Entrevista a Enric Gisbert: “Nunca pensé que nada de lo que pudiera hacer llegase a despertar interés”

Os dejamos con la primera parte de esta interesante charla con Enric Gisbert, de EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA, al que nuestro redactor Joss Metalcry ha sometido a su particular interrogatorio.
Pues me habló un día de todo lo que hacías nuestra amiga en común Mercé Peguero, y desde ese momento no veía ocasión de tener una charla en condiciones para dar a conocer tu carrera. ¿Quién es Enric Gisbert para quien no lo conozca de antemano?
¡El hombre invisible! (risas). Voy haciendo cosas, a veces interesantes, a veces no. En lo que soy muy constante es en mi absoluta incapacidad para venderme bien. Supongo que tiene bastante culpa el que siempre me sentí como una especie de manguera pinchada, haciendo muchas cosas pero todas mal. Demasiados frentes abiertos, supongo. Me cuesta centrarme en un proyecto nada más. Estoy mejorando. Ahora que se acerca la jubilación parece que lo de los libros y talleres de escritura se va imponiendo… Eso sí, no me pidas que me enfoque en un estilo, voy del infantil al terror gótico con un simple chasquear de dedos. Pero siempre con unas risas, por favor.

Tus primeras notas sonaron en una guitarra española que había acompañado al mismísimo Antonio Machín. ¿Cómo llegó esa reliquia a tus manos y qué supuso empezar con un instrumento con tanta solera?
¡Fue terrible! Creo que por eso aprendí música mal. No, ahora en serio. El mástil estaba tan torcido que tenía que afinar diferente según si tocaba rítmica o soleaba; no había manera de quintar. Pero reconozco que eso me ayudó a no preocuparme por la calidad de los instrumentos, a hacer lo que se pueda con lo que tengas. Lo de tener instrumentos guais nunca fue conmigo (lo cual me ahorró también mucho dinero).
El tío de mi padre, José María Domínguez, era uno de los músicos de LOS MIURAS DE SOBRÉ (NdR a menudo referida como la ORQUESTA TÍPICA MIURAS DE SOBRÉ), una de las primeras orquestas en las que cantó Antonio Machín antes de ser conocido. La guitarra viajó mucho y al final acabó, bastante tronada, en manos de mi padre. Recuerdo haber reseguido con la uña toda la tapa de madera, de tan gastado que estaba el barniz.
En 1981 montas tu primera banda enchufando a todo el mundo a un amplificador de voces heredado de tu padre. ¿A qué sonaba ese glorioso caos adolescente pre-Internet?
A rayos. No era culpa del ampli. Éramos malos de solemnidad. Yo ni siquiera tenía bajo, al principio. Mi amigo Esteban se lo compró y nos turnábamos en las canciones. Aparte de Pedro, el batería, nadie tenía ni idea. Y en el país de los ciegos, el tuerto es el rey: me sabía cuatro acordes y la pentatónica. Les enseñé a todos como pude y así acabamos un fin de año tocando cuatro veces “Los Pajaritos” para un Casal D’Avis. Cuando lo dejamos, me prometí a mí mismo que nunca más volvería a tocar versiones de nada. Con el tiempo claudiqué y dejé que me convencieran, pero pasaron muchos años, y siempre con temas retadores; alguna de RUSH, unas cuantas de KING CRIMSON, DAVID SYLVIAN, UNIVERS ZERO… Sigo odiando hacer versiones, soy un intérprete lamentable. Prefiero componer y tocar mis mierdas.

