, cuando el promotor Juan Salán los llevó a Las Palmas para actuar durante dos noches consecutivas en el Pub La Calle. «Para nosotros es una parte muy importante de nuestra historia: Canarias», resumió el vocalista.
No era una declaración protocolaria para salir del paso. La actuación de Santa Ana ofreció numerosas muestras de esa conexión: un público que conocía las canciones, respondía a las indicaciones de Tarque, levantaba los brazos y acompañaba los estribillos con una familiaridad que solo se construye con el paso de los años.
La trayectoria de M-Clan también había sido objeto de reflexión meses antes en el ciclo Cine Zin: Secuencias de acordes, con la proyección del documental *M-Clan: Las calles siguen ardiendo* y un encuentro posterior con Carlos Tarque. La película recorre la evolución de la banda desde sus raíces de rock sureño hasta la identidad que fue construyendo alrededor del rock, el blues y el soul. En la Plaza de Santa Ana, esa evolución se manifestó en un repertorio capaz de combinar diferentes etapas sin perder la cohesión.

De los primeros acordes a una plaza entregada
Los dos primeros temas transcurrieron mientras nos encontrábamos en el foso fotográfico, con el tiempo limitado que impone la habitual restricción de los primeros compases de una actuación. A partir de «Llamando a la tierra» pudimos seguir el concierto desde una perspectiva más amplia, atendiendo tanto al desarrollo musical como a la respuesta del público.
Los móviles se multiplicaban entre los asistentes, especialmente cuando Tarque se situaba en el centro de la escena. El cantante animaba a la plaza a cantar, dirigía los estribillos hacia el público y se acercaba a los músicos para compartir protagonismo. En uno de esos momentos buscó la guitarra de Mara Rubio, que respondió con unos riffs a pie de escenario mientras el resto de la banda mantenía la intensidad.
«Souvenir» continuó alimentando esa comunicación. Tarque pidió palmas por encima de las cabezas y Santa Ana respondió con entusiasmo. En un extremo del escenario, el cantante y Ruipérez compartieron el gesto, invitando a la plaza a acompañar el ritmo con aplausos.
Con «Basta de blues» regresaron las palmas y el juego entre Tarque y Ruipérez, mientras Mara Rubio se acercaba al borde del escenario para desplegar nuevos punteos. La respuesta del público fue especialmente efusiva ante uno de los gritos del vocalista. La entrada de la sección de metales añadió otra dimensión a la interpretación: saxo, trompeta y trombón ampliaron la paleta sonora y reforzaron ese sustrato de blues y soul que forma parte del ADN de M-Clan.
La formación de esta gira cuenta con Ernesto Milán al saxo, Iván del Castillo a la trompeta y Marcos Crespo al trombón. Su presencia no quedó relegada al acompañamiento, sino que se integró en la dinámica del concierto, aportando cuerpo y acentuando los pasajes más intensos.
Antes de «Perdido en la ciudad», Tarque quiso agradecer a la organización y al resto de bandas participantes en el Sonora su presencia en el festival. También recordó los 33 años transcurridos desde aquellas actuaciones en el Pub La Calle. El comentario conectó directamente con las palabras de Ruipérez en la entrevista previa: la historia de M-Clan y Canarias no se limita a una fecha en el calendario, sino que está formada por visitas, escenarios y encuentros sucesivos.
La canción mantuvo el diálogo entre los músicos y la plaza. Tarque apuntaba el micrófono hacia sus compañeros, Ruipérez y Mara Rubio se repartían los espacios de guitarra y los metales encontraban su lugar entre las palmas del público.

