SOULFLY + INCITE, SALA APOLO, BARCELONA – 17/02/2009
Martes, ni te cases ni te embarques. Pero si puedes asistir a un buen concierto será un gran acierto. Ya podéis ver que la rima no es lo mío, si más no, me ha servido para introducir el reportaje que os presento a continuación.
No era una día habitual para visitar la sala Apolo de Barcelona, aun así me encontré con una gran afluencia de público que se desplazó hasta allí para presenciar el concierto de INCITE y SOULFLY.
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Esta joven banda es pura energía, la garganta de Richie se mostró imparable y cortante al entonar cada nota, Marrufo (bajo) y Zak (batería) marcaban el ritmo con rabia y Dis (guitarra) ponía la agudeza con sus solos inquietantes i veloces.
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Sobre las 22:10 apareció la cortina de humo para empañar los altavoces que se presentaban cubiertos por una red de camuflaje, dándole al escenario un aspecto muy militarizado. El primer disparo de SOULFLY fue “Blood fire war hate-sanctuary”. El respetable enloqueció de tal manera que los cimientos de la Apolo temblaban al amortiguar los saltos de la masa. El segundo alegró a aquellos fanáticos i nostálgicos sepultureros, estoy hablando de “Refuse/Resist”.
La garganta de Max continua tan rasgada como en sus mejores tiempos y la barba más las dos grandes rastas que poblan su cabeza son ya un icono. Iconografía que se realza por las dos guitarras con la bandera brasileña, que utiliza durante sus conciertos. Cavalera no paraba de rociarse agua por encima de su faz, empapando luego al personal con los restos de la botella. Una vez refrescado, se dispuso a tocar “Seek n’strike”, “Downstory”, “Tuba-umba” y “Mars”.
La segunda versión sepulturera de la noche fue “Innerself”, en la que Max lució una camiseta de Cannibal Corpse para darle más énfasis a la canción. Después de otro remojón cayeron “Doom”, “L.O.T.M”, “Red War” y “Bumbklaat” para dar paso al momento “percusión”, en el que Max invitó a un chaval del público a tocar el tambor con él.
Con este potente tema, no se le ocurre otra cosa a Max que dividir el público en dos partes y ordenar el ataque a la cuenta de tres. Podéis imaginaros la respuesta, el impacto fue tal que la onda expansiva casi hace derribar la estatua de Colon, cercana a la Apolo.
Una vez calmados los ánimos, el batería Joe quisó comprobar cual de los dos bandos chillaba más fuerte. La cosa quedó en empate así que, como recompensa, SOULFLY nos quisieron regalar la última versión de la noche “Roots, bloody roots”, todo un himno del metal-amazónico que en su día revolucionara la escena.
El famoso hit enlazó con la definitiva “Eye for an eye” que se despidió haciendo un guiño al “Creeping death” de los four horsemen de San Francisco.
Autor: Ivan Allué


