En tu biografía te defines como un bajista con «mal karma», ya que siempre terminabas tocando la guitarra solista. ¿Por qué crees que el destino se empeñaba en quitarte las cuatro cuerdas?
Pues no sé. Y además, cuando el karma hizo el cambio y lo hizo al revés, de guitarra a bajo, va la banda, se separa y yo lo dejo (risas). Soy un tipo que prefiere dejarse llevar que modificar su entorno, me gusta improvisar. En la foto soy del “momento decisivo”, no me gusta preparar los escenarios. En dibujo, suelo dejarme llevar por las líneas, a ver qué sale. En música, busco siempre momentos emocionales, más que técnica… Entiendo que es culpa mía. Algo haré mal. Pero si el castigo es tocar la guitarra, pues tampoco es tan grave, ¿no?
Se suele decir que el bajista y el batería son el corazón de una banda. Cuando te tocaba hacer de guitarra solista por exigencias del guion, ¿extrañabas esa conexión rítmica y subterránea de una formación?
He tenido suerte. Los tipos que tuve al lado siempre fueron geniales. Creo que no he sentido en ningún momento que tenía que sustituirlos. Juanlu Leprevost, Ander Condón, Xavi Piera o Joan Francisco… (me dejo alguno, seguro…) eran tipos brillantes. Y me quejo de vicio. Al final acabé tocando de bajista bastantes veces, en proyectos muy interesantes.

Tienes influencias brutales y muy técnicas como Mick Karn, Tony Levin o Les Claypool, entre otros tantos. ¿Cómo influyeron estos monstruos del bajo en tu forma de componer y de entender la música?
Tú lo has dicho, influencias. No les llegó ni a la suela del zapato. Técnicamente no soy demasiado versátil, pero sí que tengo presente esa idea tan de Tony Levin de hacer música con los espacios, con las pausas, de que es tan importante lo que tocas como lo que no, de que menos es más, de ser consciente de que hay una canción que defender. Ponerte al servicio del tema y olvidarte de poses y egos. No me suele aportar nada lo excesivo sin criterio. Pero tampoco soporto esos bajos que pasan sin pena ni gloria. Intento dar sentido a las líneas que toco, ponerlas en su sitio.
Sus referentes son conocidos por el uso del fretless, el contrabajo o los Funky Fingers. ¿Llegaste a experimentar con estas técnicas más «raras» o te mantuviste en el bajo eléctrico convencional?
Me encanta el fretless, disfruto mucho con la posibilidad microtonal de desafinar notas sin estirar cuerda, para dar presencia y textura. Y sí, me hubiese gustado mucho experimentar más, pero no llegué a dedicar tantas horas. Nunca fui músico a tiempo completo. Me queda en el zurrón saber qué podría haber hecho de meter tiempo en el contrabajo o en instrumentos “raros”.

Llegaste a plantearte seriamente aprender a tocar el Chapman Stick para zanjar tu debate interno entre bajo y guitarra. ¿Qué te fascinaba de ese instrumento y por qué lo consideras hoy un «despropósito» que te ahorró la economía?
Ya te comenté que nunca tuve instrumentos caros. Los Chapman o las Warr Guitars son piezas carísimas. Es cierto que te ofrecen posibilidades inimaginables, pero también son muy exigentes, técnicamente hablando. Si no te consideras un instrumentista técnico, no tiene demasiado sentido poseer uno. Hay muy pocos músicos que les saquen verdadero partido, e incluso algunos de los top que he escuchado no consiguen resultados que me interesen especialmente. Se suelen perder en delirios de habilidad, en simple interpretación. Impresionan, pero no emocionan. Volvemos a lo que te comentaba de mi modo de entender la música, siempre al servicio de la canción que esté compuesta.
Sé que estuviste en proyectos de los 80 como HEIMDALL, SHOCK o RAMÓN HILL, a los que se suelen llamar «proyectos invisibles, nada trascendente». ¿Qué aprendiste en ese circuito underground que te sirvió para sobrevivir a los terremotos de los 90?
Sobre todo aprendí que esto de la música no consiste solamente en tocar más o menos bien o en tener talento para hacer canciones. Incluso en ese circuito “underground”, hay un montón de planos en los que moverse, un mercado saturado, con un sesgo demencial donde lo más importante es saber moverse y hacer amiguitos, con muy pocas salas para mostrar tu trabajo y una crítica salvaje y feroz, tanto de competidores como de gente a la que ni le va ni le viene lo que haces. Currículums hinchados, atención a base de talonario, bombardeo de los productos discográficos en medios, palos en las ruedas… Muchos años después de tanta invisibilidad, me sigue fascinando la atención que genera subirse a un escenario (y lo difícil que sigue siendo encontrar uno).