La intensidad también sabe bajar el ritmo
«Roto por dentro» introdujo un momento más pausado. En uno de sus pasajes, Tarque se señaló el pecho mientras cantaba, un gesto sencillo que reforzó la carga emocional del tema. La plaza respondió con un gran clamor y acompañó la canción, antes de que el cantante aprovechara la ocasión para presentar a los músicos que lo acompañaban.
Mara Rubio a la guitarra, Lucas Albadalejo a los teclados, Sergio Bernal a la batería, Iván «Chapo» González al bajo y la sección de metales recibieron su correspondiente reconocimiento. Tarque reservó también unas palabras para Ricardo Ruipérez, a quien presentó como compañero desde aquellos primeros años de la banda.
La presentación recordó que M-Clan es una historia compartida. Aunque Tarque concentra buena parte de la atención por su presencia escénica y su capacidad para conducir al público, el concierto se sostiene sobre el diálogo entre los músicos. Ruipérez no necesita reclamar protagonismo: sus intervenciones y su complicidad con el vocalista evidencian la relación artística que ambos han mantenido a lo largo de décadas.
En «Las palabras», Ruipérez volvió a situarse a pie de escenario, mientras Tarque, Mara Rubio y Chapo González ocupaban otros puntos del frente. El cantante marcaba el tempo con una pandereta de media luna, añadiendo un componente rítmico y visual a su interpretación.
La puesta en escena de M-Clan no depende de grandes artificios. Su eficacia reside en el movimiento constante de Tarque, los intercambios entre guitarras, una base rítmica firme y unos músicos que saben cuándo ocupar el primer plano y cuándo dejar espacio a la canción.

«Las calles están ardiendo»: el rock como lenguaje vivo
La interpretación de «Las calles están ardiendo» devolvió la actuación a un terreno de máxima intensidad. Tarque se dirigió al público desde el borde del escenario, poniendo el acento en el mensaje de la canción: «Cuidado con lo que dicen… sobre todo nuestros jóvenes», antes de rematar con la referencia a unas calles malditas.
La plaza respondió con gritos, gestos y aplausos. Mientras Sergio Bernal marcaba el ritmo con fuerza, la banda al completo elevaba la intensidad y Mara Rubio desplegaba unos riffs vibrantes. Tarque abrió los brazos hacia los asistentes, estableciendo una comunicación que no necesitaba más intermediarios.
La elección de esta canción adquiría un significado adicional después de la proyección del documental *M-Clan: Las calles siguen ardiendo* dentro de Cine Zin. La película aborda la evolución de la banda y la permanencia de su vínculo con el directo; sobre el escenario, la canción dejó de ser únicamente parte del repertorio para convertirse en una expresión de la energía que sigue impulsando al grupo.
«Miedo» prolongó esa sensación con unos ritmos frenéticos. El público acompañó la interpretación con palmas y una intensidad creciente, mientras los músicos se agrupaban frente a la batería de Sergio Bernal. Al terminar, Tarque se dirigió a la plaza con un agradecimiento que daba paso a otro de los momentos destacados de la noche.

Said Muti, un invitado entre amigos
Tras un cambio de guitarras, Tarque anunció la incorporación de Said Muti, a quien presentó como un amigo de muchos años. La presencia del músico canario añadió un componente especial a una actuación que ya había puesto de manifiesto la relación de M-Clan con las islas.
Ambos compartieron escenario y voz, con Tarque colocando un brazo alrededor de Muti antes de señalarlo mientras este cantaba. Se movieron de un lado a otro del escenario, a veces enfrentados lateralmente, mientras el público acompañaba la interpretación con los brazos en movimiento y numerosos gritos.
La complicidad entre ambos resultó evidente. Tarque no trató la colaboración como una aparición testimonial: dejó espacio a su invitado, lo señaló para dirigir hacia él la atención de la plaza y compartió con él el protagonismo. Al despedirse, ambos apuntaron al público y lanzaron un beso hacia los asistentes.
Fue uno de esos momentos que dotan de singularidad a una fecha concreta de una gira. Más allá de las canciones que se repiten noche tras noche, la presencia de un invitado con vínculos personales y musicales con el vocalista aportó una dimensión propia al concierto de Santa Ana.

