EDGUY + ANDRE MATOS + H.E.A.T. – SALA JOY ESLAVA, MADRID – 16/01/2009

No daban ni las 19:00 horas cuando a las puertas de la Sala Joy Eslava, y entre las callejuelas de la zona centro de Madrid, ya se había formado una buena fila dispuesta a entrar para presenciar el espectáculo que para nosotros tenían reservado los alemanes EDGUY, que presentarían su irregular último disco “Tinnitus Sanctus” y que estarían acompañados del gran ANDRÉ MATOS y los sorprendentes suecos H.E.A.T.
Por suerte el cambio de sala se había realizado a tiempo y no hubo ni un solo comentario, que un servidor pudiera apreciar, de gente que se hubiera visto en la vicisitud de ir a La Riviera para darse cuenta de que allí no se iba a celebrar el show. El resultado fue un lleno absoluto de la Joy Eslava, cuya disposición de anfiteatro dio mucho juego a la interacción de los grupos con su público, tal y como os contaremos más adelante.
Daban ya las 19:45 y, aunque la sala aún no presentaba el lleno absoluto que se esperaba más tarde, el 90% del recinto ya se encontraba repleto de oyentes deseosos de que comenzara una nueva fiesta que estaba destinada a ofrecernos una estupenda revisión tanto del mejor hard rock como el power metal actual.
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Y los primeros en salir a escena fueron los suecos H.E.A.T., que nos venían a presentar su primer disco del mismo nombre y que tal y como salieron prácticamente en menos de dos minutos ya tenían a la práctica totalidad del público madrileño de esa noche en el bolsillo. Unos bolsillos que formaban parte de una vestimenta totalmente hardrockera y que se encontraba a medio camino entre grupos como Guns and Roses, Skid Row o Motley Crüe.
Lo primero en sonar fue una larga intro que pronto todos reconocimos como aquel clásico tema central de la película Superdetective en Hollywood, “The Heat is On”, y una vez acabada como un ciclón salieron todos los miembros del grupo excepto el vocalista Kenny Leckremo quien tras su imagen blanca y tejana nos deslumbraría con una interpretación vocal digna de un auténtico crack.
De igual forma las asequibles melodías del grupo y su hard rock que parece sacado directamente de los mismísimos 80 hicieron que junto a la actitud totalmente activa de sus dos guitarristas, Dave Delone y Eric Rivers, y su bajista Jimmy Jay, que no paró un solo segundo en todo el concierto, el grupo se apoderara de las miradas de todo el respetable y, lo que es más importante, de su admiración y su aplauso constante.
Pudimos escuchar temas de su primer lanzamiento como “There For You”, “Late Night Lady”, “Straight For The Heart” o una de las que más respuesta tuvo entre el público que fue “Feel It Again”.
El movimiento de Kenny sobre el escenario fue de libro, su interacción con el público llegó a un punto álgido con la balada “Cry”, demostrando una voz que prácticamente parecía sacada de una sesión de estudio, sin fisuras, totalmente enorme, y se desató totalmente con los últimos temas “Never Let Go” y “Keep on Dreaming” que, si bien aún no eran conocidos por la inmensa mayoría del público, no hubo prácticamente un solo alma que al menos no moviera los pies al ritmo de semejantes temas. Incluso su batería Crash conectó en todo momento con el público tras subirse varias veces a su propia batería y únicamente a las teclas Jona Tee estuvo algo más distante y frío.
El resultado de un concierto tan impecable es que H.E.A.T. se fueron de Madrid, el pasado 16 de enero de 2009, con toda una nueva legión de fans que de seguro andan ahora a la caza de su primer lanzamiento discográfico. Y aún nos quedaba toda la noche por delante…
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Y lo siguiente era la aparición a escena de una de las grandes voces del power metal internacional y el carisma de uno de los vocalistas más queridos por el público español: ANDRE MATOS, quien nos venía a presentar su primer disco en solitario “Time to be free”, un disco en el que el vocalista vuelve a encontrarse en su salsa, tras lo fallido de su última etapa con Shaman, y donde cuenta con una banda conocida por todos en la persona de los hermanos Mariutti, el teclista Fabio Ribeiro, André Hernández a la otra guitarra y un sorprendentemente joven Eloy Casagrande, quien se encarga de las baquetas con una maestría y potencia que sorprende para su corta edad.