A principios de los 90 formaste parte de DELAWARE, un proyecto que tras varios cambios de formación y de tu propio rol (de bajista a guitarrista) terminó convirtiéndose en EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA. ¿Cómo se vivió desde dentro esa metamorfosis musical?
Te confieso que no soy demasiado rápido en asimilar cosas. Empezar a tocar con gente que tuvo cierta repercusión en medios fue novedoso para mí. Gente que pensaban en modo mercado, para los que era tan importante la imagen del proyecto o la consistencia temática, como la calidad de la música. A riesgo de que pienses que soy un imbécil, la opinión del público me suele importar poco. Quizás por mi vena artística, separo mucho los conceptos “intérprete” y “creador”. Y en verdad que soy mal intérprete. No me gusta diseñar música, siempre preferí hacer cosas que primero me gustaran a mí, y eso me hizo ir muchas veces a pie cambiado con el resto, más dados a trabajar en estándares. Pero creo que el potencial del grupo y que aceptaban algunas de mis ideas, las más sencillas, por supuesto, me mantuvo con ellos hasta el cambio de nombre y la marcha de Fito Loudness (batería). Ahí ya vi que no encajaba, que no tenía sitio. Ya me costó en DELAWARE y no tenía más energía para seguir con EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA.
En DELAWARE pasaste a compartir guitarras con Sebastián Montesinos García, conocido como Sebas Delaware o «Munsee», que venía de bandas con un sonido muy potente como SANGRE CRISTIANA. ¿Cómo fue encajar tus influencias más experimentales con el sonido más crudo y directo de tus compañeros?
En realidad me sentía como un poco el decorador del grupo, el teclista, una especie de productor que se dedica a rellenar los huecos. Con Sebas era fácil; su sonido era muy potente pero sus bases muy sencillas, y yo me crie musicalmente escuchando cosas como JUDAS PRIEST, FRANK ZAPPA o TED NUGENT (que era capaz de meter cuatro guitarras en directo, lo he visto, ¡lo juro!). Disfruto bastante buscando armonías o espacios diferentes, lejos del bajista o la rítmica. Ahí, mi pasado Prog me echó una buena mano. No me da miedo buscar espacios, probar cosas…

En esa etapa coincidiste con músicos como Juanlu Leprevost o Charly Sardá, entre otros tantos instrumentistas que si alguien se leyó mis especiales de Sebas Montesinos o Fito Loudness sabrán quiénes son. ¿Se intuía en esos locales de ensayo el tremendo potencial y los rumbos tan diversos que tomarían vuestras carreras?
Se veía, se veía… pedazos de músicos. Cómo Dani Baraldés, también. Era el recambio natural. Lástima de momento discográfico. EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA era un gran proyecto, pero difícil de defender en el mercado español.
Dejas la banda justo a las puertas de que cambie de nombre y explote como EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA. ¿Te quedó alguna espina clavada o sentiste que habías cerrado un ciclo necesario?
Pues no, la verdad. No soy alguien a quien le seduzca el éxito o la repercusión comercial. No sé si porque me acostumbré, por mi natural timidez o porque siempre priorizo mis necesidades creativas, pero sentí que se acababa mi ciclo en la banda y paré. Literalmente. Estuve un par de años en el que solo tocaba la acústica en casa. Luego vinieron otros proyectos.
Lo que me costó fue despegarme de las personas, de las horas que pasábamos juntos, pero ya te comenté que suelo ocuparme fácil con todo tipo de locuras, con otras cosas. Sacas la cámara, los lápices, el papel y… a seguir.