Tarque rompe la barrera del escenario
Con «Maggie» llegó uno de los momentos más memorables de la actuación. Entre las palmas del público, Carlos Tarque saltó al foso y desde allí se lanzó hacia la zona ocupada por los asistentes, continuando la canción en plena Plaza de Santa Ana.
Mientras las guitarras mantenían la intensidad a pie de escenario, el vocalista se mezcló con el público y convirtió la interpretación en una experiencia compartida. En un gesto especialmente cercano, acercó el micrófono a un niño que su padre sostenía en brazos, permitiéndole participar en un estribillo que la plaza acompañaba con el conocido «oh, oh, oh».
De regreso al escenario, Tarque agradeció la respuesta de los asistentes. La insistencia del público propició que volviera a prolongar el momento, con nuevas señales hacia la plaza y una banda que mantenía la energía mientras el cantante se despedía con otro agradecimiento.
La escena resumió buena parte de su manera de entender el directo: no limitarse a cantar ante la audiencia, sino convertirla en parte activa de la actuación. Tarque se mueve con la seguridad de quien conoce el repertorio y sabe leer los tiempos del público, alternando gestos, desplazamientos y llamadas a la participación sin perder el hilo musical.

Un bis para cantar de principio a fin
La respuesta de la plaza reclamó el regreso de M-Clan. El bis arrancó con «Quédate a dormir», recibida con entusiasmo desde las primeras filas, donde el público saltaba y cantaba al ritmo de la canción. Tarque volvió a recorrer el escenario, acercándose a Ruipérez y levantando el brazo para acompañar a unos asistentes que parecían conocer cada estrofa.
«Carolina» elevó todavía más la respuesta colectiva. Convertida desde hace años en uno de los grandes himnos populares del grupo, hizo las delicias del público de Santa Ana. Tarque se situó frente a la batería de Sergio Bernal, mientras Ernesto Milán encontró un espacio destacado para el saxo y el vocalista y Chapo González reforzaban el estribillo.
La canción demostró la capacidad de M-Clan para reunir generaciones diferentes alrededor de un repertorio compartido. La popularidad de sus grandes temas no ha diluido su carácter rockero; al contrario, en directo encuentra una nueva dimensión en el intercambio entre la banda y quienes los cantan desde abajo.
El cierre llegó con «Concierto salvaje», una elección coherente para una despedida que mantuvo la intensidad hasta el último momento. Tarque giraba por el escenario mientras Mara Rubio se marcaba nuevos punteos y Ruipérez y Chapo González protagonizaban un intercambio de bajo y guitarra. El vocalista cantaba a pie de escenario y, allí donde alcanzaba la mirada, encontraba brazos levantados y voces que respondían.
Ruipérez apretó sus últimos punteos mientras la banda avanzaba hacia el final con toda su energía. Finalmente, los músicos se reunieron al frente, se abrazaron y ofrecieron al público la reverencia final.

Una historia que sigue escribiéndose
La actuación de M-Clan en el Sonora dejó la imagen de una banda que celebra su trayectoria sin convertirla en un ejercicio de nostalgia. El repertorio recuperó canciones de distintas etapas, desde los temas que contribuyeron a ampliar su popularidad hasta composiciones posteriores que reflejan su evolución musical. Los arreglos, el protagonismo de las guitarras y la presencia de los metales dieron cohesión a una formación que encontró en el directo su mejor argumento.
En la entrevista concedida a Metalcry.com antes del festival, Carlos Tarque definía M-Clan como «una catedral que camina sola», una construcción levantada durante años, capaz de reunir a distintas generaciones y músicos. También insistía en que la banda había seguido siempre sus convicciones musicales, sin hacer las cosas únicamente por motivos comerciales.
En Santa Ana, esa idea encontró una traducción sobre el escenario. La complicidad entre Tarque y Ruipérez, la energía de la formación y la respuesta de una plaza entregada demostraron que el repertorio conserva su capacidad de convocar y emocionar.
Treinta años de historia —o treinta y dos, como el propio Tarque matizaba al hablar de la efeméride en aquella entrevista— no se celebran únicamente mirando hacia atrás. Se celebran manteniendo vivas las canciones, compartiéndolas con quienes las han acompañado desde sus comienzos y encontrando nuevos motivos para volver a interpretarlas.
Y en Las Palmas de Gran Canaria, con la Plaza de Santa Ana convertida en una gran voz colectiva, M-Clan volvió a demostrar que algunas historias de rock no necesitan despedirse: basta con subir el volumen y seguir tocando.

