Tras todo ello había mucha expectación sobre lo que nos íbamos a encontrar en el escenario esta noche y, si bien la banda al completo no defraudó, si que se puede decir que en su cómputo global tuvimos un show algo deslucido y precipitado, o más bien apresurado por la ausencia de tiempo ante las exigencias de la sala.
Con todo preparado sonó la introducción “Mennuet” que también abre el comentado disco, y tras ella salió la banda a darlo todo con “Letting Go”, probablemente una de las mejores facturas del power metal realizado durante el pasado 2008. Tras salir toda la banda, que lo hizo como un huracán, apareció el gran André Matos ataviado con su frac de director de orquesta y todo el mundo hizo su reverencia en forma de grito hacia él. Se le quiere y eso se notó enseguida.
Lo primero de lo que nos pudimos percatar era que el sonido no iba a acompañar a la banda y que, probablemente la pobre iluminación y el reducido espacio con el que contaba no iban a merecer las labores de un maestro de ceremonias de la talla de Matos. Y así fue. Fue un concierto corto, de seis temas únicamente donde destacaron, por encima de todo dos cosas: la simpatía de Matos, hablando continuamente en un perfecto español con su público madrileño, y las extraordinarias aptitudes a la batería de Eloy Casagrande, quien quizás pecando un poco de exceso de energía hubo varios momentos durante el show que prácticamente tapaba al resto del grupo e incluso tuvo algunos problemas en mantener intactos los engranajes de su batería.
Tras “Letting Go”, llegó el segundo corte de “Time to be Free”, “Rio”. El tema resultó mucho más limpio en su sonido que su predecesora y ahora que ya estábamos todos calientes y entregados a lo que estábamos viviendo fue el momento perfecto de uno de los clásicos imborrables de la carrera del brasileño: “Nothing to say” se llevó a todo el mundo de calle a pesar de continuamente caía sobre nosotros la sensación de que Matos se merecía un tratamiento mucho más espectacular que el que nos trajo como telonero.
La cosa ya solo fue hacia mejor y a una gran versión del clásico de Journey “Separate Ways” le siguió uno de los mejores temas de su último disco, “How Long”, el cuál enganchó a mucho público algo reticente con estas nuevas composiciones y nos preparó para acabar el concierto con el tema que le viene a la mente a cualquier fan de esta música cada vez que suena el nombre del brasileño: “Carry On”, tras su introducción orquestal dirigida bajo la batuta del propio Matos, sonó brutal, con un Eloy que prácticamente se salía de su sitio y con toda la banda entregada para suplir las carencias comentadas previamente, y de las que estoy seguro que fueron más que conscientes.
Un concierto que nos dejó con ganas de más y mejor.
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Se tomaron su tiempo los chicos de EDGUY para salir a escena, pero una vez pudimos comprobar el resultado todos estuvimos de acuerdo en que mereció la pena. Tras la batería de Félix un gran telón circular, dotado de luces propias, con la imagen de su nuevo disco y tras él un inmenso telón con la imagen de un castillo que daba al escenario una profundidad enorme y que ayudó a creernos que estábamos en un recinto mucho mayor que el que realmente nos acogía.