Aunque no estabas en la formación, apareces en los créditos de sus discos. ¿Qué hacía que no te fueras del todo?
Siempre estuve ligado a la imagen gráfica de la banda, y a ellos les gustaban las cosas que les preparaba para portadas y carteles. Seguíamos siendo amigos y supongo que se sentían cómodos con mi aportación. En lo musical, ayudé a componer algunos temas. No salgo en los créditos de muchos, tan solo en un par. Es normal que la banda acabe olvidando tus aportaciones, y en muchos casos, los temas cambiaron bastante. No me importó, yo quería que les fuese bien, eran mis amigos. De hecho, me sorprendió que usaran “Mata a Mamá”. Me divierte que lo hicieran, es un riff precioso al que le tengo un cariño infinito, aunque lo llevaran a un rollo Pop que no comparto nada. La versión original era mucho más oscura, muy rollo ALICE IN CHAINS.
¿Sigues cobrando por esas aportaciones o llega un momento que se pierde eso?
Hace años que no tengo noticias de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). También decir que tampoco pagaría los libros del cole de mi hijo, con lo que me dieron…

Tras un par de años de barbecho musical, regresas y grabas con LOS FIVE MIX COLORS (Tsunami Records) y llegasteis a tocar en el Villa de Bilbao. ¿Cómo fue el contraste de pasar del circuito de locales de Barcelona a un concurso con tanto nombre?
Raro. En una movida tan ecléctica no te puedes soltar. Era más un músico de sesión. La música estaba ya compuesta y yo me dedicaba a improvisar solos y rítmicas con Wah Wah encima. Simple, divertido, poco desafiante. Creo que necesitaba algo así para salir de casa, para coger la eléctrica de nuevo. Me sentía un poco pato, desentrenado, pero fue sorprendente ganar el Villa de Bilbao y que la gente te felicitara por cómo tocabas. Insisto, raro.
Tu relación con la banda DIFÍCIL EQUILIBRIO es de ida y vuelta, y de una marcada influencia de los KING CRIMSON de los 70. ¿Qué requisitos técnicos y mentales exige tocar en una banda de rock progresivo y experimental de ese calibre?
Eso es jugar en otra liga. Me costó subir a ese nivel. Alberto Rodríguez y Luis Díaz son improvisadores natos. Y nunca en 4/4. Al principio me limitaba a darles bases para lanzar los temas y luego a perseguirlos como un pollo descabezado por toda la canción (risas). Pero aprendí muchísimo, sobre todo a encontrar mis propios límites. Lástima que se torció todo cuando empezaba a disfrutar.

En el disco “Trayecto” (2000) ejerces de bajista, pero luego en “Simétricanarquía” (2002) y “Flood” (2005) colaboras en las composiciones sin ser músico fijo. ¿Es más fácil o más difícil componer para una banda cuando ya estás «fuera» de ella?
Es que eso no ocurrió, en realidad. La mayoría de los temas de “Simétrica” (2002) ya estaban compuestos tras mi marcha. Y “Flood” (2005) es un proyecto que recupera temas antiguos de la banda, un recopilatorio que aúna materiales que quedaron sueltos. No tuve que grabar ni componer nada a posteriori.
En 2007 regresas a la banda como guitarra de soporte, pero la baja del bajista te devuelve a tu puesto clásico. ¿Sentiste que el «mal karma» por fin te daba una tregua y te ponía en tu sitio?
Me jodió un poco, sí. Me gustaba la idea de hacer algo diferente y compartir guitarras con Alberto Díaz, que es un tipo admirable y somos muy amigos. Estaban saliendo cosas cojonudas. Pero Joan Francisco decidió salir. Aún no sé exactamente por qué, no pregunté. Me supo mal porque le veía mucho potencial a la fórmula.

El DVD “Present – Live Tiana» (2008) plasma muy bien la fuerza del grupo en directo. ¿Qué recuerdos guardas de ese concierto en particular?
Orgullo, Joss. Te quedas muy a gusto cuando haces algo así, tan valiente, a pesar de la poca repercusión que sabes que vas a tener. Ni eres un súper músico, ni estás en una súper banda ni tienes demasiado público delante de ti, pero nos escogieron para participar en el último concierto de Tiana y tienes gente a tu lado capaz de hacer algo así, tan chulo, de estar tocando una hora seguida, empalmando canciones que nunca pensarías que llegarías a poder tocar… Sienta bien, muy bien.
En mitad de la grabación del que iba a ser vuestro siguiente disco, en 2008, la banda se disuelve y decides retirarte de los escenarios. ¿Fue un desgaste creativo, logístico o simplemente que la literatura llamó a tu puerta con más fuerza?
Desgaste, desgaste, sí. Súmale la paternidad, pero la última encarnación de DIFÍCIL EQUILIBRIO ya me pilló justito de fuerzas. Y la espantada de la ruptura me pilló a contrapié. Fue como darse un morrazo. Pero es lo que hay. No somos un país para proyectos experimentales, nunca lo fuimos. Los pocos que quedamos lo hacemos por ilusión, y a veces se acaba.

Cuando una banda se disuelve así, ¿qué pasa con todo ese material inacabado? ¿Sigue guardado en algún cajón digital de macrorraro.com o se quedó flotando en el limbo?
Hay un disco duro con las demos y las primeras baterías y bajos. Ah, y los chelos de Cèlia Torres. Lo tuve yo unos años, pero se lo pasé a Alberto Díaz. Se subieron tres o cuatro temas a una plataforma, SoundCloud, algunos tocados ya en Tiana. Ahí están “Anhelo”, “Antiempatía”… temas que prometían, a medio hacer.
Apple lanza GarageBand y tú te conviertes en un «Juan Palomo» de la programación en solitario. ¿Cómo cambió tu flujo de trabajo creativo el pasar de las dinámicas de local de ensayo a la total libertad (y soledad) del software?
Me lo pasé muy bien. Reconozco que no son grandes canciones, pero aprendí mucho. Y descubrí a un Enric que no conocía, sincero consigo mismo. Son temas honestos, muy S3R R4RØ. Me volví efectivo, resolutivo, pero a la vez con un timmig de pintor al óleo, sin prisas, dejando que las ideas se sequen y entendiendo que, si algo no funciona, lo borras y vuelves a empezar. Creo que ahí nació el “compositor” (y murió el intérprete, posiblemente).
En tu web, en la sección Muzik4Flimz, guardas muestras de este periplo solitario. ¿Compones pensando en imágenes, como si fueran bandas sonoras de películas que aún no existen?
A veces. No tengo un proceso creativo concreto. Supongo que el tocar diferentes tipos de arte tampoco ayuda a definir caminos. También suele ocurrir que una canción me lleve a crear una historia. Ahora mismo, para las ideas de consignas para mis talleres, me vale cualquier cosa. Puedo ir andando por la calle, ver una baldosa rota y montarte un guion de película. En realidad no suelo analizar mi proceso creativo, no pienso en cómo crear, lo hago y ya está. Es un músculo que tengo ahí, en el cerebro, que de momento no se está quieto…