Todo hacía pensar que nos íbamos a encontrar con un gran show, y así fue. EDGUY no decepcionaron ni un solo ápice y nos regalaron una esperada gran actuación donde, a pesar de algún que otro fallo en la voz de Tobias Sammet al comienzo de la misma, todo el grupo estuvo a la altura de las expectativas y recibió la entrega más absoluta de todo su público, y no solo del femenino, quien como veréis adelante tuvo su momento de protagonismo particular…
La cosa comenzó directa, con el que es probablemente uno de los temas más frescos de su último disco “Tinnitus Sanctus”, “Dead or Rock” y fue continuada con la completa y larga “Speedhoven”, que contó con una gran participación del público en su estribillo. Tras ella, y tras el momento de presentación de Tobi hacia su público nos dieron la grata sorpresa de ofrecernos una genial interpretación del “Tears of a Mandrake”, con el que todo el público se volvió totalmente loco. Algo parecido ocurrió cuando Tobias nos comentó que seguíamos mirando hacia atrás para traernos al presente su clásico “Babylon”, donde todo el grupo estuvo perfecto en la ejecución, desde el simpático dúo formado por Dirk Sauer y Tobias Exxel hasta la elegancia a la guitarra de Jens Ludwig. Ellos además serían los protagonistas absolutos de la extendida versión que nos ofrecieron de su “Pharaoh” (rondaría los 15 minutos), que contó con numerosos cambios de ritmo y una puesta en escena totalmente inspirada en aquel “Rime of the Ancient Mariner” de todos ya sabéis quienes…
Tras esta larga interpretación comenzaba un nuevo concierto, donde tendríamos ya a los EDGUY desatados y al servicio del espectáculo más cachondo y salvaje, y qué mejor forma de hacerlo con el especial ritmo con el que comienza “Ministry of Saints”, que denotó que es un tema que se ha ido ganando al público poco a poco y que probablemente se encuentre entre los fijos de la banda en el futuro. Su final fue continuado por Félix Bohnke con su clásico solo de batería donde suele ponerle ritmo a alguna conocida banda sonora fílmica. La pieza elegida en esta ocasión fueron los “Piratas del Caribe” y fue rematada con la típica interacción entre el batería y su público.
La coreada “Pride of Creation” fue la tercera y última incursión en “Tinnitus Sanctus” y tras ella una grata sorpresa, la vuelta al set list de los germanos del gran “The Headless Game” de aquel gran “Theater of Salvation”.
Tras ella comenzó por fin el show personal de Tobi, ese con el que nos estaríamos descojonando todos durante el resto del show y lo que restaba de noche recordándolo. Así pues, la balada de la noche, que recayó en “Save Me”, estuvo marcada por las declaraciones iniciales de Tobi en las que aseguraba que a pesar de tocarla no eran gays. El descojone general vino cuando el vocalista apuntilló la frase haciendo la excepción con Dirk, del que dijo que sí lo era, con el consiguiente cachondeo general y “cabreo” del guitarrista. La primera mitad de la balada estuvo por tanto marcada por un Tobias que le dedicó el tema a las chicas de la sala y a Dirk, a quien le cantó de cerca el tema sin poder evitar alguna que otra carcajada entre medias mientras evitaba enseñarle el culo cada vez que pasaba frente a él… La otra mitad del tema contó con una interpretación mucho más sentida y emotiva y se llevó un buen número de aplausos. Finalmente Sammet aclaró que todo se trataba de una broma, que Dirk no era gay… sino que le daban igual tíos que tías o incluso pollos… y las carcajadas volvieron a inundar la Joy Eslava.
La cosa se acercaba a su final y “Out of Control” vino, tras diversos juegos vocales de Tobias con el público (muchos de ellos totalmente improvisados en el momento), a dejarnos claro que solo restaba tiempo para el descontrol más absoluto, el que nos traerían los ya dos clásicos bises de los shows de los alemanes.
“Lavatory Love Machine” volvió loco al público, y más concretamente al sector femenino en la persona de dos fans que desde el anfiteatro piropearon a Tobi tras el tema. Por supuesto no era una ocasión que el vocalista fuera a dejar escapar y tardó tiempo en dedicarles el tema y decirles que no se impacientaran, que la cosa acababa en 10 minutos y que para un polvo rápido había tiempo.
Y finalmente “King of Fools” remató un concierto sobresaliente de unos EDGUY que quizás compositivamente no se encuentran en su mejor momento, pero que en directo siguen siendo un espectáculo seguro digno de no perderse.
Autor: Daniel Velasco Alonso



