Tus primeros escritos y pinitos visuales se publicaron en la web de Tsunami Records, en los inicios de Internet, y luego migraste a LaMundial.net, una plataforma pionera de música copyleft liderada por Ani López. ¿Cómo recuerdas aquellos años de militancia por la música libre cuando la red iba a pedales y sentías que participabas en una utopía digital?
Pintaba bonito. Ani López es un pulmón, un currante incansable. Yo intentaba ayudar con la parte creativa, pero para los temas de organización soy un desastre. Ahí Ani López es una maravilla. Hizo un trabajo admirable.
Pero ya sabes, mucho picar piedra. Y al final acabamos con la sensación de que si das la opción free nadie va a soltar ni un duro y de que la gente no valora lo que no se paga. En fin, fue bonito…
En LaMundial.net entrelazabas textos, fotografías y música (lo que definías con humor como «¿web de grupo o grupo con web…?»). ¿Crees que esa web fue el verdadero embrión de lo que hoy es tu identidad multidisciplinar?
No estoy seguro. Ya me sentía un espíritu disperso. En todo caso, LaMundial.net me ayudó a fijar objetivos, a decidir qué tipo de artista quería ser. Me permitió disfrutar de diversos palos creativos a la vez, mientras me daba cuenta del trabajo externo que supone difundir y promocionarlos (y que no tengo ningún talento para esos aspectos). Pero el diletante ya estaba ahí antes.
Allí conociste a Luís Ruiz, que te reclutó para su banda de blues, LOS KNOCKOUT. ¿Cómo se adapta un músico curtido en el progresivo y el surrealismo al corsé tradicional y visceral del Blues?
Es que son muy buena gente. Creo que Luis Ruiz (voz y guitarra) es el único cantante al que respeto de verdad. Lo quiero un montón, a Luis. Y a Dani Zacarías (batería) y Xavi Oro (bajista), de la banda de blues KO. Xavi entró cuando lo dejé… No me importa olvidarme del Enric Gisbert artista si estoy con gente así.
Me sentía un poco fuera de juego, al principio. Mi cultura musical es diferente, pero lo pasábamos genial y aprendí “cosas”. Muchísimas. ¡Todo suma en la vida!

¿Sientes que la música te dio exactamente lo que buscabas, o fue el vehículo necesario para convertirte en el creador multidisciplinar?
Bueno, no creo que ningún medio creativo me diera lo que buscaba… Tampoco estoy muy seguro de qué buscaba. Lo de crear es una necesidad, me lo pide el cuerpo.
Y no sé qué hubiese pasado si se hubiese convertido en mi medio de vida. Nunca gané un duro, ni con la música, ni con el dibujo, ni con la escritura…
Ahora está muy de moda hablar de la IA en muchos foros. Mucha gente la ve como una herramienta negativa, pero pienso que, si se utiliza bien, será un avance más en la tecnología. Como pasó en su día con la red de redes. ¿Qué opinas de todo esto que se está viviendo en la actualidad?
Me declaro espacio libre de IA.
No pierdo mucho el tiempo en opinar, me ofende. Pero si quieres saber lo que pienso (esto es una entrevista) la considero un arma socio-económico-política que nos va a joder la vida a todos. No es una herramienta, es un sustituto. Consigue que auténticos lerdos de creatividad cero se pongan por encima de la gente con talento. El triunfo del efecto Dunning-Krueger, de los programadores y del liberalismo salvaje. Bienvenidos al Gran Hermano, tropa.

Ha sido un auténtico viaje recorrer esta primera parte de tu trayectoria. Desde las notas de esa guitarra con solera de Antonio Machín hasta los pasajes matemáticos de DIFÍCIL EQUILIBRIO y la libertad solitaria de tu estudio actual, queda claro que tu camino nunca ha sido el previsible, y eso es precisamente lo que lo hace fascinante. Gracias a Merce Peguero por cruzar nuestros cables y hacer posible esta charla en condiciones que tanto se había hecho esperar. Cerramos aquí este primer bloque, pero nos guardamos mucha tinta y mucha música para la próxima. ¿Algo más que añadir para los lectores que esperen la segunda parte?
Estoy encantado (y sorprendido) de vuestra entrevista, Joss. Nunca pensé que nada de lo que pudiera hacer llegase a despertar interés. Espero que las respuestas le sirvan a alguien, ¡aunque sea para saber lo que no se debe hacer para triunfar! (risas). Nos vemos en la segunda parte, que sale pronto.
























